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Once años al servicio de la verdad

Miércoles, 23 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4193
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

¡Que Muera México!

Así titulaba el libro del autor Oscar Aguilar escrito durante la década de los 70'as y publicado a principios de los 80'as. Años difíciles que precedieron al gobierno de mano dura de Gustavo Díaz Ordaz, entre el populismo de un Luis Echeverría Álvarez y los devaneos del patriarcado de José López Portillo. Un título así sugería el congelamiento del libro. Sólo se hizo sólo una edición de mil ejemplares. Los pronósticos se cumplieron y nadie se "interesó" en reimprimir una segunda edición.
El libro que era en realidad una antología de cuentos y poemas escritos bajo la influencia de Goethe representaba ser un "retrato de cuerpo completo" del mexicano y su cotidiana actitud. En esa época como ahora, había mexicanos interesados en provocar un cambio en nuestra idiosincrasia. La casta en el poder no lo permitiría, porque el "renacer" del mexicano significaba el fin de la dinastía que se mantenía en el poder. Tuvieron que pasar 20 años para que el poder político sufriera una sacudida.
Con el nacer del Segundo Milenio el país rebozaba esperanza. El espejismo de bonanza creado por Carlos Salinas de Gortari, fue opacado por la gris actuación de Ernesto Zedillo Ponce de León. La llegada al poder de Fox, el primer presidente no priísta daba alientos y esperanza. Poco o nada cambio con la llegada al poder de Felipe Calderón. A cuatro años, del actual gobierno, la brújula apunta de nuevo hacia intereses no vencidos que durante décadas marcaron el rumbo de los mexicanos.
Aguilar describe en la primera parte de su libro al mexicano que tiene todo, que le basta estirar la mano para obtener su sustento, sin trabajar realmente para obtenerlo. Una figura retórica que describe el paternalismo gubernamental al que han estado acostumbrados empresarios, obreros y campesinos. Cuanto daño hicieron a México esos gobernantes que no inculcaron en los mexicanos el hábito de la lucha por ser mejores cada día.
Hoy la oposición a los gobiernos panistas, parece esbozar la misma frase: "Que Muera México". Cada vez que los partidos de oposición votan en contra de las iniciativas, reformas y leyes propuestas por el ejecutivo, que las mandan a "la congeladora", lo gritan a voz en cuello. Parece que no les importa que México tenga un gobierno sólido. Son representantes populares "para su santo y su partido". No representan a los mexicanos que los eligieron con su voto.
Durante casi 70 años del PRI en el poder, la Iniciativa ciudadana fue nula. Hoy ni siquiera podría pensarse que fuera una realidad. Los partidos políticos están imbuidos en la sucesión del 2012. Olvidando que México y el elector es su motivo. Los mexicanos somos votos de cada tres o seis años. Somos carne del poder. De un poder que propicia que unos cuantos sean cada vez más ricos y muchos, mas pobres. Los mexicanos con derecho a voto debemos reflexionar.
México ha sido un país de simulaciones. De gobernantes que fingen gobernar con eficiencia y honestidad, de diputados y senadores que "le tapan el ojo al macho", de ciudadanos con muchos pretextos para no cumplir sus obligaciones. El sistema político de la revolución funcionó para aquellos cercanos al poder. La casta divina. Sólo unos cuantos a quienes la revolución les hizo justicia.
Se necesita un viraje de 180 grados en el rumbo que tome la política y economía del país. Los cambios hasta ahora han sido lentos y parciales. Los intereses de grupos que ansían el poder lo siguen impidiendo. Hoy a dos años de distancia de las elecciones presidenciales y de la renovación de las cámaras de diputados y senadores, los mexicanos tenemos una nueva oportunidad de refrendar el cambio.
Elegir un presidente que responda a las necesidades actuales de un México moderno, y un Congreso sano, sin deformaciones comprometido con los mexicanos y con su bienestar y no sólo con los intereses de su partido. Un presidente que junto con diputados y senadores tomen en cuenta el sentir de quienes los eligieron y con el compromiso supremo de impedir ¡Que Muera México!
Y algo es seguro, si gobernantes y legisladores ponen la muestra de trabajo, honestidad y responsabilidad, el pueblo de México seguirá su ejemplo. Si hay transparencia en el uso de los fondos públicos, habrá confianza. Si se erradica la corrupción, el ciudadano será responsable. Si el pueblo es escuchado y atendido en sus necesidades, la respuesta será generalizada.
Necesitamos un gobierno que ordene nuestra economía. Que propicie condiciones de igualdad en el pago de los impuestos. Que incorpore a aquellos que escudados en la llamada "economía informal" protegida y propiciada, la más de las veces por intereses partidistas con fines electorales. Si no, ¿a quien conviene que el gobierno vea reducidos sus ingresos?
México no cuenta con una cultura para el pago de impuestos. Y es que en buena parte existe desconfianza entre los ciudadanos sobre la forma en que se utilizan los recursos fiscales. Durante décadas, buena parte del dinero del presupuesto fue a parar a los bolsillos de políticos corruptos y deshonestos. Esa era una historia que se repetía sexenio tras sexenio.
A unos meses del incio del quinto año de gobierno del presidente Calderón no se ha concretado una verdadera reforma fiscal que en su momento hubiera fortalecido al gobierno y mejorado la condición de muchos mexicanos. Es quizá ahora y en la situación en que vivimos de hacer propuestas a los candidatos que lucharán por la Presidencia de la República en el 2012.
En los países que fueron derrotados tras la Segunda Guerra Mundial. Para comenzar nuevamente y dar los servicios necesarios a la población se creó un impuesto único con un porcentaje fijo. Así los contribuyentes no tienen que hacer cuentas especiales para saber cuánto tienen que pagar. Con un porcentaje que pague la gente se puede mantener el aparato del gobierno y que éste garantice los recursos necesarios para la inversión de infraestructura y servicios.
Este impuesto no debe ser obligatorio, sino que se daría a escoger al contribuyente, si pagar el impuesto único o seguirlo haciendo en la forma tradicional, como hasta ahora. Así se eliminaría la práctica actual de cobrarle más impuestos a quienes producen bienes o servicios. Esto sólo añade una carga mayor a los indefensos, pues los fabricantes y proveedores subirán los precios de sus productos.
Con este impuesto general podría eliminarse el IVA. Y ello se traduciría en un beneficio para el consumidor -en su mayoría gente de escasos recursos que no pueden aprovechar el retorno del dinero que por ese impuesto se pagó en la compra de los productos-, pues se encuentra en el último eslabón de esta cadena comercial. Además democratizaría la contribución fiscal.
Este esquema permitiría ampliar la base fiscal, lo que repercutiría en una mayor recaudación. Primero porque habría una mayor certidumbre en el moto a pagar por impuestos y no le costaría trabajo hacer las cuentas o llenar las formas; y segundo, porque una medida así evitaría dependencias de terceros y gastos adicionales en la presentación de las declaraciones fiscales. Incluso el trabajo de la Secretaría de Hacienda se facilitaría notablemente.
La aplicación de un impuesto de este tipo traería muchas ventajas. La primera que obligaría al gobierno ha operar con mayor eficiencia y menos burocracia. Menos trámites fiscales para los contribuyentes y una simplificación en el pago de los impuestos. Por ende un menor gasto ya que el contribuyente dejaría de depender de terceros para realizar sus trámites.
"¡Que muera México....Para que viva México!"

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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM. 

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