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La llegada de Cortés a Tenochtitlán continúa bajo escrutinio

cort004México, 29 Jun.- En el relato histórico de la llegada de los españoles a la gran Tenochtitlan hace 500 años, se pueden encontrar diversas inconsistencias, por lo que se hace necesario revisar la historiografía y cuestionar la manera en que historiadores y antropólogos han presentado ese momento de la historia, planteó Marialba Pastor, investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Diversos historiadores han sido imprecisos en el terreno heurístico, han manejado mal los documentos (fuentes escritas y restos arqueológicos), no los han “cruzado” y los han sumado sin considerar el tiempo que los separa. No preguntan por la fuente de la fuente e interpretan sobre interpretaciones, añadió la académica.

En su perspectiva, en “un juicio el juez no admite un único testimonio como ‘la verdad’ para emitir un fallo. ¿Por qué los historiadores han aceptado el testimonio de Hernán Cortés como ‘la verdad’. Considerar sólo una fuente, desde mi punto de vista, ha causado confusión”.

“¿Dónde están las pruebas? ¿Quién más, aparte de Hernán Cortés, vio a Moctezuma? Seguramente lo han de haber visto otras personas; pero el único que narró el hecho fue él. Posteriormente sus compañeros expedicionarios, como Bernal Díaz del Castillo, también escribieron, pero repiten, íntegramente, lo que Cortés dice, es decir lo que el capitán selecciona como historia de la Conquista

Más aún, cronistas como Andrés de Tapia y Francisco Aguilar, quienes sí presenciaron los hechos, y el propio Francisco López de Gómara, y de ahí en adelante todos quienes no presenciaron los hechos repiten lo que Cortés dijo y lo dan por bueno. “Adornan, retoman nuevas anécdotas, corrigen inconsistencias y añaden asuntos, pero ninguno de ellos modifica la secuencia ni el contenido dados por el conquistador”.

“Pero resulta que Cortés fantasea como cualquier hombre de la Castilla medieval”, apunta la especialista en historiografía y teoría de la historia. “Desea conquistar un gran imperio, con una gran riqueza; además, se propone demostrar al rey de España que es insustituible, y que ha logrado esa conquista de manera pacífica. Es decir, sueña y hace todo para ser ennoblecido y recompensado materialmente”.

“Ahí ocurre la primera entrada a Tenochtitlán, cuando supuestamente Moctezuma le entrega el imperio (concepto que aún se debate si era imperio o no). Es verdaderamente inverosímil que Moctezuma le haya entregado el señorío en cuatro días, toda vez que las relaciones de poder en las sociedades mesoamericanas se establecían lentamente. La noción de temporalidad era muy distinta a la prisa del conquistador y del comercio capitalista. De aquí en adelante, todo lo que sigue no corresponde con los usos y las costumbres mesoamericanas, completamente distintas de las europeas”.

Aún más, la autora de “La primera invención de Tenochtitlán” cuestiona el relato de Cortés a esa especie de abdicación súbita de Moctezuma junto con los señores mexicas. Moctezuma aparece satisfecho de haber hecho tal renuncia a su poder, no obstante, sus señores lloran. Eso dice Cortés. “Muy bien, pero ¿por qué lloran?” interroga.

La historiadora añade que el informe del extremeño al relatar que Moctezuma le entrega el imperio con un discurso de por medio, motiva a duda, pues el parlamento del gran tlatoani es exactamente igual al discurso de cualquier rey medieval castellano.

Aún más, Moctezuma se presenta con corte y consejo. Se ve una Tenochtitlan totalmente medievalizada. El Tlatoani posee un cuarto donde guarda grandes cantidades de oro, “pero sabemos que el oro no era precisamente objeto de culto de los pueblos prehispánicos”.

“Cuando el emperador mexica está preso, cosa rara, su ejército permanece tranquilo. Así pasan seis meses, tiempo en que Cortés no da aviso de la caída de Tenochtitlan. ¿Por qué no avisa? –pregunta la historiadora–. Podría haberlo hecho, según era costumbre militar; por lo menos a Veracruz y de ahí un enviado a Cuba. Esta falta de interés es una prueba más de que no hubo tal entrega del imperio y tal vez tampoco esa primera entrada pacífica a Tenochtitlan tampoco se dio, según yo, pero este es un asunto que deberá probarse”.

Se ve a un Moctezuma actuando como un personaje medieval: “va de cacería, tiene casas de recreo, pasea por la laguna. Es un comportamiento que no corresponde con la estructura que dicen las fuentes arqueológicas y los mismos códices, donde la religiosidad es central. Por otra parte, la vida de Moctezuma en cautiverio es la de un hombre totalmente escindido de su religión. Ahí hay otra inconsistencia”.

“En otro pasaje del texto del capitán español se refiere a su ‘lengua’, el intérprete, en concreto a Jerónimo de Aguilar en aquella primera llegada a Tenochtitlan, pero no menciona a Marina. De hecho, en todo el proceso de la conquista no la menciona sino hasta la cuarta Carta de relación.”

Aquí aparece el complejo problema del contacto de dos lenguas que corresponden a experiencias y realidades históricas y sociales diametralmente distintas. “¿Hasta qué punto puede haber comunicación? Es todo un tema que está estudiándose, ya que es inverosímil pensar que en un año Malinche –otra invención de los cronistas españoles–, haya aprendido el castellano”.

Es posible que haya aprendido algunas fórmulas en el momento del intercambio, pero aprender una lengua, en este caso el castellano, implica penetrar en su cultura y conocer todas las relaciones que ahí se dan. De modo que no pueden soslayarse las inconsistencias en las Cartas de relación que en años posteriores corregirán Francisco López de Gómara y Bernal Díaz del Castillo.

En la descripción de su viaje de 1519 por la costa de lo que hoy es Tabasco Cortés dice que le regalan unas indias. En otra crónica, la de Bernal Díaz del Castillo, se afirma que una de ellas es Malinche, inteligente y lista que hablaba náhuatl y maya chontal. De tal modo que entre Jerónimo de Aguilar y ella pueden hacer las traducciones para comunicarse. “Ese es el centro de otro mito: Malinche-Marina quien siempre acompañará a Cortés en el papel de traductora”.

En otro momento Cortés indica que le acompañan unas “lenguas” con quienes puede comunicarse, pero si se leen con atención las Cartas, no queda claro su papel en esa tarea. De aquí se desprende que si Malinche-Marina es una figura tan importante ¿por qué Cortés no la cita en el tiempo que permanece en Tenochtitlan con Moctezuma?

“En el trayecto de Veracruz a Tenochtitlan, Cortés y sus soldados pasan por varios pueblos ¿todos hablaban la misma lengua? Los mapas lingüísticos, incluso los de la actualidad, dicen otra cosa: indican que como “lengua” de Cortés, Malinche debía dominar lenguas como el totonaco y o el otomí para comunicarse. ¿Hablaba todas?

“Hasta qué punto el náhuatl que hablaba Malinche era el de Moctezuma y los del centro porque resulta que había muchas variedades de náhuatl y otras lenguas, 300 por lo menos.

“No dudo de la presencia del traductor y de la traductora –señala la investigadora– pero para cuestiones muy puntuales. En ese momento se configuraba una guerra, y el lenguaje de Cortés es el de la guerra que no necesita de demasiadas palabras”.

La segunda Carta de relación donde relata la primera “entrega” o conquista pacífica, está redactada en tres partes, en una de ellas es evidente que Cortés incorporó otra idea. Interrumpe el hilo de la Carta… para asegurar que Moctezuma le proporcionó unos guías para que las tropas fueran a hacer un reconocimiento a las minas de oro y los puertos. “En ese pasaje señala Cortés que Moctezuma le dio mapas (cosa extraña es esa idea de los mapas) para localizar minas de oro, en un pueblo que no conocía procesos químicos para la purificación del metal sino que lo recogían de los ríos”.

Con esa información “no se puede prescindir de las intenciones e intereses de quien elabora el discurso: ¿para quién, en qué momento, con qué recursos? Son preguntas del campo de la heurística. ¿Dónde está el cuerpo de pruebas? cuya ausencia, desde mi punto de vista, es la mayor falla de la historiografía del México prehispánico”.

La especialista reiteró en su cuestionamiento la supuesta entrega pacífica de Tenochtitlán. La ve, más bien, como una estrategia cortesiana para informar al rey que había conquistado sin guerra el imperio mexica (como querían los frailes), pero Pánfilo de Narváez, el representante de su mayor enemigo, el gobernador de Cuba, lo echó todo a perder. Si no deja a Pedro de Alvarado a cargo de la ciudad, no ocurre la Matanza del Templo Mayor, ni levantamiento indígena, ni Noche Triste…

Finalmente, Pastor formula varias preguntas: “Si Moctezuma existió, pero no fue un emperador, ¿no es el asesinato a manos de su pueblo algo necesario en el relato? Si las escrituras que daban fe de los hechos (las pruebas) se perdieron en el fango de las lagunas, ¿por qué Cortés no ordenó a su escribano volverlas a redactar?, ¿le interesa borrar lo realmente acontecido?, ¿o no ocurrió lo que narra? ¿Realmente recibió el tesoro de Moctezuma que luego perdió en su dramática salida de Tenochtitlan?”

“Será en la segunda entrada de Cortés, la entrada militar, la que da el triunfo al español y sus aliados, en un escenario distinto, como la epidemia de viruela y otras enfermedades extendidas, las cuales le ayudan, además de sus estrategias militares.

Ahora bien, las narraciones de los cronistas se enmarcan en sus estrategias de conquista y colonización material y espiritual. “En eso estamos de acuerdo, así fue en todo el mundo, pero ¿por qué antropólogos e historiadores siguen empeñados en creer lo que afirman los cronistas?”, concluyó Pastor.

Norberto Gutiérrez

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