En este momento...
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La sensación de rabia e impotencia que se percibe en la sociedad mexicana alcanza límites que rayan en lo intolerable. La inseguridad pública que padecemos en los principales centros urbanos del país y la impunidad con que actúa la delincuencia, supera ya cualquier expectativa estadística. Se requiere de acciones de fondo, en las que la discursiva demagógica no puede ni debe ser tolerada. Nuestro sistema de impartición de justicia tiene que ser reformado desde su raíz para aplicar castigos a los delincuentes, equivalentes al daño que infringen a la ciudadanía.
El crimen organizado se ha apoderado de nuestro territorio y ha violentado nuestras vidas, nuestra tranquilidad. Si de narcotráfico se trata, sabemos que hay malos funcionarios que siguen protegiendo las operaciones de tráfico y distribución de la droga. Igual ocurre con bandas organizadas que se dedican al ultraje, secuesto, robo o asesinato. El gobierno del presidente Calderón está en guerra contra el crimen organizado, ¿pero es suficiente lo que se hace? No se ha quedado con los brazos cruzados y es increíble que sólo hasta ahora se rompiera esa indolencia que caracterizó a los gobiernos anteriores.
La familia mexicana está imbuida en una verdadera historia del terror, por la sensación que le causa el saber que no hay sitio seguro donde refugiarse. Las rejas que cierran calles, y colonias enteras, en las zonas urbanas del país son cada vez más frecuentes. Sin embargo la actitud de autodefensa que la ciudadanía ha asumido, poco o nada le ha valido, porque continúa siendo afectada por la incontenible de violencia que generan las actividades al margen de la ley.
Ahora está de moda la lucha por el respeto a los derechos humanos y los diferentes organismos del área centran sus recomendaciones buscando corregir las anomalías que se dan dentro del ejercicio del poder. Visitan las cárceles del país y consignan una larga lista de anomalías respectó a los derechos de los reclusos; de violadores, ladrones, defraudores, secuestradores o asesinos. De gente que ha actuado en contra de la sociedad. ¿Hay quien defienda los derechos humanos de la ciudadanía que es atropellada por la delincuencia? Esa es una interrogante que deben responderse a sí mismos, aquellos que están al rente de ese tipo de instituciones y quienes legislan o gobiernan.
En México el índice de impunidad es altísimo. Como alto es el porcentaje de casos en los que la justicia se declara en una tácita incompetencia, ya sea por un tecnicismo legal o por la carencia absoluta del sentido que esta debe tener para reconocer la inocencia o la culpabilidad de un acusado. La decisión en ese sentido la aplica un juez y no un jurado popular. La justicia en México no se aplica muchas veces en forma interactiva con la sociedad, sino en contra de ella, y los ejemplos son ya demasiados. Este es un punto sobre el que el Congreso de la Unión debe debatir para mejorar radicalmente la impartición de justicia.
La pena de muerte ha sido un punto de amplio debate en los diferentes órganos legislativos. Pretendemos ser una sociedad moderna que rechaza un mecanismo de ese tipo para combatir al crimen, pero los únicos beneficiados con ello son los delincuentes y que hay leyes que de alguna forma los protegen. Se dice que' unos cuantos años de cárcel pueden pagar o restituir a la sociedad el daño que se le ha causado.. ¿Será eso cierto?
Mientras no exista una intención real por renovar nuestra legislación penal, las historias de terror que viven los mexicanos todos los días continuarán imperando. El ataque frontal a la delincuencia quedará relegado a un plano secundario. Las calles de zonas residenciales seguirán cercándose y la población continuará acumulando ese sentimiento de rabia e impotencia que queda después de cada una de las agresiones que a diario se presentan. La demagogia discursiva de la autoridad seguirá siendo el único escudo de cartón que nos quede para defenderlos de las balas asesinas que nos amenazan.
La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM.
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