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CARLOS MONTEMAYOR, PASADO Y FUTURO DE LA LITERATURA AUTÓCTONA

La literatura indígena en México ha pasado por diversas etapas a lo largo de la historia del país, predominando en tiempo y cantidad la escrita por el mestizo o el hombre blanco. La relación de la conquista española y los pasos de los grupos originales durante la colonia fueron contadas por los españoles, primero, y por los castizos o mestizos después.

Pocas fueron las ocasiones en que los propios naturales contaron su versión de los hechos. Una de esas pocas ocasiones fue rescatada siglos después por Miguel León-Portilla en La visión de los vencidos. Ya con la independencia el indígena fue visto como “un tema a resolver” para construir nación e impulsar el país al futuro. Posteriormente, desde los años 30 y hasta poco después de la primera mitad del siglo XX aparecieron algunas obras relativas a la vida de los pueblos originarios, destacando en este caso las escritas por la chiapaneca Rosario Castellanos. Es decir, no en su voz.

Sin embargo, ésta se habría de escuchar hasta principios de los años 70, cuando los propios creadores en lenguas originales impulsaron la publicación de sus textos. De entonces a la fecha se ha avanzado mucho en el rubro, y sin duda uno de los mayores impulsores del renacimiento de la literatura en lenguas originales de las últimas décadas es el escritor, ensayista, promotor cultural, tenor y defensor de las culturas originales Carlos Montemayor (Parral, Chihuahua, 13 de junio de 1947-Ciudad de México, 28 de febrero de 2010), quien partía del principio de que ninguna lengua en el mundo era superior a otra.

El humanista, quien publicó casi una treintena de libros y coordinó los dos primeros volúmenes resultado del Festival de Poesía Las Lenguas de América, destacaba la riqueza que en idiomas autóctonos existía en América y llamaba a defenderla porque es “el alma de todos los pueblos que nosotros somos”.

Recordaba que antes de la llegada de los españoles a México se hablaban aproximadamente 170 lenguas, y que para inicios del siglo XXI se habían reducido a 62, de las cuales unas 24 se encontraban en un proceso irreversible de extinción, al contar con menos de cinco mil hablantes.

Al presentar el tercer Festival de Poesía las Lenguas de América, realizado en octubre de 2008 y cuyo libro compilatorio ya no pudo concluir debido a que la muerte lo sorprendió, recordaba que “todos los idiomas tienden hacia un mismo fin: formar nuestra conciencia. Escuchemos nuestra profunda voz. Nuestra voz plural y milenaria. Las voces de poetas y de pueblos que engrandecen nuestra vida, que sostienen la dignidad de la conciencia y de la vida en las tierras complejas y dolorosas, pero aún fecundas y vastas de nuestro continente”.

A su iniciativa se debe la publicación de tres volúmenes de literatura en dos lenguas, español y autóctona (tarasco, purépecha, zapoteco de la sierra, zapoteco del Istmo, mazateco, hñahñu, totonaco y huichol), con obras de narrativa, poesía y teatro. Con el también especialista Donald Frischmann coeditó en 2004 y 2005 esos mismos volúmenes en una versión trilingüe, que incluía inglés.

Su trabajo a favor de la literatura autóctona le llevó a la certeza de que “para entender las lenguas de México es necesario buscar el orden natural de forma y cadencia de los lenguajes en sí, y hacer a un lado las suposiciones que han condicionado la poesía y la literatura en las lenguas modernas occidentales.

Se trata de un alto orden estético, más complejo, con un mayor número de valores ´sonantes´, con modelos milenarios que todavía viven en el discurso ceremonial, en conjuntos de salmos, en oraciones religiosas, canciones y algunos relatos”. En texto publicado en una revista catalana señalaba también que “es a partir de estos modelos de composición que los escritores indígenas actuales están construyendo una nueva fase en la literatura mexicana”.

Es gracias a esas publicaciones en las que los mismos creadores expresan su cosmovisión que “tenemos la posibilidad de descubrir por primera vez, a través de los representantes de estos grupos indígenas, la cara íntima y profunda de un México que aún nos es desconocido”.

Por ello, se debe reconocer que es debido en gran parte al impulso dado por Montemayor que ahora se conocen más las expresiones culturales de raíz indígena, así como que se organicen cada vez más simposios y congresos dedicados exclusivamente a las lenguas que habían permanecido silenciadas. Lo conseguido hasta ahora, sin duda, deparará un futuro promisorio para la literatura hecha en el país en general, enriqueciendo la visión de la sociedad mexicana.

/RML/LIT19

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