/** +/ “Trae algo o te jalaré de las greñas”, entre el maltrato y la indiferencia | Infórmate Diario

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“Trae algo o te jalaré de las greñas”, entre el maltrato y la indiferencia

Foto de archivo.Foto de archivo.

 

México.- Se lee Hidalgo en letras grandes y blancas sobre un fondo azul en una de las paredes de la línea 2 del metro. Esa que atraviesa en 24 estaciones la Ciudad de México de Norte a Sur o viceversa, según sea el destino. Se detiene el vagón y por la ventana se alcanza a ver uno de los relojes digitales que se encuentran en los pasillos de cada estación. Por suerte éste funciona y marca la hora correcta, 14:10 en vibrantes números rojos.
Se abren las puertas del vagón y como sucede al quitar un tapón, sale a presión un sobrado número de personas, lo que hace que se desahogue un poco el espacio y algunos pasajeros vuelvan a respirar.
Comienza a sonar la alarma que anuncia el cierre de puertas, e inesperadamente una mujer arroja de forma brusca a una pequeña, quien se acaricia levemente el brazo del cual la venía jalando su madre. Se cierran las puertas y después de recorrer todo el vagón con la mirada, como buscando que no la fueran a descubrir. La mujer comienza a declamar casi de forma robótica, “vengo a pedirles su ayuda para poder comer, con la moneda que nos gusten apoyar, es para alimentar a mis hijos”.
La fémina de aspecto corpulento y melena despeinada, vestía una camiseta blanca, desgarrada y sucia, que dejaba ver parte de su abdomen desproporcionado y desaseado; unos pantalones azules muy desgastados y rotos, que apenas alcanzaban a cubrir su cadera. Iba descalza, sus pies estaban sucios, pero no tenían heridas y tampoco lucían maltratados, lo mugriento en ellos, parecía que lo habían dibujado premeditadamente.
Esa señora de aspecto descuidado, más que en situación de pobreza, daba la impresión de ir disfrazada, pues aunque aparentaba ser una persona en condición de calle, su rostro se veía repuesto y vigoroso. Y su vestimenta parecía ser un disfraz, al que complementaba con un viejo rebozo donde sostenía a un niño. El cual tendría a lo mucho un año de edad, iba sucio y lloraba desesperadamente con una mamila casi vacía entre sus manos.
Caminó unos cuantos pasos rumbo al otro extremo del carro y tras ella venía la niña que minutos antes había aventado para alcanzar entrar al vagón. La pequeña de escasos cinco años de edad lucía una camiseta morada y un pantalón rosa, extremadamente sucios; unos tenis muy desgastados y llevaba sobre sus hombros una enorme mochila que casi la superaba en tamaño. Avanzaba con la cabeza mirando al piso, y su cabellera lacia y negra a la altura de sus hombros cubría su cara. Entre sus pequeñas manos sostenía un vaso de plástico blanco, el cual acercaba de forma tímida a algunas personas para que depositaran una moneda.
Llegó la chiquilla a mitad de vagón y chocó con su madre, quien seguía recitando las palabras donde suplicaba le dieran una moneda. Al ver que la pequeña no llevaba dinero en el vaso, la tomó del brazo y la jaló bruscamente para acercarla y susurrarle al oído: “ya te dije que llores, o estos no nos darán nada. Regrésate y vuelve a pedir, trae algo o te jalare de las greñas”. Palabras que recitó la madre a su hija, con un cólera visible y que dejaron a la niña asustada. Pero que pocos se percataron de la acción debido a la indiferencia que resulta de ir absortos en sus propios problemas.
La pequeña retrocedió en el vagón y con los ojos visiblemente llenos de lágrimas, se acercó a las personas que venían sentadas y les mostró nuevamente el vaso, pero ahora con un gesto de súplica para que le depositaran alguna moneda y la libraran del castigo. A quienes no le hacían caso, los jalaba sutilmente de la ropa para sacarlos de su indiferencia.
La mayoría de las personas ignoraron la petición de la niña, y es que esta escena en el metro de la Ciudad de México es recurrente, de acuerdo a cifras del Sistema de Transporte Publico existen aproximadamente 800 menores de entre 5 y 12 años que laboran dentro de las instalaciones. Algunos como esta pequeña van en compañía de adultos que los vigilan en el recorrido, pero hay otros que andan deambulando solos en busca de ganar algo de dinero, ya sea pidiendo o vendiendo algún producto. A raíz de los operativos que se realizan en el metro en contra de los vagoneros, se ha detectado un aumento en la cantidad de niños que son utilizados para trabajar en la red de transporte y esto es debido a que ellos por ser menores de edad no pueden ser remitidos al Ministerio Publico, situación que han aprovechado algunos para seguir con el comercio ilegal en el metro.
Ante la situación de la pequeña sólo una señora se mostró empática, y aunque llevaba las uñas recién pintadas, pues las iba agitando de un lado a otro para que el aire las secara; metió la mano a su bolso y sacó su cartera, de la cual tomó un billete de veinte pesos y se lo dio en la mano a la niña, acompañado de una manzana que también traía en el bolso.
La niña tomó el dinero con mayor entusiasmo que el que mostró por el fruto, y apenas le devolvió una ligera sonrisa a la señora, para correr de inmediato a la puerta donde ya la esperaba su madre. Quien bajó del tren apenas abrieron las puertas.
Ante la escena, la señora que compartió unos pesos con la niña, de forma indignada y alzando la voz, comentó a una chica que iba sentada a su lado: “no sé por qué hay madres que en lugar de trabajar usan a sus niños para causar lástima y conseguir dinero”, y continuo agitando sus manos para secar la pintura de uñas. La chica la escuchó apenas volteando levemente la cara y sólo movió la cabeza en señal de apoyo al comentario. Algunas personas que prestaron atención a las palabras de la mujer mostraron un poco de indignación, y a lo lejos se escuchó decir a un hombre: “yo por eso no les doy nada”. Segundos después todos los que viajaban en el vagón, volvieron a la indiferencia habitual y a la profundidad de sus pensamientos.

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