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Once años al servicio de la verdad

Miércoles, 23 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4193
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

La cultura de la impunidad

En México se actúa con im­punidad en los distintos ni­veles de la sociedad y el gobierno, de eso no hay duda. De alguna manera, todos procedemos así. No hay un sitio y una actitud que no se ajuste a esa regla. Desde luego, hay actos que por su trascendencia son ejemplos claros de lo que es desenvolverse en­tre las actitudes que nos distinguen en ese sentido en nuestras acciones dia­rias. Y ello se ajusta a un reflejo muy preciso de nuestras actitudes frente a la sociedad.

¿Por qué lo digo? En primer térmi­no porque es necesario exacerbar los ánimos para obligar a un cambio de mentalidad y se dé un proceso de mu­tuo respeto para acabar con la cultura de lo impune. Para que en el país rei­ne un verdadero imperio de la ley y el derecho, primero los ciudadanos de­bemos conducirnos dentro de un esta­do de respeto mutuo que no puede ser reglamentado más que por nuestra moral y conciencia. Precisamente ahí radica la dificultad.

Cómo podemos aspirar a erradicar la impunidad en nuestro país, si los ciudadanos somos los primeros que nos negamos a conducirnos fuera de ella. Por algún sentido -que aún no al­canzo a comprender- evadimos hasta las más elementales reglas del respeto al derecho ajeno y no acatamos prác­ticamente nada, a menos que se nos obligue, por ejemplo por la coacción de los cuerpos policíacos y de autori­dades que se miden con la vara de la arbitrariedad.

Las muestras de lo que me refiero están por todas partes. En un crucero vial, cuando a bordo de nuestro auto­móvil pretendemos dar vuelta a la iz­quierda, mientras circulamos en el ca­rril de la extrema derecha. O en el momento en que encendemos un ci­garrillo en una área reservada a no fu­madores, o le ofrecemos una dádiva a un servidor público para facilitar los trámites en alguna oficina pública. La lista de eventos de esa naturaleza es realmente interminable y nos llevaría a incluir todo tipo de actitudes. Desde las que adoptan comerciantes sin con­ciencia que elevan los precios de los productos, hasta otro tipo de profesio­nistas movidos por criterios persona­listas que afectar el desarrollo de nuestra sociedad.

Así pues que primero tenemos que corregir muchas de nuestras actitudes personales para luego emprender campañas para acabar con la impuni­dad y el discurso político no quede sólo en una actitud demagógica, ni los buenos deseos de nuestros funciona­rios de gobierno, sean simplemente eso. Buenos deseos. Los ciudadanos debemos poner la muestra a nuestras autoridades del tipo de comporta­miento que necesitamos para que ca­da una de ellas en su ámbito de ac­ción actúe para que la transformación sea en serio. ¿Será ello posible?

Desde luego que la impunidad tie­ne niveles, sobre todo si nos referi­mos a la prepotencia con que se con­ducen agentes y funcionarios de las corporaciones policiacas, con los que da sobrecogimiento cruzarse, sin to­mar en cuenta la impunidad con que actúan grupos criminales organizados que lesionan sin miramientos a nues­tra sociedad. Los crímenes en un alto porcentaje quedan sin una respuesta y mucho menos castigo para los culpa­bles.

Causa indignación el darse cuenta que nadie hace nada por impedir que esta cultura continúe lesionándonos reiteradamente, pero más nos debe causar saber que somos nosotros mis­mos los que poco a poco la hemos propiciado, pues ¿cómo podemos exi­gir la honestidad a un agente de trán­sito cuando somos los primeros en corromperlos o en intentar burlarlos? Ahí es donde está la médula y la substancia del asunto.

Es una cuestión de principios y há­bitos no adquiridos. Asumir el propó­sito de un comportamiento ejemplar en todos los niveles es algo dificilísi­mo de lograr, pues de ser así los me­xicanos seriamos autores de la socie­dad perfecta y esa es una utopía fran­camente inalcanzable. Sin embargo, podemos obligarnos al empeño de ser cada vez mejores y respetuosos de la condición de quienes nos rodean para poder aspirar a una condición de co­medimiento de nuestros semejantes y viceversa. Vale la pena probar, ¿no lo cree usted así?

 

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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM. 

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