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El vínculo del que nadie habla

sexo

México.- ¿Qué te parece si hablamos de lo prohibido, aquello de lo que nadie se atreve a hablar, pero que todo el mundo espera que sepas ejecutar?
“Al principio yo había leído novelas, y creí que sería como en las películas: flores, música y velas” mencionaba Lizbeth Rojas, una ejecutiva de 20 años, a la par ella reía, para evadir el momento incómodo mientras platicaba sobre su primera relación sexual. Y es que en algún momento, todas las personas imaginan e idealizan esa famosa “primera vez”, aquella con la cual, si ya decidiste dar el paso, no hay marcha atrás.

Socialmente se cree que es un tema de adultos, que los jóvenes y adolescentes no deberían saber mucho de esto, pero si hablamos de cifras, según la Encuesta Nacional de Juventud, realizada en el 2015, 34% de los adolescentes habían iniciado su vida sexual antes de los 14 años de edad.

La educación sexual en el país aborda temas como el uso de anticonceptivos y posibles embarazos, dejando a un lado la importancia del autoconocimiento y exploración, para que el joven disfrute de su vida sexual con plenitud. Olvidando la gran pregunta: ¿qué pasa con el vínculo que creamos durante el acto sexual?

Y es importante cuestionarnos esto, ya que estudios obtenidos por la Encuesta Nacional de Juventud en 2015, coordinada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), plantean que las consecuencias del inicio temprano de las relaciones sexuales van más allá de la salud sexual y reproductiva, dado que impactan en ámbitos de la salud mental y social.

Primero lo primero

Como bien sabemos, el humano antes de ser un ente social, es un ser biológico, menciona la psicóloga trabajadora en el Colegio Hebreo Maguen David, Lizeth Luna, por lo que es un hecho que al momento de realizar distintas actividades, nuestra mente se activa y secreta distintas sustancias. Esto, junto con la parte cognitiva, abre paso a que el individuo pueda interpretar su entorno, permitiéndole entonces, ser parte de un contexto social.

Necesitamos del otro para poder desarrollarnos tanto a nivel personal, como en ámbitos de índole de convivencia, por lo que la creación de vínculos no es algo nuevo para nosotros. De hecho, desde que se es chico, menciona Gabriela Avilés, psicoanalista y docente en la Universidad La Salle, el ser humano crea vínculos básicos o primarios; estos son meramente característicos de la relación que se crea con las figuras paternas.

Estos vínculos, junto con la historia, experiencia y conocimiento previo, recalca la psicóloga Laura Cristina Álvarez, docente en la Universidad La Salle, se verán inmersos al momento de relacionarse con el otro, inclusive durante el acto sexual. Es por eso que la mayoría de las personas cuando buscan “dar el siguiente paso”, se aseguran de que sea con una persona con quien se tenga la confianza suficiente y/o tenga un lazo afectivo. Lizbeth Rojas, ejecutiva de 20 años, retoma que el amor no es un factor importante para tener una relación sexual, la confianza sí lo es, pues debes aprender a decir lo que quieres y lo que te gusta. Y es precisamente la confianza, junto con la comunicación, las que se vuelven factores clave para la creación de un vínculo.

Las relaciones sexuales, vínculos que fortalecen

Luis Pérez, un ingeniero en computación de 28 años, comenta que lo único que pensó antes de tener su primer acercamiento sexual, era que debía ser con alguien que tuviera una conexión, para así poder dar ese paso al famosamente llamado: “la prueba del amor”.

Esta famosa “conexión” es también conocida como vínculo. Alberto Morales, psicólogo egresado de la UNAM y trabajador en HDI Seguros como HRBP (Human Resources Businesses Partner) , recupera el hecho de que cuando una persona se relaciona con otra en el ámbito sexual, se espera y genera una expectativa de crear un lazo, no solo físico, sino también emocional. Y esto es posible, aunque sea por un momento, debido a las hormonas que nuestro cuerpo secreta durante el acto sexual (como lo es la oxitocina, dopamina, serotonina, endorfinas, adrenalina, vasopresina, testosterona, noradrenalina, entre otros), para ser más específicos, durante el orgasmo, pues aquí los niveles de oxitocina (hormona del apego o del amor) se dispara; es decir, eleva de manera no habitual sus niveles de secreción, por lo que la persona puede interpretar que ha establecido un vínculo íntimo con el otro.

Es importante aclarar que el hecho de hacer un acto íntimo dentro de una relación sin precedentes, como lo es tener sexo, no vuelve a la relación, ni al lazo afectivo “íntimo”. De hecho, los vínculos, asegura la psicóloga Lizeth Luna, trabajadora en el Colegio Hebreo Maguen David, que proceden únicamente de las relaciones sexuales, son vínculos o lazos afectivos no consolidados, se requiere de tiempo y del conocimiento de todo lo que implica que la otra persona sea ella, como sus gustos, pasatiempos, experiencias, etc., para poder llegar a establecer una relación más personal. Evidentemente, en una relación con precedentes, (y entiéndase a ellos como el tener conocimiento de la otra persona), la relación sexual sí puede fortalecer su vínculo; sin embargo, este no es el único vínculo que se fortifica...

Fortaleciendo el vínculo personal

Elena Escala, hipnoterapeuta y terapeuta energética con consultorio privado, comenta que durante la relación sexual, se comienza a generar satisfacción del uno al otro; sin embargo, la mayoría de las personas se preocupa por causar placer a la pareja olvidando su propio disfrute, por lo que no se logra tener una conexión propia.

Esto es relevante, en vista de que el acto sexual, destaca tanto la psicóloga Verónica Andrade, egresada de la Universidad La Salle, como Alberto Morales, psicólogo organizacional, es una experiencia que afectará de manera directa a nuestra autoestima, puesto que influye en la percepción de uno mismo, en otras palabras, comienzas a conocerte de una forma diferente. Y recordemos que el conocer, genera vínculos. Por lo tanto, tener una relación sexual, que comprendemos como dar paso a fortalecer un vínculo con otra persona, resulta también fortalecer el propio vínculo personal.

Si la persona siente vergüenza o miedo durante su primera relación sexual debido a su baja autoestima, puede verse afectada la manera en que se relacione con ella misma. Por ello, es necesario trabajar en el amor propio, para así aprender a comunicar lo que uno siente, evitando pasar por incomodidades durante el acto, fomentando llegar al autoconocimiento y, por ende, generar un vínculo sano y profundo contigo mismo.

Madurez y sexo

La personalidad, y por lo tanto el autoestima, se consolidan durante la adolescencia.
El lóbulo frontal, el cual es el responsable del raciocinio y del autorregulamiento, indica la psicóloga y docente de la Universidad La Salle, Laura Cristina Álvarez, se termina de desarrollar a las 22 años, en las mujeres, y a los 26 años, en los hombres.

Esto quiere decir que en la adolescencia aún no existe un entendimiento completo del ser mismo, asegura la psicóloga con especialidad en el talento humano, Elisa Viveros, trabajadora en un colegio judío, ni se está preparado, debido a que no hay un raciocinio base en el adolescente y existe una presión social por perder la famosa “virginidad”, por lo que es más probable que la actividad sexual se realice meramente por placer, o sea, el puberto podría no realizar esta actividad con un objetivo plenamente enriquecedor para su persona, ni generaría un vínculo íntimo, por lo que el acto no repercute directamente en su desarrollo personal.

Si al contrario, como comenta Gabriela Áviles, la vida sexual se prolonga, es decir, si por ejemplo, ocurre en las etapas finales de la adolescencia, cuando el cerebro esté un poco más maduro, esta experiencia puede ser más satisfactoria y positiva para el bienestar personal.

Algo así como lo menciona Virginia Hernández, un ama de casa de 57 años, quien describe que ella quiso esperar hasta hacerlo con el hombre con el que se casara, teniendo así más tranquilidad, más madurez, una estabilidad económica y emocional. Considera que lo mejor de su experiencia es que la vivió con plenitud, sin miedos a tener una consecuencia de la que no pudiera hacerse responsable. Este testimonio contrasta la experiencia y madurez que puede existir entre el comienzo de una vida sexual en los primeros años de la adolescencia, y en una etapa donde hay mayor preparación cognitiva.

El vínculo del que nadie habla

Finalmente, hablar de lo prohibido resulta no ser tan prohibido como se creía, pero debería ser un tema del que se investigue y del que se pueda hablar públicamente. Tener un acto sexual, que tanto jóvenes como adultos pueden experimentar, comprende un sin fin de temas que hemos podido analizar, concluyendo que lo que más se necesita es comunicación, confianza y conocimiento personal.

No es cuestión de un momento de pasión y ya, pues en el fondo existe todo un proceso biológico, cognitivo y espiritual, siendo todo esto un resultado de madurez, logrando así consolidar el conocimiento y vínculo personal.

Al fin y al cabo, el acto sexual se basa en la convivencia con el otro para conocerse mutuamente. Isaac Mendoza, un ingeniero en informática de 23 años de edad, comenta: “Cuando llegas al acto te das cuenta de que existe otra persona. Ya no se trata de lo que tú sientes, sino de lo que los dos quieren”. Él define a la relación sexual cómo un acto de compartir, llegando así al resultado de que esta acción se puede convertir en una enorme expresión y vinculación humana; por ello hay que aprender a saber como experimentarla, logrando así el crecimiento personal de los involucrados.

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