Martes, 07 de julio de 2020 | Año XX | No: 7161 | CEO: Francisco J. Siller | Dirección General: Rocio Castellanos Rodríguez

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Las TIC como herramientas para la educación infantil

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México.- Cuando todavía era seguro salir al mundo exterior y estar rodeado de personas, la escuela era el lugar donde pasaban buena parte del día los niños, un espacio donde podían jugar y aprender en conjunto, e incluso explorar nuevas habilidades que desconocían; pero con la llegada del coronavirus, eso cambió.
Ahora Nora tiene que ser autosuficiente e investigar los temas por sí misma en internet, nadie le va a resolver sus dudas; Ximena aprende a través de su maestra, quien parece YouTuber, pues siempre sube videos de la lección del día; y Reneé ha pasado de tomar natación a hacer tareas y mandarlas por correo electrónico.
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), comprendidas como el conjunto de herramientas y procesos relacionados con la transmisión, producción y comprensión digitalizada de información, han sido un pilar fundamental para el aprendizaje de los niños mediante la educación a distancia, la cual fue instaurada como medida de prevención ante la crisis sanitaria desde hace casi dos meses.
No obstante, su efectividad dista de ser perfecta debido a diferentes factores, principalmente por el acceso a la tecnología y la falta de preparación en su manejo por parte de los docentes, quienes no suelen ocuparlas como un medio fundamental de enseñanza, sino meramente como un elemento extra.
Carencia de medios tecnológicos y conectividad
Existe una brecha de desigualdad en acceso tecnológico entre los 36.5 millones de estudiantes que hay en México, siendo casi 14 millones pertenecientes al nivel de primaria, dado que, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), sólo el 52.9% de los hogares en el país cuentan con conexión a internet, mientras que el 40% poseen una computadora, denotando que el 73.1% de esas cifras radican en poblaciones urbanas.
A pesar de que estos datos implican que la mayoría de los niños que padecen dicha brecha son pertenecientes a poblaciones rurales, también llega a ser una limitación para los estudiantes de zonas urbanas. “Yo no contaba con las cosas que necesitaban para tomar clases en línea, desde un teléfono para descargar una aplicación, no tener internet, o una computadora, impresora, toda esa clase de cosas”, expresa Daniela Ortega, quien es madre de cuatro niños, por lo cual se le dificulta dividir los aparatos electrónicos que ha adquirido entre todos ellos.
Tanto el especialista en informática, Mariano Martínez, como la psicóloga Blanca González, coinciden en que ésta es una de las principales dificultades en el logro exitoso de la educación a distancia, incluso si se tiene la oportunidad de conseguir aparatos tecnológicos y conexión a internet, como fue la situación de Daniela Ortega, debido a que los niños no están acostumbrados a utilizar esas herramientas, esto puede llegar a afectar no sólo su desempeño manual y académico, sino su comportamiento, haciéndolos mostrarse irritables y ansiosos.
Complicaciones en la enseñanza y el aprendizaje
Para la minoría privilegiada con una educación en computación desde los 6 años y accesibilidad a los aparatos tecnológicos, como alumnos, comprender cómo ocupar las TIC es una cuestión sencilla, sin embargo, el profesorado presenta mayores dificultades en cuanto a la forma de utilizarlas, dado que no cuentan con experiencia ni conocimientos sobre cómo desarrollar adecuadamente una educación digital, como explica Mariano Martínez.
Los padres se encuentran inconformes con las clases que están recibiendo sus hijos, ya que las escuelas, al impartir los contenidos, están presentando deficiencias en dos vertientes: por un lado, los niños se quedan con dudas sobre los temas que no alcanzan a comprender del todo, por el manejo insatisfactorio de las TIC por parte de los maestros, por lo que los padres tienen que ponerse en el lugar de éstos y colaborar de manera directa en la educación de sus hijos; y por el otro, sólo ven repasos y le dan vueltas a los mismos temas.
Esto lo sabe perfectamente bien Nora, de 11 años, quien claramente ha notado cómo su aprendizaje se ha vuelto menor, ya que no comprende algunas cosas y carece de alguien que se las explique, pues su madre, Susana Reyes, a pesar de procurar ayudarla, se le complica debido a su nueva ocupación de maestra, que le absorbe mucho tiempo, y el quehacer doméstico. Siendo así, la pequeña tiene que investigar los temas por su cuenta, lo cual le implica una doble tarea: aquélla en la que busca su propio conocimiento y la que le tiene que enviar a los profesores.
“El problema es que tú como maestro estás limitado”, asegura Ricardo Sevilla, padre de familia y docente en la Universidad La Salle. Él explica que en una clase presencial, cuando los alumnos tienen preguntas, el profesor se puede apoyar en el pizarrón para ampliar más los temas, considerando que para muchos estudiantes es más fácil aprender de manera visual que auditiva. En cambio, con la educación a distancia es más difícil innovar, pues ya se tiene un esquema específico y un material didáctico planteado únicamente para dar la clase, no para responder las dudas que puedan llegar a surgir.
“Que preguntes: ‘Oiga maestro, y si dividimos tal y tal y hacemos una suma, ¿qué sale?’ Pero tú lo quieres ver, y el maestro no tiene dónde escribirlo, o sea, es más difícil. Lo que te haya dicho del material didáctico, ahí vas viendo. O puede hacer una presentación y lo graba, pero ahí, innovar, ahí es lo difícil”, reitera.
Así sucede con Ximena, de 7 años, quien menciona con cierta diversión que su maestra se ha vuelto una YouTuber, ya que sube a diario videos previamente grabados a una plataforma y les enseña algunos temas nuevos, de los cuales les deja tareas que deben hacer durante la tarde y enviarlas en la noche. Sin embargo, su material didáctico está limitado a dar información sobre la lección del día, como denota Luis Robles, padre de Ximena, puesto que si quedan dudas, como los videos no aportan mucho en ese aspecto, se ha convertido en su obligación aclararlas.
Esta situación se vuelve un círculo vicioso, en el momento en que los maestros también consideran que la ayuda que dan los padres a sus hijos con las tareas, es poco beneficioso respecto al aprendizaje de éstos. “Llega un punto en el que no sabemos qué tanto ha avanzado el niño por sí solo, o si está siguiendo lo que su mamá le dice, pues al final les ayudan, y como papás, terminan dándoles las respuestas de sus ejercicios”, menciona Jesica Maciel, pedagoga en la escuela Montessori.
Otro factor a considerar desde la perspectiva del profesorado, es que los problemas emergentes durante la contingencia los afectan de igual forma que a sus alumnos, pues también tienen familia y una vida personal que han estado tratando de acoplar al nuevo sistema, lo cual es difícil al tener que lidiar con ello a la vez que dan clases.
“Los lunes vemos a los niños 20 minutos individualmente, y martes y jueves tenemos clase grupal de casi tres horas. Finalmente, los viernes impartimos experimentos y talleres que pueden terminar aproximadamente hasta las 5:00 p.m.”, explica Jesica Maciel, quien aparte de dar clases en preescolar y primaria, es madre de dos pequeños de 3 y 9 años, por lo cual hay veces en que sus horarios coinciden con los de sus hijos, y en el caso del más joven, tiene que tomarse un tiempo al asesorarlo para conectarse con su grupo.
Las psicólogas Cristina Álvarez y Blanca González consideran que para mejorar las estrategias educativas y fomentar el aprendizaje, de tal forma que sea satisfactoria para los niños, los docentes deben ocupar periodos cortos de trabajo sincrónico y promover espacios prácticos, así como utilizar distintas herramientas o aplicaciones que previamente hayan sido exploradas y comprendidas por éstos, tomando en cuenta que su uso depende del objetivo que se esté persiguiendo. Por ejemplo, para las clases lo ideal es ocupar Zoom o Teams, mientras que para la implementación de exámenes es más conveniente Socrative, y en cuanto a la organización de tareas, Google Classroom es la opción ideal.
Cuando el sistema educativo es práctico
“Hay materias que es muy difícil dar clases a distancia. Reneé tiene una materia en la escuela, es natación, ¿cómo le doy natación a distancia? No puedo”, señala Ricardo Sevilla. En pocas palabras, las TIC difícilmente apoyan con la educación práctica, pues no se puede aplicar.
Antes de la cuarentena, Reneé, de 9 años, tenía muchas materias complementarias que disfrutaba hacer porque iban más allá de leer libros de texto y copiar lo que había en el pizarrón, porque exponían su creatividad o involucraban el movimiento de su cuerpo. Estudiaba música, artes plásticas, educación física, natación e incluso chino, pero con la educación digital, todas las experiencias que éstas generaban se han perdido en buena parte, pues ahora solamente se tratan de tareas extras dejadas para compensar los ejercicios presenciales que solían realizar.
Estas limitaciones que presenta la aplicación de las TIC, y la educación digital en general, generan notorias desventajas con las escuelas que tienen un sistema distinto al tradicional, como es el caso de Montessori, pues Jesica Maciel, pedagoga de la escuela, expone que está enfocada en la practicidad y didacticidad del aprendizaje empírico. “Creo que hablando en este caso de una escuela Montessori, es muy importante el material y ahorita pues no lo tienen. Entonces, obviamente, eso está haciendo que los conocimientos no sean tan amplios como cuando estaban en la escuela”, afirma. Es por esto que, para ellos, llega a resultar mucho más complejo lograr un aprendizaje satisfactorio en sus estudiantes.
Cambios de actitud y distractores
Un requisito de las escuelas durante las sesiones educativas realizadas en la plataforma de conferencias Zoom, es que todos los alumnos tengan las cámaras de sus dispositivos prendidas, para que así las maestras los vean en todo momento y se cercioren de que están poniendo atención. Aun así, esto no les representa a los niños una autoridad real, por lo que están más predispuestos a no prestar atención en las clases, dado a todos los distractores presentes en casa, y a tomar actitudes indisciplinadas mientras hacen la tarea.
“Al final, pues tiene su cuarto, tiene sus juguetes, a los hermanos, a las mascotas. Por ejemplo, también muchos de mis alumnos no están sus casas: están en Cuernavaca, Querétaro; tengo un niño que está hasta Tulum, y pues están acostumbrados a que su casa sea un lugar de descanso”, afirma Jesica Maciel. La misma situación ocurre en el caso de Daniela Ortega, madre de cuatro niños, pues dice que debido a los distractores no puede captar su atención por mucho tiempo ni hacer que éstos aprendan en clase.
Susana Reyes manifiesta que ha tenido que revisar la tarea de sus hijos en varias ocasiones, para cerciorarse que las hagan completas y no se atrasen en las entregas. Del mismo modo, Luis Robles relata cómo su hija ha modificado sus horarios, ya que al encontrarse más tiempo en casa, aplaza sus labores y realiza jornadas más extensas de tarea.
Para mejorar esta situación, Cristina Álvarez y Blanca González aconsejan a los padres principalmente despejar de elementos distractores lo más posible el espacio donde los niños estudian, y favorecer la construcción de nuevos hábitos en relación al trabajo realizado con herramientas digitales.
En lo que concuerdan tanto Cristina Álvarez como Blanca González y Mariano Martínez, es en la necesidad de implementar una preparación respecto a las TIC como parte del sistema de enseñanza por parte de los maestros, para generar tanto en ellos como en los alumnos, un amplio y adecuado conocimiento en la utilización y aprovechamiento de estas herramientas.
Ése sería el primer gran paso a dar para preparar a México en la educación a distancia, sobre todo en cuanto a la de nivel básico, no sólo en situaciones que lo requieran irremediablemente, sino en el día a día, como algo inmerso dentro del proceso educativo. Las TIC no deben verse como herramientas apartadas, sino como aliados.

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