Logo
Imprimir esta página

Justicia a secas…

  • La ausencia de la autoridad se nota.
  • Evasión de impuestos, arma secreta.
  • Acabar la corrupción, tema prioritario...

Francisco J. Siller

Paco SillerNo debe extrañarle a nadie si en breve el SAT anuncia que va tras un expresidente por adeudo de impuestos. ¿Será Fox? ¿Será Calderón? O ¿Será Peña Nieto? Andrés Manuel López Obrador prometió no emprender persecuciones contra anteriores gobiernos, pero no así sus verdugos en el SAT o en la famosa UIF, de donde parten las acusaciones a personalidades políticas y empresariales.

Y eso que, entre las frases predilectas de Juárez, no ha usado una: “A los amigos justicia y gracia, a los enemigos, justicia a secas”, pero si la aplica en cada momento de su Cuarta Transformación, cuando disculpa a cualquiera de sus colaboradores, cuando se ven envueltos en el torbellino de la corrupción y ataca frontalmente a esos conservadores a quienes considera como adversarios “moralmente derrotados”.

Andrés Manuel vive un mundo ideal en el que las mamás y abuelas de criminales y violentos habrán de corregirse con “un jalón de orejas y “un zape”. Y en el que la ausencia de la autoridad de nota como nunca. La violencia en las calles de México es superlativa y hay regiones en donde se ha perdido el respeto a las policías –locales y estatales– , al Ejército y la Marina. “Abrazos y no balazos”. Esto no puede ser.

Si Enrique Peña Nieto revivió la costumbre de iniciar su mandato metiendo a la cárcel a Elba Esther, AMLO, se lo lleva de calle. Ya tiene tras las rejas a Rosario Robles, al abogado Juan Collado y mantiene preso en España –en proceso de extradición– al empresario Alonso Ancira por la venta millonaria de Fertinal a Pemex. El exdirector de la paraestatal, Emilio Lozoya, tambien está en la mira por la compra de esa fábrica y por la millonaria  suma que recibió de Odebretch para la campaña de Peña Nieto.

La lista de funcionarios del pasado gobierno que está en el escritorio del Fiscal General de la República es larga. Incluye a exsecretarios de estado, funcionarios de segundo y tercer nivel, a militares, dirigentes sindicales. Y desde luego a los expresidentes panistas y al último priísta. Solo falta que puedan probarles que cometieron algún delito, para verlos tras las rejas. Parece que el camino más viable será el de los adeudos fiscales.

Así que cuando desde las mañaneras de Palacio Nacional, López Obrador sostiene que no es un ente vengativo, que no habría persecución política, por otro lado, asegura no ser tapadera de nadie y deja pendiente la guillotina sobre las cabezas de los expresidentes y la condiciona a una encuesta que podría hacer con el “pueblo sabio”, si acaso eso fuese necesario. 

La cruzada López Obradorista desde el primer día de su gobierno fue acabar la corrupción, y en ello coincidimos con él millones de mexicanos. Sin embargo, debemos reconocer que es una práctica arraigada desde la raíz. Es un tema de educación y no solo de buenos deseos. Hay que combatirla desde los primeros años de escuela, para que las generaciones por venir sean correctas y no corruptas.

Además, López Obrador debe revisar su versión de la historia que aplica con una óptica reformada, muy adecuada a su Cuarta Transformación. Se declara abiertamente Juarista, aunque en otros momentos bien puede ser Maderista o Cardenista. Como la veleta que se mueve con el viento. Toma solo los buenos momentos y frases celebres con las que viste sus mañaneras y discursos.

Por ejemplo, Juárez fue el artífice de la reelección continuada de los presidentes en México –lo que aprovechó Porfirio Díaz–, pero murió antes de que pudiera reelegirse, Madero, autor de las frases: “Aquí todos somos un poco ladrones”, “Nadie resiste un cañonazo de 50 mil pesos” y de Cárdenas que decir, cuando creó el sistema político que gobernó por ocho décadas. A menos que piense que la 4T durará aún más.

Y ya que de frases hablamos, queda una reflexión de Adolfo López Mateos: “La libertad sin orden es anarquía y el orden sin libertad es dictadura”.

Derechos Reservados 2019