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Once años al servicio de la verdad

Miércoles, 23 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4193
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

Para verte por última vez...

♦Preparar un cuerpo para darle el último adiós no es tarea sencilla. Los pocos que se dedican a esto son hombres que requieren valentía y un estómago fuerte, e incluso una gran necesidad económica. Tal es el caso de Omar, que desempeña esta tarea, la cual considera gratificante.

El formol perfuma toda la invernal sala, pero se mezcla con el rancio aroma de sangre humana. Hay dos hombres limpiando las planchas de acero y el piso, con las sábanas que pertenecieron a los cuerpos y algunas de éstas manchadas con tonalidades rojizas y amarillentas.

Ahora el aromatizante y el cloro suavizan el ambiente de formol. Tras terminar la limpieza, uno de los hombres, de estatura mediana, tez morena y cabello corto, vestido con una bata azul maltratada y con guantes de plástico se acerca.

Es Omar Mayorga, de 25 años, quien desde hace dos años labora como embalsamador, aunque también maquilla y reconstruye cadáveres. La necesidad económica lo motivó a realizar este empleo, quien en un principio solicitó la vacante para ser carrocero, en Servicios Funerarios Grossman, ubicada en la Colonia Doctores, cercano al Centro Médico Siglo XXI.

De pie, calzando zapatos deportivos, sus manos juntas y mirando hacia la blanca y fría pared de azulejo o a su compañero que no termina de limpiar el piso, comenta que su trabajo le trae mucha satisfacción, que es gratificante, ya que el fin de preparar un cuerpo es el que los familiares del difunto lo vean por última vez, sabiendo que se va tranquilo y con una buena imagen. Algunos deudos, agrega, le agradecen su labor.

Afirma que cuando inició a embalsamar, gracias a Roberto Hirata (encargado de los Servicios Funerarios), se le enseñó a tratar a los cuerpos con cuidado, respeto y cariño que se merecen. Incluso, que parte de su preparación es hacer la idea de que el difunto que trata es su padre o madre o bien, algún ser querido.

Sin embargo ya ha embalsamado a un amigo que hace un año murió en un accidente vehicular. "Ya sabía que él era un desmadre y que tarde o temprano le iba a pasar", subraya irónicamente.

No sólo a su amigo ha tenido que embalsamar, sino a todo tipo de personas, no importa su condición sexual, religiosa, económica o social. También a gente asociada con el poder, como a la madre de Martha Sahagún de Fox o Alejandro Martí, hijo del empresario Alejandro Martí, secuestrado y asesinado el año pasado.

Un trabajo, dice, que lo ha hecho madurar, de darse cuenta que los excesos conllevan riesgos e incluso la muerte. Todo esto lo deduce debido a que muchos muertos son debido al estado etílico en el que estaban o bien, por la obesidad y los riesgos que generan como la diabetes. Por esos motivos, todo bebe con medida y procura hacer ejercicio.

Para él, teniendo como objeto de trabajo muertos, ve a la muerte como el fin de todo. No cree en un más allá o más acá, "llegas a planchas y ya se acabó". Nunca le ha dado miedo la muerte, según sus palabras, pues es parte de un destino y considera que parte de su destino es embalsamar.

Es padre de un niño de 5 años, al cual siempre le platica sobre su trabajo y en ocasiones ha venido a este anfiteatro. Cuando viene con su hijo, éste saluda a los muertos sin miedo alguno. De hecho, afirma Omar que para el pequeño es bueno que tenga muertos que atender su padre, para así tener dinero y comprarle juguetes.

Mayorga trabaja todos los días, con sus respectivas horas de descanso. La noche es el momento del día en el que hay más carga de trabajo, porque muchos salen del Servicio Médico Forense, a consecuencia de accidentes viales o asesinatos.

Muchos muertos vienen de hospitales (como los cercanos a Grossman y otros) o de casas. Durante esta entrevista, una pareja llegó a preguntar sobre los servicios y costos de los funerales, estando el difunto en el Hospital Balbuena.

Cariño y respeto.

El proceso de embalsamamiento, narra Omar recargado a la blanca pared mientras enfrente de él se acomoda un hombre cuya función es ser cremador en el horno y ante el ruido molesto de la bomba de agua, depende de los casos: el legal y el íntegro.

Para llevarlo a cabo, todo debe ser con cuidado, cariño y respeto. Así le fue enseñado y que, al comenzar a hacerlo no sintió asco ni temor. Con el tiempo se fue acostumbrando.

El caso legal, relacionado con muertes no naturales o por enfermedades, se abre el cuerpo desde el cuello hasta el ombligo, sacando órganos e inyectando el formol en las arterias de todo el cuerpo. Mientras los órganos son cortados e introducidos a un recipiente con formol. Ya deshidratados, se regresan al cuerpo y se sutura.

El caso íntegro, aquellos que mueren de forma natural, solo se les inyecta el formol de manera introarterial (alrededor de tres litros), para posteriormente extraer desechos fecales y grasa corporal, para que así quede la piel seca y de esta forma, se procede a bañarlos y vestirlos.

Los residuos corporales van a un depósito especial, ya que se trata de basura peligrosa. Mientras que el agua del baño a las tuberías normales del drenaje.

Peso muerto.

Pero a veces el embalsamarlos, bañarlos y vestirlos no es fácil, más si una persona tiene sobrepeso. Dentro de la sala de embalsamiento, hay una gran cadena de metal un poco oxidada, unida a dos vigas metálicas, que sirven para subir y bajar a los cuerpos con sobrepeso. La persona con mayor peso que ha atendido fue de 350 kilos.

Desde que comenzó a laborar, en su mayoría las personas que ha tratado, están "pasaditas" de peso y es poco común ver a hombres y mujeres delgados o en forma. Tal parece que la diabetes es la razón por la cual fallece una persona, aunque aquí, dice Omar, llegan por todo tipo de causas.

Reconstruir secretos.

¿Pero qué pasa si un cuerpo llega con alguna parte de su cuerpo destrozado? Se recurre a la reconstrucción, la cual no es una tarea fácil. Si el rostro está destrozado, se pide una foto para tratar, lo más que se pueda, reconstruir como la persona era antes.

Es un proceso similar al embalsamamiento, sólo que en las partes más afectadas del cuerpo se inyecta formol, para un manejo más fácil de la piel; se trata de pegar y unir lo más que se pueda, con ceras y pegamentos especiales, para después cubrir con maquillaje, del color de las manos del difunto.

Aunque no sólo hay reconstrucciones de este tipo, sino sexuales. Hace memoria, recordando a un transexual de Oaxaca cuyos padres proporcionaron una foto, con su aspecto varonil. Entonces Omar y otros compañeros cortaron el cabello, lo tiñeron de negro, incorporaron bigote y lo presentaron como un hombre. Sólo ellos y la funeraria sabían que tuvo una doble vida.

Más allá... de México.

La atmosfera en su área de trabajo, en opinión de este trabajador no es de miedo ni tenebrosa, sino muy normal. Hubo un momento en el que apagaron las luces y lo único que brillaba era una veladora amarilla dedicada a la santa Muerte, junto con unas imágenes de San Judas y de la virgen de Guadalupe.

En esta morgue, no sólo mexicanos han estado, también extranjeros. Algunos cuerpos han sido enviados a Haití, Australia, Alemania, Rusia, Inglaterra, Cuba, etcétera. A ellos, debido a que el papeleo tarda alrededor de 15 días, se les inyecta la dosis de formol más pesada de lo normal.

Relata que un haitiano permaneció por más de 30 días en este lugar, debido a que el proceso de extradición fue demasiado lento. O bien, una bailarina cubana de "buena figura" que si bien su traslado fue normal, pero que nunca podrá olvidar su espectacular anatomía.

Buen estómago.

Cuando más tiene trabajo, regularmente es a fines de año, desde octubre hasta enero, por el extremo clima y los días "grisáceos" que existen. Pero también los días posteriores a fiestas como el 15 de septiembre o Navidad y Año Nuevo.

No tiene mucho descanso, pues la muerte no avisa cuando llegará. Económicamente le va bien en este trabajo, el cual no piensa dejar, aunque le gustaría hacer otra cosa, como el ser Ingeniero Mecánico (antes de ser embalsamador, se desempeñaba como mecánico).

Recomienda que toda persona interesada en embalsamar, debe ser por mucha necesidad, (sarcásticamente ríe), valentía y buen estómago, pues no cualquier persona se atreve a hacer esto, es muy difícil. Primero que nada agarrarle el gusto a lo que haces, dejando a un lado el morbo y las opiniones de los demás.

Garganta caliente.

Una de las áreas a la cual muy poca gente tiene acceso, más que los empleados, es el horno crematorio. Ubicada a un costado de la morgue, es un espacio muy amplio, algo polvoso y con una elevada temperatura, rodeando seis féretros adultos y cuatro pequeños, desde luego usados.

Una especie de caja de ladrillo y acero, de alrededor de tres metros, en la que hace unas horas había cremado un cuerpo, en cuya superficie se evidenciaban cenizas y alguno que otro pequeño fragmento óseo, emanaba un fuerte calor. Pero que, a falta de cubre bocas, generaba una sensación rasposa en la garanta.

El encargado, quien había estado en la entrevista con su compañero, a quien le dicen Toño, mostró una especie de licuadora o trituradora para los huesos que no se han fragmentado completamente, después de haber sido cremados.

Con respecto a los féretros, de metal y de tela y madera, son de personas que los donan para aquellos que no pueden costear un funeral. También había para fetos y bebés de días y meses, de tela blanca. Cargando dos de ellos, el que correspondía a un bebé de 15 días fue usado hace poco, el 10 de octubre.

 

 

 

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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM. 

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