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Calaveritas de azúcar, una dulce tradición 

  • Escrito por Jorge Carrasco / Yaremi Escobar
  • Publicado en Reportaje
calaveritas de azucar
México.- México pasó de representar la conclusión de la vida mediante la exhibición de cráneos humanos, a honrar a la muerte con calaveritas de azúcar. El alfeñique, técnica culinaria traída de Europa, llegó para mezclarse con nuestras coloridas costumbres y lograr una dulce tradición.
El origen de esta tradición se remonta a los antiguos mesoamericanos, quienes consideraban la vida y la muerte como un mismo ciclo que todos los seres humanos atravesamos. Por ello conservaban los cráneos, como muestra de una etapa de vida que se extendía a otro plano o nivel.

Altares como el tzompantli, que era una hilera de cráneos de quienes habían sido sacrificados en honor a los dioses y que ensartaban a través de perforaciones en los parietales, y la imagen del rostro del señor del inframundo y los muertos, Mictlantecuhtli, eran comunes en la vida de los antiguos mexicanos.
 

Con la llegada del pueblo español esta tradición peligró, ya que iba contra los preceptos religiosos traídos del continente europeo. Los españoles buscaron erradicar estas costumbres, pero los pueblos nativos se negaron y sustituyeron los cráneos por figuras de azúcar. 

De la mano de los conquistadores llegó una técnica culinaria de origen árabe: el alfeñique, una pasta de azúcar que se amasa con diversos ingredientes de acuerdo a la región donde se prepara. 

Se mezclaron las costumbres, la técnica europea adornada con detalles policromáticos, elementos distintivos y diversos sabores, que le añaden misticismo y color a esta tradición mexicana.

Los alfeñiques se elaboran en diversos estados del país como Puebla, Aguascalientes, Guerrero, Nayarit, Oaxaca, Veracruz, Guanajuato y el Estado de México, este último cada año celebra la feria dedicada a este dulce. 

Hay dos tipos: alfeñique duro y suave, que es con el que se elaboran figuras como flores, frutas o imitaciones de platillos tradicionales que, igualmente, se colocan en ofrendas a los muertos.

Don Miguel inicia su rutina cuando el sol aún no sale, moja y prepara los moldes de barro que contendrán el azúcar hirviendo para la elaboración de las calaveras, y limpia el sobrante de azúcar del día anterior, proceso que lleva haciendo desde hace más de 40 años.

Las tradicionales calaveritas se elaboran con una mezcla de azúcar caliente con un poco de limón que se funde hasta formar una masa liquida, la cual se vacía en un molde con forma de cráneo. Después de 30 minutos, aproximadamente, el azúcar se endurece y ahí está la figura lista para colorearse. 

La sincronización es clave, un error puede ocasionar quemaduras o fracturas graves. Verter azúcar hirviendo fuera de los moldes, salpicar a un compañero, sortear caídas en el suelo resbaloso, o que caiga un caso en los pies, son incidentes que ha vivido esta familia productora del municipio de los Reyes la Paz, en el Estado de México. 

“El otro día me tiraron el azúcar en el brazo, ya casi ni lo sentí de tantas veces que me ha pasado; donde se siente feo es cuando se te cae un caso en los pies, ahí no podía ni caminar” dijo Don Miguel Carrasco, quien, junto a su esposa e hijo, han mantenido este negocio como su fuente de ingresos. 

Doña Margarita es una artesana de los dulces, con paciencia, adorna una por una las calaveras de azúcar. Pequeñas y grandes, las llena de arillos y espirales de colores. 

“A cada calavera se le dota de un alma y un propósito, se les usa para la muerte, son como recuerdos de aquellos que no queremos olvidar, y un recordatorio de que lo único seguro para nosotros, es la muerte”. Comenta melancólica la señora encargada de darle vida a las calaveras de azúcar. 

Actualmente, las calaveritas de azúcar, también se elaboran con amaranto, chocolate, además de que cada estado de la República Mexicana tiene una manera distinta de hacer alfeñiques, en Puebla añaden cacahuates o pepitas, miel en Oaxaca y almendras en el Estado de México. 

Su producción inicia siete meses antes de la fecha marcada en el calendario como los días de los “fieles difuntos”, el primero y dos de noviembre, cuando son necesarias para adornar ofrendas en casas o panteones, donde esperan las almas de los muertos en la tierra de los vivos.

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