El atractivo de la playa.La manera más recurrente para involucrarse con la promoción turística, es a través de las revistas, uno de los múltiples medios que fija la mirada atentamente en las playas, sorprendiéndonos con las enormes riquezas naturales que tienen aquellos litorales mexicanos, por sus innumerables peces de colores, que comúnmente salen a cuadro ante alguna cámara y las puestas de sol en las costas. ¡Todo un sueño para el aburrido capitalino!, que no sale de su rutina cotidiana, el trabajo y la casa.
Este escenario vino a mi mente, el día que decidí acercarme a lo que es la promoción turística. ¡Claro!, en un plano muy diferente, porque a través de ello, logré conocer lugares verdaderamente ricos e inigualables de nuestro país. Y es que en realidad, la promoción turística exige más que el simple hecho de saturar información, -como comúnmente aparece en los folletos de agencias de viajes- o dando una embarrada de los sitios para visitar, contrario a esto, ofrece la posibilidad de conocer regiones con riqueza cultural.
Por ejemplo, sólo basta con mirar las páginas electrónicas donde las grandes cadenas turísticas como "Travel by Mexico" venden elegancia, estilo, moda, y lujos. Aspectos que sinceramente suenan bastante superficiales e innecesarios. El mismo portal tan conocido en la actualidad de "Visit Mexico", de igual forma, lo único que hace es arrojar la información sugiriendo un lugar para visitar.
Primordialmente la base de esta labor, es la búsqueda de una adecuada información en la vocación periodística; que sirva para acercar al turista, no sólo por el estatus que le dé el viajar en estas compañías o por lo que pueda pagar, sino porque en verdad el recorrido desde el preciso momento en que dan la información, llegue al corazón, algo que enamore y anime a disfrutar el increíble viaje.
Ese fue el mayor reto al que me enfrenté, cuando tomé la decisión de ser promotor turístico, y especializarme en algo que la gente agradecería, concentrándome más allá de ver simples imágenes y folletos confusos, llenos de datos, nombres de lugares, direcciones o la imagen de uno que otro turista alejándose en el ocaso de una maravillosa playa. Lo más importantes es llegar a la esencia de los pueblos, al color de sus calles, al aroma de su comida y al corazón de sus bailes.
Algo intangible y que muy pocas veces reconocemos, es experiencia pura y extraña. Extraña porque más que acercarnos a lo desconocido, nos permite tener una aproximación inmediata con el otro, ese lugar o personaje, que nos avienta al vacío de lo inexplorado y nos cultiva de sensaciones ajenas para adentrarnos a un mundo distinto.
Al respecto, recordé mi visita a Pachuca, me sorprendí por el inmenso mar de estrellas tendidas en el cielo, un espectáculo único e irrepetible. Mientras tanto, mis sentidos plasmaban imágenes realistas sobre las leyendas que relataba un lugareño, en su voz se resaltaba la pasión con la que se expresaba, haciéndome sentir inmensamente parte de su historia entre los sembradíos frutales de la región.
Expresar y dejar plasmadas esas emociones y sensaciones es lo más riesgoso. El periodista carga con un sin número de información, revueltas con historias y sentimientos, que no son tan fáciles de cargar, ¡pesan mucho! y más, cuando sabes que esto trae consigo la corresponsabilidad al contar una de esas historias; por lo tanto, no sabes de qué manera lo tomará el lector, o con lo que te encontrarás, se tienen pretensiones y especulaciones, pero la realidad es otra.
Como cuando realizaba una investigación sobre el Barro Negro de Oaxaca, con el propósito de resaltar su importancia turística, ¡nadie sabía nada! La información más inmediata era del Museo de Arte Popular, en donde los únicos dos libros que contenían este tema se limitaban a escasos tres párrafos. ¡Te imaginas!, parecía que algo tan importante como lo son nuestras artesanías mexicanas, poco importaban. En las páginas web, ¡olvídalo!, era la misma información revolcada y plagiada por las agencias de viajes.
Lo mejor en cualquiera de los casos, es ir tu mismo y preguntar, aventurarte, internarte en las voces de los actores, brindándoles la oportunidad de ser escuchados. Abriendo las puertas del anonimato para que sus tradiciones, usos y costumbres sean expuestos al mundo entero, pero siempre con respeto, y con buena disposición hacia los temas y puntos de vista de cada personaje, sólo así, se conoce a detalle el lugar que visitas.
Esto sin duda fue una gran lección de vida. Sé que el camino no se forjó en un pequeño trecho, que la distancia hizo de las suyas durante mi andar por las veredas del turismo. El papel del periodista no es sólo botar la información y dejar el hueco de lo intencional... de lo verdaderamente útil para lector: el sabor de las fiestas, tradiciones y artesanías, el olor de las comunidades, las emociones de nuestros informantes, y lo más relevante, nuestra pasión por el andar en el camino.
Evidentemente, la promoción turística brinda grandes satisfacciones, como cuando le di voz a las escaramuzas charras, y por primera vez salieron a luz todos los obstáculos por los que pasaron y el esfuerzo para que se les tomara en cuenta, como parte del Articulado Federal Charro. Son ellas actrices representativas, que promueven nuestras fiestas y tradiciones mexicanas, y que son merecedoras de ser reconocidas.
O cuando visité el pueblito de Bernal en Querétaro, la magia de la peña, al sentir su misticismo impresionante, el dulce sabor de los típicos dulces de leche y el aroma irrepetible de sus calles, lo convertían en un sitio que no sólo saciaba mi hambre cultural, si no que añadía un toque de ambiente tradicional, lo que me hacía sentir en casa, como si yo fuera parte del poblado. Esas experiencias son justo las que hay que plasmar, lo que no se puede tocar pero si sentir, esas sensaciones son las que se deben trasmitir.
Y es justo al final cuando la nostalgia de los recuerdos que te acompañan, te enseñan esa enorme corresponsabilidad con el conglomerado de ideas y sensaciones, de personajes que golpearon en lo profundo del ser y abrieron nuevas visiones. Debo reconocer que como nueva en esto, toqué miles de puertas, siempre comenzando al azar, ese azar que nunca se equivoca, y que me permitió trasmitirles lo que hoy he aprendido sobre la promoción turística.
Pero, durante mi recorrido siempre me surgió una duda, ¿por qué los periodistas que están en esto, no realizan a profundidad su trabajo? Todo tiene que ver, según la editorial política de su medio, el ritmo de trabajo y la ética del periodista -en fin pretextos y pretextos-. Sugiero, y es necesario, plantear bien nuestros proyectos, tener una idea clara y siempre objetiva hacia lo que vas a hacer o decir, ¡claro! en el camino te vas a equivocar, pero el golpe será menos duro si te encuentras bien parado.
También aprendí que tocando temas, que nada tienen que ver con el sol y la playa de la que te hable en un principio, podemos llegar al turismo, con miradas profundas, en la conmoción y la energía de los que intervienen en nuestros temas. No vale la pena hablar sobre los lindos paisajes de una cuidad si no nos internamos a las entrañas de sus paseantes, o de sus actores, si restamos importancia a las interpretaciones de los lugareños, si en nada nos importan los sabores y olores de su comida, de sus calles y de su gente.
El entusiasmo y las ganas de los que pasaron y nos dejaron sus historias, los que se ofrecieron a cooperar, revolcando sus conocimientos para dejarlos plasmados en las líneas de un texto, y seguir en el andar; aquellos que trabajando y cultivando sus tradiciones construyeron más historias. Me siento orgullosa del pueblo mexicano, por su calidez, la disposición hacia el viajero y la pasión por lo que hacen, dejando promover su cultura.
Es así como llegamos a las veredas de Tepotzotlán, en un recorrido inolvidable hacia el Camino Real de Tierra Adentro, el camino de la plata. En esta parada, podemos deleitarnos con la gran cantidad de piezas realizadas en plata. Cada una denota la pasión de su escultor, no sólo porque son hermosas sino porque están repletas de detalles, como si el artista quisiera forjar un pensamiento, una sonrisa, tristeza o melancolía; cada una de ellas es única, pues lleva consigo una parte de aquél que la crea y le da vida; colmada de historias sorprendentes que se reflejan en su valor artesanal.
Además, Tepotzotlán es un pueblo lleno de magia e historia, en el Museo Nacional del Virreinato, en su increíbles paisajes naturales, al visitas su plaza y encontrarte con los paseantes y vendedores en el mercado, que impregnan ese sabor a mexicanidad, pues turismo y cultura, son un binomio intangible, que junto con las industrias culturales, hacen de este poblado un espacio de encuentro. El turismo se recrea y busca la atracción turística a través de su historia virreinal, como parte del patrimonio de la humanidad, sorprendiéndonos con los brillantes retablos, techos y pisos del siglo XVIII en el templo de San Francisco Javier, extraordinario lugar.
En definitiva, el turismo cambió mi vida, abrió un mar de posibilidades. Desenterró aquella pasión por caminar en los senderos de las comunidades, buscando el lado profundo de la cultura nacional, enriqueciendo el pensamiento y extrayendo emociones, y alegrías de las fiestas mexicanas para agregar el color y el sabor de un turismo variado, profundo e innovador; para quien como yo, está convencido de que, la promoción turística puede acercarte al corazón de las tradiciones populares y resaltar su esencia para insertarla en el alma del lector.
La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM.
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