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Once años al servicio de la verdad

Martes, 22 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4193
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

Sismos del 85, herida abierta en la población

La solidaridad fue característica.La solidaridad fue característica.Ramiro Gutiérrez se levantó para iniciar su rutina sin saber que esa mañana marcaría no sólo su vida sino la de miles de mexicanos que se convirtieron en presas del terror: a las 7:19 a.m., un terremoto de 8.1 grados en escala Ritcher, sacudió a México dejando un saldo de 6,500 muertos y 20 mil damnificados, según las cifras oficiales (aunque algunos cálculos apuntan a 30 mil muertes). Ese 19 de septiembre de 1985 dejó una herida que, al cumplirse los 25 años, no sana del todo.

Para muchos ha sido imposible olvidarlo.

"Las paredes de la casa tronaban muy feo y fuerte, parecía que las quisieran quebrar con una máquina muy poderosa. Caía mucho polvo y luego se formó una inmensa nube que no me dejaba ver el camino. Intenté salir lo más rápido posible pero las puertas estaban trabadas", recuerda Gutiérrez, un economista de 45 años.

En menos de dos días en septiembre de 1985 ocurrieron dos sismos que cambiaron la historia del país por ser considerados los de mayor intensidad que han sacudido tierras mexicanas.

El primer y mayor terremoto tuvo efectos graves en una superficie cercana a los 800 mil kilómetros cuadrados, especialmente en el Distrito Federal (DF) pero también en localidades de los estados de México, Jalisco, Guerrero, Colima y Michoacán.

Gutiérrez, con la voz entrecortada, comenta a Univision.com que el miedo que lo invadió fue aterrador: "creí que iba a morir en ese instante, estaba totalmente oscuro porque se había cortado la luz y yo seguía escuchando los estruendos de la casa que estaba a punto de caerse".

Al desplomarse o dañarse los edificios se paralizó el servicio eléctrico y de comunicaciones. Las tuberías que llevaban agua potable a la Ciudad de México fueron cortadas en numerosos tramos.

Los dos minutos más largos

Para este economista esos fueron los dos minutos más largos y espantosos de su vida. "No tenía esperanzas de nada, era presa del temblor más impactante que he vivido", expresa.

"Como no veía nada...sólo recuerdo que escuché el sonido más fuerte de todos, algo se desplomaba y sólo sentí un golpe fuerte en el hombro derecho, algo me había caído encima, el impacto me hizo perder el conocimiento", explica.

Cuando este hombre despertó, no sabía cuánto tiempo había pasado desde que estaba bajo los escombros; no sentía el cuerpo porque lo tenía dormido, intentó quitarse lo que tenía encima pero no tenía más fuerzas. Las horas de espera fueron interminables, escuchaba gritos en la calle, gente corriendo y ruidos de alguien excavando.

Gutiérrez cuenta que por más que gritaba nadie podía escucharlo: "Tal vez era porque estaba tan enterrado en los escombros que no me oían". Comenzaba a desesperarse hasta que una luz cegó su vista: "El peso que sentía sobre mi cuerpo desapareció, sentí que alguien me jaló y muchas voces murmuraban a mi alrededor", recuerda.

Este economista permaneció cuatro días bajo las ruinas del que fuera su domicilio aquel 19 de septiembre de 1985. "Agradezco a Dios y a mis rescatistas por haberme salvado la vida ese día tan catastrófico", dice.

 

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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM. 

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