Lunes, 22 de enero de 2018 | Año XVIII | No: 6264 | CEO: Francisco J. Siller | Dirección General: Rocio Castellanos Rodríguez

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updated 11:46 PM CST, Jan 22, 2018
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Un remedio para las mentes cansadas

México.- Desde hace más de 400 años, a través de esos muros de cantera color gris, desde un nicho con puertas de cristal, esos ojos y oídos han visto y escuchado el caminar de mucha gente, su felicidad y su desdicha. Ya pasaron 65 años desde que dos compañeros llegaron a socorrerla. El primero, portando dos grandes alas extendidas, se ve a lo lejos en una lucha interminable contra un dragón y el otro, a la derecha de su recinto, rodeado de flores y arbustos recortados, se dice llamar “El Príncipe De La Paz”. Ahora son ellos tres quienes protegen a esos seres que van de aquí para allá día tras día. 
Después de subir un par de escalones y pasar bajo un arco, se llega a una superficie plana y gris, la plaza de la Basílica de Los Remedios. Al lado derecho se observa la iglesia, una construcción de cantera gris y estilo barroco que data del siglo XVI, edificada especialmente para albergar la imagen más antigua del continente americano, La Virgen de Los Remedios. Al mirar al frente, a lo lejos se aprecian dos arcos más, que a primera vista, pareciera que conducen a las nubes o al cielo, pues el azul y el blanco es todo lo que se ve a través de ellos. 
“Deposite su chicle aquí”, dice un letrero al lado de la puerta principal de la iglesia, donde el sacerdote da su sermón a todas las personas sentadas en las bancas de madera, quienes silenciosamente, escuchan sus palabras y repiten sistemáticamente las oraciones cuando se les indica.  
El sol se pondrá hasta en unas horas, por lo tanto, las risas, los murmullos, los correteos y los gritos no cesan en la plaza. Personas de todas edades, tamaños, colores y pensamientos pasan de aquí para allá o permanecen sentadas en el muro bajo la pared que rodea el recinto.
“Quesos de rancho” Se escucha la voz de un vendedor que está a unos pasos de los arcos de entrada, mientras, a unos metros de ahí, sin dejar de asomar la cabeza en las garrafas con nieve, alguien pregunta ¿Cuáles son las de a 15? 
Al mismo tiempo, en un rincón del espacio frente a la iglesia, se lleva a cabo una lucha feroz. Un objeto de plástico duro color rojo impulsado por una cuerda de aproximadamente un metro, gira como un tornado con su punta de metal clavada en el piso, cuando otro, con las mismas características, pero de un color verdoso, es lanzado y comienza a girar justo al lado de este, propiciando golpes que debilitan su fuerza. Pompas de jabón de diferentes tamaños pasan por arriba de los contendientes mientras se desarrolla la batalla. La velocidad de los giros en ambos se comienza a debilitar por los continuos choques hasta que los dos, al mismo tiempo, se quedan sin movimiento. ¡Casi! le dice un niño de aproximadamente 7 años al dueño del trompo verde dándole una palmada en la espalda. 
“Ahora los nietos con los abuelos”, dice una mujer que sostiene un celular con las dos manos apuntando a un grupo de cuatro pequeños y una pareja de adultos mayores quienes, con el templo de fondo, toman posición para la foto. Mientras tanto, frente a la entrada de la basílica, unas tiras de papel brillante que cuelgan de una pequeña pelota de goma se extienden y parecen volar en los aires, en ese momento, suena el sonido del flash y la pelota cae en las manos de una niña, quien desde que arribó con sus padres a la plaza, no deja de votar su nuevo juguete.  
En la esquina derecha, frente a la puerta de la basílica, un hombre que porta ropa de manta blanca con adornos de flores, empleando largas zancadas, comienza a subir unos escalones que salen de un tubo azul de aproximadamente 30 metros de largo cimentado en el piso verticalmente. Uno, dos, tres, cuatro hasta llegar al peldaño número 23 donde se encuentra con una aro de madera que rodea la cima del “palo volador” donde sus cuatro compañeros tomarán lugar en unos minutos para comenzar el ritual. 
Todos los seres que se han quedado abajo alzan la vista hacia las ahora cinco personas que están en lo alto. Mientras cuatro de ellos atan su cintura a unas cuerdas, uno se encuentra en el medio del tubo tocando la melodía para la fertilidad de la tierra con un tambor y una flauta. Más de cinco personas sacan su celular cuando estos cuatro hombres, con el sonido de unas campanadas de fondo, comienzan a volar alrededor del tubo azul dándole 13 vueltas cada uno hasta llegar al piso.
Al cruzar los mismos arcos de entrada, se escuchan muchas voces que ofrecen desde gelatinas y hot cakes hasta papalotes y tlayudas veracruzanas. En medio de estos sonidos, junto a un kiosco que está a la salida, un grupo de personas se ríe sin para por las gracias de un payaso, que en ese instante, porta un vestido rosa como los que usan las niñas en su fiesta de XV años, y junto a cuatro hombres elegidos del público, baila el clásico vals.  
“El mejor pozole de Los Remedios” se pude leer en una lona de publicidad a unos pasos de ahí atravesando un pasillo para llegar a una zona donde sirven comida y bebida. No hay ninguna mesa donde no haya un tarro de la tradicional “Michelada” además que las hay de diferentes sabores: tamarindo, gomichela, mango y más.  
Decenas de personas caminan todos los días por estos pisos, algunos quieren escuchar las palabras del sacerdote; otros desean ver a esos cuatro hombres que vuelan alrededor de un tubo color azul a quienes llaman “Los voladores de Papantla”; los más pequeños esperan llegar a divertirse y los restantes sólo pretenden llenar el estómago y descansar. Todos ellos reunidos en este lugar que les da lo que buscan, un remedio para las mentes cansadas.