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Las advertencias del gran Tlacuache y el saqueo institucional

TERESA GIL

Tere GilLa voz popular, a veces acomodaticia, le pone etiquetas a los personajes, que encajonan mentiras repetidas y repetidas. Ha pasado con el caso de César Garizurieta Erenzweig, el famoso Tlacuache, – -Tuxpan 1905-1961-, llamado así en el séquito de Adolfo Ruíz Cortines, a quien le gustaba, decían, tener su propio “zoológico”, incluidos el pollo, el cuino, el sapo, la leona, etcétera, apodos con los que tildaba sin mayor respeto a destacados políticos que integraban parte de su gabinete. En esos tiempos los políticos tiraban la broma molesta, pero en los de ahora, el humorismo oficial tiene signos de pesos. Garizurieta es visto por esa vena popular como un ser cantinflesco, risible, botanero, pero si se profundiza en su vida, en la verdadera historia que se ha escrito de su trayectoria, fue un tipo que hizo críticas directas al poder en el que se movía, que promovió el cambio en el país no solo con su famosa frase “vivir fuera del presupuesto, es vivir dentro del error”, al denunciar la utilización de los recursos públicos a través de la institucionalidad, sino al exhibir cuestiones reprobables, algunas en su labor como diplomático. Se mencionan en análisis y biografías que el sociólogo y jurista Lucio Mendieta y Núñez, director por muchos años del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, lo recuerda como un impulsor de la autonomía universitaria en 1929. Respecto a la cual, sostiene, Garizurieta creó una revista especial que él dirigía, para impulsar ese estatus hoy en peligro con el pretexto de que se está usando la lucha contra la inseguridad en el campus. Ahora que vemos al reducido grupo que maniobra los recursos del país, las fórmulas legales utilizadas para ocultar esos saqueos, se entiende la dimensión de aquel hombre que algunos han querido usar como chacota ante el peligro de sus críticas, y quien hastiado de esas miserias puso fin a su vida en abril de 1961. Cosa extraordinaria en la ficción, es que a partir de un tlacuache -Tlacuatzin en náhualt-, tenemos al Prometeo mexicano, mucho más antiguo que ese ser mitológico que les robó el fuego a los dioses. O a lo mejor los griegos pueden sentirse orgullosos de que gracias a un tlacuache, tienen a Prometeo, que es posterior. El tlacuache, único marsupial mexicano, es una de las especies vivientes más antiguas del continente americano con 8 mil millones de años y resiste a la depredación que se nota ya en zonas de Quintana Roo y Campeche, por la destrucción de bosques y selvas. Según la leyenda cora (publicada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Colección leyendas, mayo 2015) Yaushu, un tlacuache, enternecido por las dificultades que pasaban los ancianos de su tribu que tenían que comer sus alimentos crudos y vivir ateridos por la falta de calor, decidió buscar aquella bola luminosa que producía calor, y robarla. Así lo hizo en esa antigua leyenda, en la que el lindo animal sacrifica su vida, pero logra robar el fuego gracias a lo cual los hombres han tenido el calor y la luz. Los tlacuaches son animales inofensivos que lo mismo viven en selvas -hay una especie acuática-, que en los pueblos y ciudades y se les ve, “paseando por ahí”. Algunos utilizan su piel o se los comen, ¿los griegos se comerían a Prometeo? Cuando era chica, llegaban a mi casa tlacuaches y mapaches y la historia familiar relata que yo los espantaba poniendo a uno encima del otro: huían despavoridos. Un tlacuache penetró hace poco en la casa de una amiga que vive en Cocoyoc y cuál sería su sorpresa al encontrarlo en su tocador, ¡poniéndose en la cara la crema nocturna! Una de las características singulares de este primo de los canguros que usa el marsupio para terminar de criar a sus hijos, es que ante el peligro, “se hace el muerto”. Quizá sea lo único que lo iguale a los políticos mexicanos, que al verse sorprendidos en sus iniquidades, también se hacen los muertos.

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