Julio político
El verdadero triunfo de los pasados comicios fue que las dirigencias del PAN y el PRD salieron fortalecidas.
Estamos a unos días de terminar el mes de julio del 2010, mes que desde principio de año pensábamos marcaría un parteaguas en el año: antes de julio sería guerra electoral, después de julio vendría una pausa nacional para que la clase política se envolviera en la bandera del nacionalismo amparada en las fiestas centenarias.
Pero como muchas veces volví a sobreestimar a quienes hoy abanderan la política mexicana. La pausa nunca llegó y por el contrario parece que la tensión preelectoral aumentó; de esa manera, el mes de julio del 2010, justo a dos años del mes en el que elegiremos al próximo Presidente, ha visto desfilar conflictos poselectorales, cambios en el gabinete, resoluciones de la Suprema Corte de Justicia que reducen las pensiones máximas a jubilados, huelgas de hambre que terminan y que reviven el conflicto entre el gobierno y el Sindicato Mexicano de Electricistas, resoluciones del IFE para prohibir al Presidente la difusión de logros durante las campañas electorales y, por último, un gran evento masivo en el Zócalo de la ciudad de México, donde Andrés Manuel López Obrador prácticamente inicia su campaña rumbo a la candidatura de la izquierda. En un acto que muestra el músculo de su movimiento, y lo presenta como quien puede despertar de nuevo entre sus simpatizantes una esperanza de triunfo, que hoy se ve más lejos que hace seis años, pero que es imposible predecir ante los escenarios volátiles que las pasadas elecciones locales mostraron.
Cada uno de estos temas es por sí mismo significativo, pero es de destacar los cambios en el gabinete que de no darse una sorpresa muestran el reacomodo final que el Presidente hace para enfrentar dos cosas: la etapa final de su gobierno y la campaña para imponer primero un candidato, y después un Presidente como todo Mandatario intenta hacerlo; de esta manera, el mandar a su vocero al PAN no es otra cosa que cerrar la distancia entre su oficina y la de su partido político; de la misma manera, la tan anunciada salida de Gómez Mont para ser sustituido por un excompañero Diputado con fuerte filiación panista cierra la puerta a dudas sobre su intención de ir por todas las canicas. Desde el gobierno, no lo podrán acusar de rendir la plaza.
Las dirigencias
Como lo escribí hace días, sostengo que el gran triunfo del presidente Calderón el pasado 4 de julio no fueron las gubernaturas ganadas en Sinaloa, Oaxaca y Puebla, porque finalmente en esos gobiernos no es claro que tendrán filiación panista, no.
El verdadero triunfo se da porque las actuales dirigencias tanto del PAN como del PRD salen fortalecidas rumbo a la renovación que vivirán el próximo año, y hoy hay pocas dudas de que en el PAN será de nuevo Felipe Calderón quien tenga el voto decisivo, y por el otro lado, la corriente de Jesús Ortega intentará mantener el control del PRD. Si eso se logra, la idea de las alianzas rumbo a los comicios del año que entra y rumbo al 2012 seguirá prevaleciendo.
Por el otro lado, en el PRI, la contienda por la renovación de su dirigencia a realizarse en marzo próximo se adelanta como la gran batalla previa a su contienda por la candidatura. La importancia de elegir a quien será el árbitro es la demostración de fuerzas o la evidencia de acuerdos; nombres hay muchos: Murillo, Beltrones, Gamboa, Eugenio Hernández, Rojas, Fidel Herrera y muchos más. Pero la forma en que se elija seguramente no será en un proceso abierto. Habrá acuerdos porque no pueden arriesgarse a una división justo antes de la elección para Gobernador en el Estado de México, ya que es un lujo que no pueden darse.
¿Y los festejos?
Faltan siete semanas para el aniversario de los 200 años de nuestra independencia y el espíritu festivo por ese cumpleaños está ausente, ni en el discurso oficial ni en las pláticas ciudadanas se nota un orgullo patriótico. Ni un ánimo de mexicanidad o incluso un incremento en el interés por conocer nuestra historia; no, nada de eso existe y seguro no era el plan de este gobierno al iniciar el sexenio, pero la realidad es más fuerte que cualquier plan. Así que la economía y sobre todo las condiciones de inseguridad hacen poco probable que el sentimiento de alegría sea el predominante, ni modo, ¡ya será para el tricentenario!
read full article