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updated 11:46 PM CST, Jan 22, 2018
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Jorge Bárcenas, el invidente que mira la vida con los ojos del corazón

México, 10 Dic .- A poco menos de una hora para el cambio de año, a Jorge Bárcenas se le apagó la luz, fue hace unos cinco años cuando al salir a la tienda, de un momento a otro, perdió la vista por completo.

Acompañado por un bastón, unos lentes oscuros y una experiencia de ceguera total que le cambió el rumbo, Bárcenas sonríe ante la pronta recuperación de la vista tras un trasplante de córneas en septiembre pasado.

A poco tiempo de su intervención quirúrgica, sin ingresos fijos y sin apoyo de su familia, don Jorge pide ayuda en las calles de Río Guadalquivir y Reforma, "la gente te ve y no te ve, se pasan como si uno no existiera"; sin embargo, él continúa teniendo fe en las personas y sabe que así como hay quienes hasta le hacen groserías, hay otros tantos que le ofrecen ayuda incondicional.

Los cuidados postoperatorios, tras recibir un trasplante de córnea, son radicales, él debe cuidar exponerse al sol o al viento, evitar hacer cualquier tipo de esfuerzo y llorar, desde la operación y ante la felicidad de que pronto recuperará la vista, no ha podido expresar su alegría debido a que la sal de las lágrimas le escuece los ojos.

"Parece increíble, pero si yo lloro, la sal que despiden las lágrimas me puede provocar infecciones por la cirugía que me hicieron en las córneas, hay muchas cosas a las que uno se tiene que abstener, por ejemplo, no puedes cargar pesado, ni estresarte, ni ponerte nervioso, tiene uno que acostumbrarse a tener calma. Todas esas emociones las tiene uno que controlar", señaló.

A don Jorge, de 62 años de edad, le costó trabajo entender y afrontar su realidad y recordó que hace 10 años comenzó a perder la vista; sin embargo, entró en un proceso de negación hasta que un día, a punto de ser arrollado por un auto, tomó conciencia de su nueva condición, por lo que acudió con una psicóloga, quien le ayudó a entender la importancia de cuidarse.

"Yo acepté mi realidad, yo vi que en ese momento iba a haber un cambio muy brusco en mí, un cambio muy diferente a lo que ya había vivido, porque está uno sano y la vida se nos hace fácil, pensamos que el mundo es de nosotros y ya cuando estamos en un problema físico, en este caso de la vista, nos damos cuenta que si no dependemos de uno mismo no podemos lograr nada", dijo.

Una vez que atravesó el difícil proceso de aceptar que estaba perdiendo la vista, pudo poner entonces los pies en la tierra, explicó a Notimex, por lo que salió con un palo de escoba a reconocer su ciudad desde la invidencia y con el tiempo desarrolló los sentidos del olfato, la audición y el tacto, fue entonces cuando comenzó su sanación.

De sus antiguos amigos, al saber su padecimiento, no quedó nada, pero conoció a otras personas invidentes con las que estableció nuevos lazos de amistad, de quienes aprendió además que la invidencia no es una limitante y lo que siguió para él fue aprender a enfrentar la vida como es, "a depender de uno mismo y decir yo puedo, porque así me lo propuse".

Con el tiempo y sin dejo de culpa, señaló que también aprendió a ser egoísta para comenzar a valerse por sí mismo y al acudir a ayuda psicológica para enfrentar su nueva condición se ayudó a sí mismo, "a ver que yo seguía existiendo, a ver que no iba a cambiar mi nombre, ni mi ser, ni ser yo por el hecho de haber perdido la vista.

"Al contrario, enfrenté la vida con más ganas, a decir Jorge, aquí estás, ahora estás así, ésta es tu realidad ahorita", destacó.

Así, el terror inicial de perder la vista se le transformó en fortaleza y acompañado de su bastón, tuvo que hacer lo que hacen quienes están ciegos; salir a la calle y enfrentarla, aprender a confiar en sus otros sentidos, pero, sobre todo, en sí mismo y en su bastón, que con el tiempo se ha vuelto su gran compañero.

Jorge tiene dos grandes pasiones, la gastronomía y el canto, fue su padre quien le enseñó y antes de perder la vista se aventaba sus palomazos en las fiestas y se dedicaba al negocio de la cocina; ahora, en plena recuperación, no puede estar cerca del fogón y mucho menos cantar, por lo que pasa los días pidiendo ayuda en una esquina.

"No me da pena porque la verdad no le estoy haciendo daño a nadie y es a la voluntad de la gente, porque les digo "si me pudieran ayudar con algo" y cada persona que a mí me ayuda, en ese momento le doy mi más sincero agradecimiento y le pido a Dios que ayude a quien me ayuda, que les dé más, porque no toda la gente suelta un peso para compartirlo con los demás", indicó.

Su operación en el hospital Gregorio Salas, en el Centro Histórico de la capital mexicana, fue dos días antes del sismo del 19 de septiembre pasado, aún en cama y con el miedo de que el nosocomio fuera a derrumbarse, don Jorge reconoció la gran labor del personal médico, que permaneció en todo momento en calma, ofreciéndole así una mayor tranquilidad.

Los cuidados postoperatorios, dijo, los enfrentó en soledad, como desde el principio, cuando comenzó a perder la vista de manera gradual, él es consciente de que las personas necesitan de otras personas, pero lo que nunca estuvo en su cabeza fue depender de nadie.

A tres meses de aquello, con una cirugía que en opinión de los médicos que lo atendieron "salió mejor de lo que esperaba", don Jorge espera con paciencia el momento de recuperar entre 70 y 80 por ciento de su visión.

"Si ya me esperé 10 años, que no me espere yo seis u ocho meses, para mí ya serán nada, al contrario, serán los meses más cortos de mi vida, yo estoy feliz y sigo enfrentando la vida", subrayó.

"Si algo he apreciado es la vida, no hay que tener algo para realmente saber qué es la vida y la vida se hizo para vivirla, para agarrar experiencia de ella y no nada más para decir ya pasó un día más, no nos podemos quejar del pasado, y si nos vamos a quejar, vamos a quejarnos de nosotros mismos, por no querer hacer las cosas", afirmó.

INFOMX/NTX/MCC/PSG