Una moneda que no afecte tu economía | Infórmate Diario

Sábado, 23 de septiembre de 2017 | 03:58 | Año XVII | No: 6142 | CEO: Francisco J. Siller | Directora General: Rocío Castellanos
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Reportajes

Una moneda que no afecte tu economía



México.- El último vagón de la estación Pantitlàn de la línea 9 del sistema de Transporte colectivo Metro, se encuentra inusualmente en calma, es sábado por la noche y los pocos usuarios pueden disfrutar de un relajante viaje, libre de empujones, gritos y hacinamiento. Las pocas más de 27 millones de personas que utilizan dicha línea entre semana, según estadísticas del Metro, se ausentan el fin de semana, permitiendo que el número exiguo de personas que sí lo utilizan, logren conseguir un asiento sin necesidad de pelear por él.

Una vez dentro del vagón, pocos pasajeros se percatan de que en medio del vagón se encuentra un hombre de estatura mediana, pantalones de mezclilla holgados, camisa negra y un rostro ornamentado con una nariz roja y un antifaz blanco maquillado.
Cuando las puertas se cierran es imposible que ese hombre, o como él se autodenomina “clown”, pase desapercibido. De una pequeña bocina, que colocó en el piso, emerge una pieza instrumental, el espectáculo inicia. Toma tres aros, azul, amarillo y rojo, e intenta hacer malabares con ellos, fracasa. Los rostros de las personas son de indiferencia, pocos se dignan a levantar la mirada para ver al hombre cuyos aros se encuentran en el suelo.
Una vez más intenta realizar el acto, logrando mantener en el aire los tres aros, que domina a la perfección, ni uno de ellos cae. Sin decir ni una palabra insta a las personas a aplaudir. Algunos rostros que se mostraron hostiles al principio, se vuelven afables. Tímidos sonidos de aplausos emanan de las manos de un joven que sonríe. El tren se detiene en la estación Puebla y el clown recibe a las personas que entran en el vagón, toma a una mujer, y a su hijo, de la mano y los conduce a un asiento vacío para que presencien el espectáculo.
La música continúa y el hombre de la nariz roja toma un globo zeppelín, color rojo, intenta inflarlo, sin embargo lo logra su cometido. Dibuja un gesto de cansancio en su rostro, ante la risa de los usuarios que, ahora, están al pendiente del espectáculo. El clown aprieta su glúteo derecho al tiempo que sopla el globo, en segundos lo infla. Por primera ocasión habla “no intenten esto en casa” dice, y enseguida se introduce el globo a su boca, lentamente éste va desapareciendo de la vista de los usuarios, 60 centímetros de plástico rojo se pierden en la boca del clown ante el asombro del público. Solicita más aplausos arengando a los usuarios con un silbato, éstos aplauden con más confianza y con rostros llenos de alegría.
El espectáculo termina y, una vez más, entre aplausos, el artista pronuncia palabras: “Este es el arte del clown, un espectáculo lleno de magia, risas, música y diversión. Si gustan cooperar, de antemano se los agradezco. Sean felices.” Monedas de distintas de nominaciones son depositadas por la mayoría de los usuarios en las manos del clown, quien agradece con un gesto gracioso. Este hombre se encuentra dentro del 3.57% de mexicanos desempleados que reportó el INEGI en el primer mes del año 2017. Al llegar a la estación Jamaica se baja del tren y se pierde entre las escaleras de la estación.
La monotonía de la estación vuelve a su curso habitual, pero ésta se ve interrumpida cuando al vagón ingresa un hombre calvo, de mediana edad, con un casco en la mano, porta una camisa blanca con un estampado en su espalda de la Vara de Esculapio con una serpiente enroscada a ella, viste pantalones negros y holgados, con grandes bolsas, saluda a los usuarios y, con voz trémula, les explica que es miembro de una “asociación de voluntarios” y solicita su apoyo con “una moneda que no afecte su economía”, a fin de comprar vendajes y material quirúrgico para continuar con su labor altruista.
Pocas personas parecen presarle atención al hombre que, con paso cansino, cruza el vagón, extendiendo su largo brazo en busca de una mano que le ofrezca dinero. La vista de los usuarios de desvía del hombre que solicita dinero. Nadie le obsequia una moneda, al parecer el clown fue el destinatario de todas las monedas de los pasajeros. El hombre se baja y se interna en el vagón anexo.
Las puertas se cierran una vez más y unos pequeños, delgados y ágiles dedos hacen sonar el teclado de un acordeón, el fóle de éste se abre y se cierra rítmicamente. Un niño de no más de 12 años es el intérprete de la melodía, su rostro denota cansancio e indiferencia. Sus manos se mueven con astucia, pero sus ojos se quedan fijos en un punto de la puerta, inertes, petrificados. Mientras la música suena, una niña de estatura baja, piel ennegrecida y pies desnudos se pasea por el vagón dejando en las piernas de los usuarios una pequeña nota mal impresa en la que explica que son procedentes del pueblo más pobre de la ciudad de Puebla (no se menciona el nombre), y que no tienen para comer, por lo que solicitan “una moneda que no afecte su economía”.
La niña regresa y toma las notas que les dejó a los pasajeros. Algunos de ellos ni siquiera si dignaron a tomar la nota, por lo que la pequeña la recoge de las piernas de los pasajeros. Ni una moneda es depositada en una canastilla que carga la niña, al legar a la estación de Chilpancingo, los dos niños se bajan y ceden el vagón a un hombre de mediana edad, peinado con una cola de caballo que toca la mitad de su espalda. Usa una playera negra de Pink Floyd, pantas negros y tenis grises, antes blancos, desgastados. En su mano izquierda lleva una bolsa transparente repleta de chocolates. En cuanto ingresa al vagón menciona que vende los chocolates “bubulubu, a 2 por 5 pesos.”
Un joven que usa anteojos negros, cuadrados, gruesos y grandes, que sostiene en su antebrazo izquierdo una mochila de la que sale un bulldog cachorro, asiente, en repetidas ocasiones al hombre. Cuando éste nota el movimiento del joven, se acerca a él, le entrega 2 chocolates, cobra y regresa el cambio. Sólo eso se necesita para realizar una transacción el metro: gestos. Ni una sola palabra, únicamente eso, un gesto.
Una pluralidad de personajes deambulan por este transporte público tan concurrido, a falta de empleo se ven obligados a laborar informalmente y dotar al transporte público de un desfile peculiar. Paulatinamente más asientos van quedando vacíos, lo que anuncia el fin del viaje. Cuando el tren llega a la base, los pasajeros bajan apresuradamente y sus caminos se bifurcan a destinos tan diversos como los personajes con los que compartieron el viaje, todo esto por un boleto de 5 pesos, una moneda que, al parecer, no afecta su economía.

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