En este momento...
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No es nuevo, aunque el escándalo es más bien cíclico. No es oculto ni sorprende el comprobar que miles de líneas telefónicas son intervenidas. Pocos se atreven a llegar al escándalo. ¿Cómo... mi línea está intervenida? Hay que hablar en clave, decir las cosas al revés, o simplemente hacerse de la vista gorda. Sin embargo, el asunto llega ya a los extremos y al colmo de que hasta el mismo Presidente de la República podría ser objeto del espionaje telefónico.
De vez en vez hay un escándalo. Si no pregunte al anterior secretario de Comunicaciones y Transortes o allos gobernadores de Puebla y Veracruz. Quién espía a quién es la duda. ¿Cuál de los teléfonos -o los dos- estaba intervenido? ¿Aficionado o profesional? ¿Simple casualidad ocurrente por una línea cruzada?
Escuchar conversaciones ajenas en todo el mundo es un hobby atractivo. ¿Usted pensaría que eso sólo lo hace la policía política? Pues está equivocado. El grueso de las personas habituadas a escuchar conversaciones ajenas nada tienen que ver con actividades de inteligencia, ni traen charolas de la Dirección de Seguridad Nacional. En México no es realmente un delito para un particular -o por lo menos no está plenamente tipificado como tal- el escuchar la plática de otras personas, por teléfono o por radio, mientras lo que se escuche no se utilice para beneficio personal o de terceros. Es una laguna que existe en la Ley General de Vías de Comunicación. No se ha corregido, porque en realidad a nadie le ha importado realmente. Por lo menos no hasta ahora.
Un buen chisme o información de primera mano puede obtenerse fácilmente. Comenzando por los radioteléfonos, de esos que hay muy pocos y que sólo los tiene la gente de dinero o los políticos y no se diga también de los ahora populares teléfonos celulares, o los sistemas portátiles de comunicación privada que operan en el sistema tronky, o de las frecuencias de las diferentes policías y las que ocupan autoridades de todos los niveles, incluyendo las de la Defensa Nacional. Sólo hay que saber cómo y con qué hacerlo.
No crea que para ello se necesita de equipo sofisticado y costoso. Por ejemplo, un teléfono celular puede escucharse con rastreador comercial, allá en el rango de los 900 megahertz, al igual que los radioteléfonos móviles entre 450-500 megahertz, o entre 137 y 143 megahertz. Igual ocurre con un sinnúmero de frecuencias comerciales, privadas o de uso reservado para ¡as que se requiere de un receptor de cobertura general. Incluso pueden interceptarse comunicaciones vía satélite, en voz o datos, con equipo al alcance de cualquiera y que puede ser adquirido en tiendas especializadas en el ramo de la electrónica.
Decir que en México no hay líneas telefónicas intervenidas por autoridades de diferentes niveles, desde las encargadas de la lucha contra el narcotráfico hasta las de control político, sería mentira. ¿El objetivo?, conocer al dedillo lo que dicen y hacen personalidades de la política, del periodismo, los empresarios o incluso los integrantes del Jet Set. ¿La justificación? Francamente ninguna porque realmente para ello debería mediar una orden judicial y de algo que podría ser ilegal para la autoridad no puede resultar una reacción legal. Así podría decirse que habría beneficio para un tercero en discordia.
Son muchos los casos de un espionaje de este tipo los que pueden ser documentados, aunque ninguno haya tenido un seguimiento. A lo mejor los afectados por esas travesurillas al final pensaron que lo mejor era no ponerse a las patadas con don Sansón. Sin embargo, cintas y transcripciones quedan ahí, engrosando archivos, para en el momento en que sean de utilidad y dejen de ser secretos para convertirse en secretos a voz en cuello.
Aún cuando el sindicato de telefonistas lo niegue, los empleados de Teléfonos de México son los principales escuchas anónimos. Imagínese nomás, de lo que no habrán de enterarse. Charlas de todos los tonos y temas, de cosas realmente íntimas de las personas, que nada tienen que ver con la política, o tal vez sí, pero por casualidad. Esa es una responsabilidad que nunca, nadie, va a aceptar públicamente.
La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM.
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