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El Ceibo: la frontera del retorno

México.- Aunque el principal despliegue de la Guardia Nacional como cuerpo de fuerza para detener a la migración proveniente de Centroamérica se hizo en las fronteras chiapanecas, el tránsito por Tabasco se vio afectado por este movimiento.

De manera casi imperceptible, algunas personas han comenzado el camino inverso, hacia el sur, de regreso a la tierra que los expulsó. Así fue el caso de una familia, un joven matrimonio con dos niñas menores a cinco años que bajaron a el Ceibo buscando regresar.

Ellos llegaron a México tres meses atrás e iniciaron el trámite de refugio ante la Comisión mexicana de atención a refugiados, que aceptó su solicitud. Sin embargo, la lenta resolución de la Comar los puso en una encrucijada.

A pesar de que habían obtenido la ayuda económica que brinda ACNUR a los solicitantes de refugio en México -entregándoles una tarjeta a la que se le depositan 3,000 por mes durante tres meses- les resultó insuficiente. “El dinero se va en una semana”, explicó la mamá “y más con niños”.

Aunque en este caso, el padre había intentado buscar trabajo en Coatzacoalcos (Veracruz), la tensión y la violencia manifiestas en esa zona del Golfo, lo hizo desistir de llevar con él a su familia, que lo esperaba en Palenque (Chiapas). Los precios de la estancia y la comida en esta zona turística (epicentro de varios sitios arqueológicos mayas) hicieron imposible la supervivencia por su propia cuenta para esta familia de refugiados. 

Como ellos, otras familias de cuatro o cinco integrantes, están regresando por el Ceibo.

Además de la dificultad económica, el aumento de las medidas policíacas en toda la frontera sur, (donde han quedado varados decenas de solicitantes de asilo a los que la autoridad les impide trasladarse más al norte porque pierden su trámite si se van) aumenta la presión sobre esta población flotante.

Además del retén militar usual, que revisa todos los vehículos que transitan por la carretera que une a el Ceibo con Tenosique, hay una patrullaje permanente de dos camionetas del Instituto Nacional de Migración (las cárceles móviles, apodadas “perreras”) custodiadas por la Policía Federal y los elementos de la Policía militar que han sido asignados a la Guardia Nacional.

Sólo los militares portan la insignia que dice “GN” sobre su uniforme, no así los Federales

Este aumento en la vigilancia no significó una mejora en la seguridad para las personas en la ruta, donde la impunidad reina en los delitos cometidos contra migrantes en México. Según el relato recabado en la madrugada del sábado 22 de junio, siete hondureños fueron secuestrados camino a Tenosique, entre los que se encuentran tres niños y un adolescente.

Según el relato de dos jóvenes que lograron escapar, al llegar al entorno del kilómetro 3 de la ruta federal México 203, fueron emboscados por hombres armados y encapuchados, que bajaron de una camioneta Chevrolet blanca, estacionada en uno de los barrancos junto a la ruta.

Una vez que habían capturado a las 9 personas que viajaban juntas y las tenían acostadas boca abajo sobre el pasto, estos dos jóvenes aprovecharon la maleza y la oscuridad para huir. Lo lograron, pero quedaron profundamente afectados por lo sucedido, al punto que decidieron también marcharse del país.

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