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El colorido prevaleció en el recorrido.Con el tema prehispánico y actividades alusivas al Día de Muertos concluyó el desfile por el Bicentenario de la Independencia en Paseo de la Reforma, luego de dos horas en las que se representaron diversas etapas de la historia de México.
Al concluir el recorrido, algunas personas comenzaron a desalojar la vialidad y otras caminan a los sitios donde se instalaron templetes como la Glorieta del Caballito y el monumento a Cuauhtémoc, para disfrutar los espectáculos musicales programados.
El segmento "Colonia y Barroco" del Desfile del Bicentenario, avanzó con Hernán Cortés al frente y en el mismo contingente, Sor Juan Inés de la Cruz y otros personajes de esa época.
México es el segundo país del mundo en materia de diversidad cultural y parte de ello se debe al sincretismo nacido a partir de la Conquista, cuando surgió un pueblo que evolucionó hasta lo que es el México de hoy.
Tanto la Colonia como el Barroco son etapas fundamentales que enriquecieron esta enorme cultura, por eso están representadas en el desfile. Se trata de uno de los nueve segmentos más coloridos, precisamente porque Barroco significa en su sentido más primigenio lo que está ricamente elaborado, con colores, bordados, texturas, olores y sabores que son nada sencillos.
Cortés desfiló acompañado por decenas de personajes que lo acompañaron en su aventura hacia América, todos ellos ataviados como se estilaba en esos años y, sobre todo, conforme lo exigía la alta investidura y grado militar del conquistador que llegó a esta tierra para crear una nueva raza.
Un hermoso y barroco vehículo color dorado pasó frente a la Columna de la Independencia, en él se puede admirar el rostro de Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los personajes que, inscrito en el quehacer literario, representa a la máxima exponente de esa época dentro de las artes nacionales.
Una fuente con objetos de Talavera, un órgano monumental ornamentado ricamente, la danza de Los Viejitos y de Los Chivos, música de Yucalpetén y otras manifestaciones artísticas del Barroco Mexicano, completan el segmento que incluye enormes representaciones de deidades mágicas.
Las dos raíces, indígena y española, están representadas en este segmento que es admirado por miles de personas quienes de vez en vez miran hacia el cielo ante el temor de que las nubes, viajeras y traviesas, que parecen haberse detenido sobre el desfile, derramen su mensaje de lluvia y frío.
Enormes corceles negros y hermosos ejemplares de caballos blancos, que evocan esa época, casi siempre ligada a la religión católica, con trabajos elaborados con oro, plata y bordados, y diseños ornamentales de altísima presencia indígena, avanzan ante la admiración de propios y extraños.
Desfilaron motivos que reflejan el sincretismo de las dos culturas, que intentan explicar al público, a través de acróbatas a caballo y mujeres vestidas al estilo barroco, la importancia de esa etapa histórica. Actrices representan también la exquisita la diversidad que tiene México.
Entre fuegos pirotécnicos y música, la danza de los Chinelos del estado de Morelos avanza con todo y sus "toritos", artificios móviles que corren de un lado a otro con la intención de hacer ruido para llamar la atención tanto de los hombres como de los dioses, proveedores de buenas cosechas.
Los festejos iniciaron oficialmente con una emotiva ceremonia ritual del Fuego Nuevo, una costumbre arraigada en la tradición prehispánica que tenía como propósito dar paso a un nuevo ciclo de renovación y crecimiento, arrancó en el Zócalo capitalino la fiesta del Bicentenario del inicio de la Independencia y del Centenario del comienzo de la Revolución Mexicana.
Se trata de un ritual prehispánico sin precedentes, presentado por 13 chamanes de la cultura popular mexicana, quienes vestidos de color blanco, algunos con enormes penachos y otros con sombreros, revivieron este rito de hace 500 años.
Unos 40 abuelos representantes de diversas regiones del país y acompañados por un grupo de sahumadores, realizaron un rito de renovación, purificación y reafirmación de votos hacia los propios ancestros del linaje.
En medio del denso humo del incienso y portando diversos objetos religiosos consigo, hombres y mujeres de entre 30 y 70 años desfilan en medio de vivas y porras de parte de la gente que ya casi abarrota la gran plancha de la Plaza de la Constitución.
Sobre un escenario de tres metros de alto por cuatro de ancho, adornado con los colores de la bandera mexicana, cada uno de los abuelos (sabios), ofreció con copal en mano un pequeño ritual hacia los cuatro puntos cardinales, acompañado de algunos rezos a los dioses, mientras algunas personas levantaron sus manos al cielo a manera de cargarse de energía.
La del Fuego Nuevo era la más importante ceremonia calendárica llevada a cabo por el pueblo del México antiguo, era una oportunidad para que todos lo moradores se reunieran y, es, probablemente, el mejor símbolo de la unidad del Valle Anáhuac, ya que todos los pueblos participaban.
Este ritual se celebraba cada año en el momento en que se alineaban las Pléyades y alcanzaban el centro del cielo a la medianoche.
La ceremonia representaba el renacimiento del fuego cósmico y la apertura de un nuevo ciclo; también era una oportunidad para que las personas recapitularan su existencia e hicieran votos para el futuro.
Así, el Fuego Nuevo es un emblema de identidad profunda de los mexicanos, basado en los eternos valores de Anáhuac y la Toltequidad.
Tras la renovación del fuego, la fiesta en el Primer cuadro en la capital del país continuó hasta la madrugada del 16 de septiembre con diversas actividades artísticas y culturales, entre ellas, un magno espectáculo de luces y pirotecnia, coreografías masivas y música de diversos géneros.
La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM.
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