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Once años al servicio de la verdad

Miércoles, 23 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4193
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

Secretos...A voz en cuello

No es nuevo, aunque el es­cándalo es más bien cícli­co. No es oculto ni sor­prende el comprobar que miles de líneas telefónicas son intervenidas. Pocos se atreven a llegar al escándalo. ¿Cómo... mi línea está intervenida? Hay que hablar en cla­ve, decir las cosas al revés, o simple­mente hacerse de la vista gorda. Sin em­bargo, el asunto llega ya a los extremos y al colmo de que hasta el mismo Presi­dente de la República podría ser objeto del espionaje telefónico.

De vez en vez hay un escándalo. Si no pregunte al anterior secretario de Comunicaciones y Transortes o allos gobernadores de Puebla y Veracruz. Quién espía a quién es la duda. ¿Cuál de los teléfonos -o los dos- estaba intervenido? ¿Aficionado o profesional? ¿Simple casualidad ocu­rrente por una línea cruzada?

Escuchar conversaciones ajenas en todo el mundo es un hobby atractivo. ¿Usted pensaría que eso sólo lo hace la policía política? Pues está equivocado. El grueso de las personas habituadas a escuchar conversaciones ajenas nada tienen que ver con actividades de inteli­gencia, ni traen charolas de la Dirección de Seguridad Nacional. En México no es realmente un delito para un particular -o por lo menos no está plenamente tipi­ficado como tal- el escuchar la plática de otras personas, por teléfono o por ra­dio, mientras lo que se escuche no se utilice para beneficio personal o de ter­ceros. Es una laguna que existe en la Ley General de Vías de Comunicación. No se ha corregido, porque en realidad a nadie le ha importado realmente. Por lo menos no hasta ahora.

Un buen chisme o información de primera mano puede obtenerse fácil­mente. Comenzando por los radioteléfo­nos, de esos que hay muy pocos y que sólo los tiene la gente de dinero o los políticos y no se diga también de los ahora populares teléfonos celulares, o los sistemas portátiles de comunicación privada que operan en el sistema tronky, o de las frecuencias de las diferentes po­licías y las que ocupan autoridades de todos los niveles, incluyendo las de la Defensa Nacional. Sólo hay que saber cómo y con qué hacerlo.

No crea que para ello se necesita de equipo sofisticado y costoso. Por ejem­plo, un teléfono celular puede escuchar­se con rastreador comercial, allá en el rango de los 900 megahertz, al igual que los radioteléfonos móviles entre 450-500 megahertz, o entre 137 y 143 mega­hertz. Igual ocurre con un sinnúmero de frecuencias comerciales, privadas o de uso reservado para ¡as que se requiere de un receptor de cobertura general. In­cluso pueden interceptarse comunica­ciones vía satélite, en voz o datos, con equipo al alcance de cualquiera y que puede ser adquirido en tiendas especiali­zadas en el ramo de la electrónica.

Decir que en México no hay líneas telefónicas interveni­das por autoridades de diferentes nive­les, desde las encargadas de la lucha contra el narcotráfico hasta las de con­trol político, sería mentira. ¿El objetivo?, conocer al dedillo lo que dicen y hacen personali­dades de la política, del periodismo, los empresarios o incluso los integrantes del Jet Set. ¿La justificación? Francamente ninguna porque realmente para ello de­bería mediar una orden judicial y de al­go que podría ser ilegal para la autori­dad no puede resultar una reacción le­gal. Así podría decirse que habría bene­ficio para un tercero en discordia.

Son muchos los casos de un espiona­je de este tipo los que pueden ser docu­mentados, aunque ninguno haya tenido un seguimiento. A lo mejor los afectados por esas travesurillas al final pensaron que lo mejor era no ponerse a las patadas con don Sansón. Sin embargo, cintas y transcripcio­nes quedan ahí, engrosando archivos, para en el momento en que sean de utili­dad y dejen de ser secretos para conver­tirse en secretos a voz en cuello.

Aún cuando el sindicato de telefonistas lo nie­gue, los empleados de Teléfonos de Mé­xico son los principales escuchas anóni­mos. Imagínese nomás, de lo que no ha­brán de enterarse. Charlas de todos los tonos y temas, de cosas realmente ínti­mas de las personas, que nada tienen que ver con la política, o tal vez sí, pero por casualidad. Esa es una responsabili­dad que nunca, nadie, va a aceptar pú­blicamente.

 

 

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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM. 

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