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updated 7:05 PM UTC, Feb 15, 2019
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Maximino mantiene viva la tradición de elaborar juguetes mexicanos

Guadalajara.– El artesano Maximino Jacobo Apolinar, de 82 años de edad, suma ya 72 años de dedicarse a la bonita profesión de elaborar juguetes tradicionales mexicanos de madera en Jalisco.

En entrevista con Notimex, comentó que su abuelito era artesano y creaba trompos de madera, “es una tradición familiar, ya que mis tíos también los hacían, me enseñaron a hacerlo y con el paso del tiempo yo empecé a fabricar más cosas”.

Resaltó que a todos sus hijos les enseñó a elaborar los juguetes de manera y otras artesanías, “quienes continuarán esta hermosa profesión”.

Puntualizó que desde hace más de siete décadas mantiene viva la tradición de elaborar juguetes tradicionales mexicanos, “hago juguetes de madera como trompos, baleros, yo-yos, churumbelas, entre otros”.

Manifestó que con el paso del tiempo han ido cambiando los modelos de sus juguetes, “también, por ejemplo, ahora los yo-yo y los baleros los hago de mezquite, porque antes lo hacía de cedro y sabino”.

Mencionó que en la actualidad vende juguetes tradicionales de madera en su casa, donde tiene su taller, ubicada en Teocaltiche, municipio de la región Altos Norte del estado de Jalisco, “aquí llegan los clientes a comprar mis productos”.

Dijo que durante muchos años trabajó en el municipio de Tlaquepaque, “en el museo de artesanías vendía los viernes, sábados y domingos mis juguetes tradicionales, así como molinillos, copas, vasos, bases, azucareras, molcajetes, morteros, lapiceros, botellas, caballitos de cantina”.

Rememoró con agrado cuando hacía sus primeros trompos y yo-yos de madera, “estaba chiquillo, trabajaba con un padrino mío hermano de mi mamá, recuerdo que había una rueda, el banco y una cuerda de cuero, y ahí empecé a hacer mi primer trompo para jugar, después hice mis yo-yos, tengo claros mis recuerdos de todo eso, de que quería aprender a hacerlo con ellos”.

“Primero aprendí a hacer trompos, después el yo-yo y el balero, posteriormente empecé a buscar hacer más cosas, incluso, en el municipio de Tlaquepaque llegaba la gente conmigo y me mostraba en sus celulares las imágenes de lo que querían y yo se los hacía”, añadió.

Recomendó a las autoridades impulsar esta bonita tradición, “para que no se pierda en Jalisco, para que tengamos más puestos de trompos, baleros, yo-yos, churumbelas, pirinolas, etc.”

Propuso fomentar en las escuelas y en las fiestas de los pueblos la realización de competencias de yo-yos, de trompos y de baleros, “para revivir esa bonita tradición, para que más niños aprendan y se diviertan con estos juegos mexicanos”.

“Antes se jugaba mucho, cuando llegaba la temporada del balero, del trompo y del yoyo, pero todo eso se ha ido acabando, ahora ya no se juega como antes, pero en las escuelas es en donde se puede fomentar de nuevo en los muchachos”.

Señaló que hace tiempo una persona de Guadalajara “me pedía que le hiciera centenares de yo-yos, porque él organizaba competencias en las fiestas de los pueblos, y al final les vendía a los presentes trompos, baleros, yo-yos, pero lamentablemente ya falleció”.

A su vez, una de las hijas de don Maximino Jacobo Apolinar, Ofelia, expresó que su papá “es una de las pocas personas que ha conservado esa tradición, siempre ha luchado por eso, para que los niños tengan un juguete tradicional mexicano y lo aprendan a jugar”.

“También, cuando ve a niños les regala un trompo o un yo-yo y les enseña a jugarlo, para que a las nuevas generaciones les nazca el interés de practicarlo”, agregó.

Indicó que muchas veces los adultos les regalan este tipo de juguetes a los niños, “pero no les dicen cómo jugar con ellos, quienes terminan por abandonarlos, en cambio mi papá si vende un trompó lo baila, si es un yo-yo o un balero lo juega, para que el niño aprenda y practique en su casa”.

“De toda la vida lo veo trabajar siempre dedicado con mucha pasión en esto, recuerdo que llevaba sus juguetes a vender a Guadalajara, llevaba con mucho trabajo sus costales llenos de trompos, se trasladaba en camiones con su material, batallándole, pero ofreciendo sus productos", expuso.

Subrayó que junto a todos sus hermanos “aprendimos a hacerlos, pero mi hermano Simón Jacobo Hernández es el que se dedica de tiempo completo, pues él vive aquí y trabaja, tiene su torno también, y a eso se dedica, a hacer baleros, trompos, yo-yos, etc.”

Puntualizó que sería muy importante que se apoyará más a quienes se dedican a mantener vivas las tradiciones mexicanas, como la elaboración de juguetes de madera.

“Mi papá, desde que ve un esquite tiene que ir a tramitar un permiso para poder obtener la madera, de ahí trasladarla hasta aquí, que es el lugar de trabajo, prepararla y hacer los juguetes, es mucho trabajo, es bien difícil porque muchas veces no se valora, porque nada más ven el trompo ya hecho y regatean hasta el precio, sin ver todo lo que tiene atrás para lograr hacer ese juguete”, recordó.

Citó, por ejemplo, que un trompo cuesta 10 pesos y de mayoreo en 4.50, un balero vale desde nueve hasta 40 pesos según su tamaño, y una churumbela 30 pesos.

Precisó que el proceso inicia con ubicar el mezquite, tomarle foto, pedir permiso a la presidencia municipal para cortarlo, cortar con motosierra, moldear y después pasarlo al torno.

“A mi papá le apasiona mucho lo que hace, le gusta que la gente aprenda a hacerlos y a jugarlos, y desearía que hubiera más difusión para impulsar estos tradicionales juguetes mexicanos”, concluyó.

 

INFOMX/NTX/HPP/AEG

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