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Sábado, 22 de julio de 2017 | 09:55 | Año XVII | No: 6080 | CEO: Francisco J. Siller | Directora General: Rocío Castellanos
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Santo Domingo, el lugar donde lo apócrifo es negocio

 

México.- Flanqueada por locales que se dedican a la imprenta de invitaciones, volantes, y trípticos, entre otras cosas, se abren las inmensas puertas de una vecindad que evidencia el paso del tiempo. En su interior unas austeras escaleras conducen a la parte superior del inmueble, las cuales conectan con diversos cuartos. El primero de ellos, ascético, de no más de cinco por tres metros, sirve de escenario para la fabricación de documentos “oficiales” apócrifos. En el lugar no hay más que un pequeño escritorio blanco de madera, donde una mujer y su acompañante revisan una identificación que les acaban de entregar y al parecer cumple con sus expectativas.

Credenciales de elector, cédulas profesionales, pasaportes, certificados escolares y licencias para conducir son sólo algunos de los tantos documentos que Armando se encarga de emitir a cualquier persona que cuente con más de mil pesos (dependiendo del documento) y un par de horas de tiempo.
Rodeada por El Palacio de la Santa Inquisición, el antiguo Edifico de Aduanas y las casonas de Diego Pedraza y Juan Jaramillo, la plaza de Santo Domingo sirve como lugar de encuentro para personas que necesitan hacerse de un documento que las respalde como mexicanos, mayores de edad o licenciados, y es que no es ningún secreto para los capitalinos y las autoridades que en este lugar los documentos falsos se ofertan a plena luz del día.
En nuestro país la falsificación de documentos está señalada en el Código Penal Federal como un delito y puede castigarse hasta con ocho años de prisión, a pesar de esto, para los dueños del negocio, los compradores y hasta para la misma autoridad, es una actividad que es de lo más común en Santo Domingo. Basta dar unos cuantos pasos entre los negocios de imprenta que ahí se encuentran para que te aborden personas que recitan de forma insistente, “¿qué necesitas? Nosotros te lo conseguimos”.
Para obtener una cédula profesional que te acredite como licenciado en cualquier rama del conocimiento, en México es necesario cursar una carrera en alguna institución universitaria autorizada por la Secretaría de Educación Pública, cumplir con los requisitos de titulación que éste solicite (tesis, tesina, trabajo profesional, prácticas profesionales) y realizar un servicio social como retribución al gobierno. Todo ese proceso se realiza en un promedio de tres a cinco años. En la plaza de Santo Domingo este tiempo se reduce a solamente dos horas.
“Nomás necesito tu nombre, tu CURP, la carrera que quieres y una foto tuya pa´ ponerla en tu cédula”, señala Armando en el interior de su oficina. El precio de la cédula profesional que él fabrica es de $1,800 pesos “con todo y candados de seguridad por si la revisan” dice, al momento en que pasa una de las cédulas, que sirven como muestra, por una pequeña máquina de luz ultravioleta que muestran diversos sellos que a simple vista no se ven.
La Dirección General de Profesiones de la SEP, institución encargada de emitir las cédulas profesionales oficiales ha modificado constantemente las cédulas que expide con el fin de evitar sus falsificaciones. Las cédulas profesionales oficiales cuentan con hologramas, códigos de barras y están hechos con una tinta ópticamente variable (OVI), código bidimensional y línea en microtextos; asimismo, han cambiado de color al pasar de los años, antes del 2015 eran impresas de manera vertical y en color verde, en 2015 comenzaron a expedirse en color azul y de manera horizontal, para dar lugar al blanco. Todos esos elementos los contienen las cédulas que Armando fabrica “te puedo hacer la nueva cédula o la anterior, cualquiera que me pidas y de la carrera que desees”.
Para mayor seguridad las cédulas profesionales ahora se encuentran registradas y pueden ser verificadas en la página oficial de la Dirección de Profesiones únicamente ingresando el nombre completo de la persona cuya cédula se pretende verificar. Lo anterior es la única carencia que tienen las cédulas profesionales que se fabrican en Santo Domingo “el número que te pongo es el que vaya saliendo dependiendo del número de serie de las otras cédulas, es progresivo, pero si lo buscas en la página oficial no te va a salir. Este documento no te sirve para entrar a chambear en el gobierno ni hacer ningún trámite ahí, pero para empresas privadas no hay bronca” confiesa Armando.
Sin embargo, no todos los “impresores” afirman lo anterior. Un hombre de aproximadamente 60 años, de no más de 1.60 metros de estatura, delgado, cuya cabeza es coronada por una gorra del color del sol (quien prefirió no dar su nombre) asegura que las cédulas que él fábrica sí aparecen en la página de la Dirección General de Profesiones. Su puesto, ubicado dentro de la Plaza de Santo Domingo colindando con la calle de Belisario Domínguez, se limita a un escritorio con una máquina de escribir, en la que debajo de ella esconde las muestras de los documentos falsos que emite. “Tú me das la carrera que quieres y yo busco el número de folio que coincida con la carrera para que tu cédula aparezca en la página oficial”.

Licenciado en un par de horas…
Datos proporcionados por CIEES (Comités Interinstitucionales para la Educación Superior, A.C.) en el ciclo escolar 2014-2015 casi tres millones de mexicanos se encontraban estudiando una licenciatura, de los cuales poco más de 400 mil lograron egresar, es decir el 13.3%. Falta de dinero, problemas familiares, embarazos no deseados o la apatía hacia el estudio son las causas más comunes de la deserción escolar. La falta de estudios de nivel superior limita la oferta laboral para los mexicanos, quienes, ante la escasez de trabajo por su carencia de estudios, se ven obligados a aceptar trabajos mal remunerados y sin futuro o a dedicarse al comercio informal.
José Manuel Sánchez “El Nenorro”, puede emitir, a cualquier persona que así lo desee, cédulas profesionales en cualquier carrera para que las personas tengan la oportunidad de encontrar un trabajo bien remunerado en empresas privadas de manera fácil. “Dame $900 varos, tus datos, la carrera que quieres, tu foto y tu firma y te tengo tu cédula en hora y media” dice, confiado, “El Nenorro”. En caso de que la persona que busca su cédula no lleve consigo una foto oficial, José Manuel se encarga de tomárselas por $50 pesos en un estudio que tiene en República de Brasil “y hasta el traje te pongo en la foto”, comenta de forma orgullosa.
Las cedulas profesionales oficiales las emite la Dirección General de Profesiones por un pago de 1,182 pesos, y una serie de requisitos, como: copia certificada del acta de nacimiento, CURP, Certificado de bachillerato, Certificado de estudios profesionales, Constancia de liberación de Servicio Social, Acta de examen profesional o constancia de que no es exigible dicho examen, dos fotografías recientes, tamaño infantil en blanco y negro con fondo blanco, en papel mate con retoque de frente, y Título profesional. Así mismo el trámite para la emisión de la cédula dura, al menos tres meses. Lo anterior en contraste con lo que ocurren en Santo Domingo en donde el costo por una cédula profesional apócrifa oscila entre $900 y $1800 pesos, y sólo basta con saber tu CURP, elegir la carrera y tomarte una foto improvisada, así al paso de dos horas recibir tu cédula profesional instantánea.

Te sacan del apuro…
Ericka quien tiene más de 10 años de experiencia laboral como contadora, confesó que hace algunos meses se vio en la necesidad de acudir a Santo Domingo para conseguir un título falso. Tras un recorte de personal en la empresa en la que laboraba la despidieron y tuvo que enfrentarse a la odisea que es conseguir trabajo en nuestro país.
Después de varias entrevistas se dio cuenta que a pesar de la experiencia el no tener una carrera le complicaba el colocarse en un buen empleo. Por lo que decidió pagar $1500 para obtener el título de Contador Público. “Sé que no es lo correcto, pero es la forma más fácil, inviertes unos cuantos pesos y tienes el dichoso papelito”.
Aunque le aseguraron que el documento que compró era de la mejor calidad y a simple vista lo parecía, comenta que cuando lo presentó en la empresa tenía miedo que notaran su falta de autenticidad, “estaba a la expectativa que me dijera algo el de recursos, pero la verdad es que sólo revisó mi nombre y lo pasó de largo, así de sencillo fue”.
Ésta es sólo una de las de las tantas historias que podrían contar las personas que han decidido acudir a Santo Domingo, en busca de un documento falso para salir del apuro.

Pero ¿y la ley?
El artículo 244 del Código Penal Federal (CPF) contempla, dentro del delito de falsificación de documentos, el elaborar, documentos o cualquier otra identificación oficial, sin contar con la autorización de la autoridad correspondiente, lo que sucede con la emisión de las cédulas apócrifas; también prevé dentro de dicho delito el poner una firma o rúbrica falsa alterando una verdadera, situación que acontece en Santo Domingo, toda vez que las cédulas que ahí se expiden cuentan con la firma del Director General de la Dirección General de Profesiones, el Dr. Bernardo Espino del Castillo Barrón. Las penas por este delito son de cuatro a ocho años de prisión y de 200 a 360 días de multa, tal y como se establece en al artículo 243 del CPF.
No obstante lo anterior, en Santo Domingo se oferta documentos falsos a plena luz del día y a cualquier transeúnte que camine por los talleres de impresión de la plaza. La impunidad es clara, a pesar de que la mayoría de los capitalinos conoce las actividades que se realizan en la Plaza de Santo Domingo, el delito en que se incurre no es castigado “sí, sé que ahí se sacan documentos falsos y todo eso, pero la verdad yo no lo he hecho”, comenta Ariadna Cisneros, visitante asidua del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Al preguntarle a los policías de Seguridad Pública capitalina, que se encuentran en las inmediaciones de la plaza, sobre los actos ilícitos que se realizan en la misma, éstos guardan silencio, aceptan que conocen de las actividades que se realizan en Santo Domingo, pero se justifican, “no puedo hablar de eso, porque me regañan, si publicas esto y me hacen un reconocimiento de voz me andan hasta corriendo”, dice un policía, que no quiso dar su nombre, apostado a un costado de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. En otro intento de conocer la versión de los uniformados se obtiene la misma respuesta, “si mi jefe me ve hablando, me va a regañar” confiesa José Luis Herrera, Policía Auxiliar.
Para acreditar la existencia del delito de falsificación, según el Código Penal Federal, se necesita que concurran los requisitos siguientes: “Que el falsario se proponga sacar algún provecho para sí o para otro, o causar perjuicio a la sociedad, al Estado o a un tercero; Que resulte o pueda resultar perjuicio a la sociedad, al Estado o a un particular, ya sea en los bienes de éste o ya en su persona, en su honra o en su reputación, y Que el falsario haga la falsificación sin consentimiento de la persona a quien resulte o pueda resultar perjuicio o sin el de aquella en cuyo nombre se hizo el documento.”, requisitos que cumplen, al pie de la letra, los comerciantes que se encuentran en la Plaza de Santo Domingo y que, sin embargo, no han sido castigados.
Ya sea el mutismo de las autoridades ante la flagrancia del delito, la apatía del mexicano por obtener un título profesional a base de esfuerzo y sacrificio, la falta de empleo a pesar de la especialización de la persona que lo busca o, simplemente, la necesidad de tener un documento que te avale ante cualquier institución, la expedición de documentos falsos en la Plaza de Santo Domingo, a espaldas del monumento de “La Corregidora”, existe, perdura y no se castiga.

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