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Once años al servicio de la verdad

Miércoles, 23 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4193
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

México, laboratorio político de los presidentes

Si la experiencia de los últimos años no provoca el despertar en la conciencia de millones de mexicanos, México continuará condenado a seguir como está. No es la crisis tan dura por la que nuevamente atravesa­mos, sino las experiencias amargas las que nos conducen a tomar decisiones.

Durante más de siete décadas experi­mentamos con un sistema político de escándalos, de millona­rios sexenales, de rumores sobre fortunas fabulosas y negocios ilíci­tos que nunca se aclaran, aunque a cada principio de sexenio se haya casti­guado a algún personaje y se satanice a muchos otros.

Si cualquier país del mundo está expuesto a sobresaltos económicos, incluso las superpotencias, con más razón México, en el que sus habi­tantes hemos pecado de exceso de credulidad. La esperanza de tiem­pos mejores nos ha llevado de la mano cada seis años, y siempre confiamos en que el que viene será mejor que el que se fue. Medimos nuestros logros por sexenios y de­positamos la confianza en un solo hombre y lo dejamos ha­cer, aunque luego tengamos que criticar sus acciones.

México ha sido hasta ahora un país que ha dado todo a sus hom­bres y mujeres. Si de políticos se trata, les ha dado futuro, y por qué no, a sus empresarios e inversionis­tas. La Revolución Mexicana ha da­do carretadas de oportunidades a hi­jos de campesinos que pudieron ac­ceder a mejores condiciones de vi­da. Ese fue uno de los propósitos del movimiento armado, aunque los actores principales de éste no pu­dieran cristalizar sus anhelos.

Pudo ser el exceso de confianza de gobernantes y gobernados lo que desvió el buen camino. Todavía en la década de los 70 el futuro era promisorio. México avanzaba con lentitud como líder del llamado Tercer Mundo. Al comienzo de los 80, el vuelco fue inevitable. Eche­verría y López Portillo nos llevaron a un punto del colapso económico. Luego Ernesto Zedillo pondría su granito de arena, bajo los cimientos del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Fuimos del populismo a una visión de en­gaño sobre una riqueza inflada e inexistente. De la Madrid impulsó la tecnocracia y Salinas reinó sobre esas bases. Los mexicanos vivimos seducidos por un espejismo y cuan­do nos dimos cuenta ya era tarde. Con cada uno de ellos, la fuerza de la esperanza fue más poderosa que la verdad misma. Zedillo le dio la puntilla, lo que permitió a Vicente Fox llegar al poder.

Quizá olvidamos que la década de los 80 fue una dé­cada pérdida para los mexicanos. Recesión, inflación y falta de confianza de los inversio­nistas; depresión del ahorro interno y un lentísimo avance en la recupe­ración del Producto Interno Bruto. Cuando en 1988, cuando Salinas obtuvo la Presidencia de la República, mu­chos pensamos: "Lo que perdió en las urnas (por el avance de la oposi­ción) lo ganó a pulso en los prime­ros años de su gobierno". Una de las reflexiones en aquellos tiempos fue que Salinas era un presidente en permanente campaña, por lograr la credibilidad de sus acciones. Y en muchos casos logró convencer, has­ta llegar incluso a adjudicarse la au­toría del llamado "milagro mexica­no", y sus acciones de gobierno (en especial las medidas económicas) fueron puestas como ejemplo a otras naciones, de lo que podría lo­grarse con disciplina y ganas de sa­lir adelante.

Cada uno de nuestros ex presi­dentes se ha ganado un lugar en la historia, bueno o malo. Cada uno de ellos ha pretendido traspasar el um­bral como el mejor. Al final tuvieron que someterse invariable­mente al juicio de sus gobernados. Por no ir más atrás, Echeverría, Ló­pez Portillo y De la Madrid, Salinas, Zedillo y desde luego Fox, un presidente desatinado y pispireto, de botas vaqueras, aunque vistiera de etiqueta. Todos ellos han sido juzgados.

Existen razones fundamentadas para el avance de la oposición. Los errores durante los mandatos de Echeverría y López Portillo pesaron en el ánimo de los lectores. De la Madrid no pudo contrarrestarlos y Salinas tampoco, o no quiso hacerlo. El actual sistema político impulsado por el presidente Felipe Calderón está en crisis, en un bache aún ma­yor que el económico. La violencia y la lucha contra el crimen organizado, dejará una secuela que lo hará pasar a la historia. Para bien o para mal.

Hoy ante la adelantada sucesión del 2012, el cambio es inminente, llevamos diez años de experimentar sin los resultados que se esperaban de la alternancia en el poder. La credibilidad de­be partir de adentro hacia afuera. Cualquier esfuerzo será vano mien­tras los mexicanos no confíen en sus propios gobernantes.

 

 

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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM. 

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