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Reportajes

Guitarra clásica artesanal, un prodigio tecnológico

 

Paracho, Mich., 18 Sep . – La guitarra clásica artesanal, por sus características, es un instrumento con alto desarrollo tecnológico que continúa evolucionando gracias a los lauderos, quienes en cada uno de sus trabajos procuran mejorar el sonido.

“Los guitarreros siempre andamos buscando mejorar el sonido, mejorar el timbre, todo tratamos de mejorar; el músico siempre anda buscando un mejor instrumento, aunque tenga uno bueno, siempre busca uno mejor”, declaró el lutier Agustín Enríquez, en entrevista .

La precisión de sus artesanías se refleja en la colocación de las más de 200 piezas que conforman una guitarra, cada una de ellas contribuye a matizar el timbre que tendrá y a lograr las propiedades ergonómicas y acústicas que la distinguen.

“Cada vez que tocamos una guitarra se siente como es la vibración de la madera, el timbre de todo el instrumento, y eso se siente desde la construcción hasta que la están tocando.

“Yo creo que es un instrumento bastante interesante, a la vez tiene mucha tecnología, además, se puede tocar con los sentidos que tenemos nosotros como humanos, el oído, la vista, el tacto”, aseguró el laudero.

Agustín Enríquez destacó que una guitarra hecha a mano posee cualidades que un instrumento de fábrica nunca tendrá.

“Hay muchas guitarras que suenan muy fuerte pero gritan, hay guitarras que no tienen mucho volumen pero suenan bonito y agradan a la gente”, comentó.

Las guitarras que el maestro Agustín construye son de una calidad superior, sólo concertistas internacionales las utilizan, incluso han participado en renombrados concursos de lauderia en Francia, Alemania, Suiza, Japón y Brasil.

Según comenta, el secreto en la calidad de sus piezas, es “porque se hacen con el corazón y con gusto de hacer un buen instrumento.

“Que cante la guitarra y no grite, que cante bonito como una persona que estudia mucho para poder cantar así”, señaló.

Originario de Paracho, Michoacán, el artesano comenzó a elaborar instrumentos a los seis años de edad. Él pertenece a la tercera generación de constructores de guitarras en su familia, actualmente lleva 58 años moldeando la madera para producir sonido.

Con sus manos realiza cualquier tipo de instrumentos de cuerda pulsada, su trabajo lo llevó a estudiar en Europa el desarrollo de instrumentos antiguos, actualmente puede construir guitarras antiguas, barrocas, renacentistas, vihuelas renacentistas; instrumentos populares como jaranas huapangueras y jarochas, entre otros.

Sin embargo, su especialidad y orgullo son las guitarras clásicas o de concierto. Platicó que escuchar uno de sus instrumentos en escenarios de París lo llenó de satisfacción.

“Yo siento algo muy especial porque aparte de que me da mi economía, siento una satisfacción bastante grande cuando un maestro conocedor me dice que es un gran instrumento”.

Relató que la guitarra es un instrumento que ha evolucionado al menos cada cien años, a diferencia del violín que desde el siglo XVIII estableció sus formas y no ha igualado el sonido de los elaborados por la familia Stradivarius.

“En estos últimos 25 años se ha avanzado bastante en la guitarra moderna clásica. Primero fue la guitarra renacentista, que era una guitarra pequeña; después sigue la barroca, de 1600 a 1700; luego la guitarra romántica de 1765 a 1850, después la guitarra moderna de 1850 hasta hoy; el señor Antonio Torres empezó hacer la guitarra moderna”, explicó el lutier.

Enríquez mencionó que para lograr dicha perfección en sus instrumentos utiliza las maderas más finas que encuentra como arce, palo de rosa, jacaranda, para el cuerpo de la guitarra; para las tapas usa abeto alemán, suizo y canadiense, además de cedro canadiense.

“Cuando salgo de viaje siempre ando buscado madera para traer, para uso personal. Cada laudero tiene su personalidad, tanto en sonido, ornamento, su manera especial de fabricación”, destacó.

Aunque Agustín no sabe tocar la guitarra, aseveró que con algunos acordes y escuchar el sonido le es suficiente para saber si una guitarra agradará a un músico.

“Por mucho tiempo que uno ha estado haciendo instrumentos, ya se da uno cuenta más o menos qué sonido tiene la madera y qué sonido le puede uno agregar al instrumento”.

Ensamblar cada parte, como la tapa, la boca, los costados y el ornamento requieren de paciencia y dedicación. El lutier aseguró que existen instrumentos que tardan hasta cinco años en elaborarse.

“Que tenga la suficiente paciencia para hacer las cosas y que le guste, que esté apasionado por algo que quiere hacer”, comentó Enriquez sobre las características de un buen laudero.

En México por las condiciones económicas, una pieza la llega a vender en 40 mil pesos como máximo, sin embargo, en Europa, una de la misma calidad la comercializa entre 10 y 15 mil dólares.

Cada que el artesano vista un lugar diferente y encuentra distintos sonidos e instrumentos, intenta igualarlos o mejorarlos, pues aunque cumplió su meta de ser un lutier reconocido y hacer guitarras que gustarán a grandes maestros músicos, aseguró que la perfección es algo que no se obtiene fácilmente.

“No podemos decir que ya lo logramos, aunque la guitarra esté perfecta si decimos que ya llegamos a la perfección es como dejar de hacer las guitarras, siempre puede salir mejor la siguiente”, aseveró.

A pesar de que sus guitarras son empleadas principalmente para música clásica, Enríquez afirmó que los instrumentos que elabora para música popular también poseen la misma calidad que sus trabajos más reconocidos.

“No sé por qué les dicen instrumentos de concierto, cuando estos también se pueden tocar en conciertos. Los europeos, todo lo que hacen piensan que es música clásica, para mí toda música es bonita y toda tiene su toque especial”, agregó.

Afirmó que en cada lugar dependiendo de la diversidad de culturas, la música se crea en igual variedad, y para cada una de ella existe un instrumento característico. En México las primeras guitarras mestizas se comenzaron a construir alrededor de 1680, estaban hechas de bule, los frailes las utilizaban en danzas y para adoctrinar a los indígenas.

En la música tradicional mexicana algunos de los instrumentos que se utilizan son el bajo quinto, para la música del norte; la guitarra huapanguera, utilizada en los sones de las regiones de las huastecas; la guitarra colorada para música michoacana; guitarra séptima, vihuela, requintos, tricordios, mandolinas, jaranas, entre otros.

Agustín Enríquez sabe elaborar cada uno de ellos. “Todos los días vienen dos, tres músicos que nos piden diferentes cosas, diferentes sonidos y por la edad ya sabemos reconocer todo eso”.

Las guitarras del lutier se comercializan en un local del mercado de la Ciudadela en la Ciudad de México, el cual funciona desde 1968 cuando se inauguró el sitio; en el local de guitarras “Chemas” también trabajan los cuatro hermanos de Agustín, todos ellos hacen distintos instrumentos de madera.

“Voy a seguir trabajando hasta donde dios me preste la vida, o hasta que mis ojos o mis manos se entorpezcan”, declaró el lutier.

 

 

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