El_Penacho_de_MoctezumaInspirado en Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, me confeccionaron con plumas de quetzal, cuclillo, xiuh totol y tlauquechol, además de pequeños tejuelos de oro y piedras preciosas, ¡me veía majestuoso!, y estaba muy limpio y brillante cuando Moctezuma, el gran tlatoani de México Tenochtitlán me regaló a Hernán Cortés, entre otros muchos presentes.
Parte de mi compañía la conformaban un magnífico disco de oro de dos metros de diámetro que representaba al sol, otro de plata de simulaba la luna, y uno más que simbolizaba la estrella de la mañana: Venus; además de dos excelentes calaveras de cristal y otros tesoros.
En Veracruz, aquellos a los que llamaban "teules" (porque al principio los confundieron con dioses) hicieron una lista de todos nosotros, describiéndonos para la posteridad, y así zarpamos hacia España, en donde nos recibió el Rey de ellos: Carlos V, quien era también el soberano del imperio Romano Germánico (cuya sede principal estaba en Viena). Lo era porque su padre había sido Felipe (apodado "el hermoso"), heredero de los Habsburgo de Austria.
Por el momento, a mí me colocaron en Bruselas, Bélgica (que era parte del imperio), en una exposición de objetos de las tierras que aquellos europeos apenas empezaban a conocer. A Fernando, hermano del Rey, le gusté mucho y quiso tenerme entre su colección de arte, por lo que fui dado en su custodia.
Pasados los años, Carlos V, rebasado en la gestión de sus muchos reinos, le cedió la parte paterna del Imperio a su hermano, quedándose él con la que le había heredado su madre Juana (apodada "la loca"), la cual era hija de los reyes católicos que auspiciaron la llegada de Cristóbal Colón a mi continente. De esta manera, Fernando se fue a reinar a Austria, y me llevó consigo. Cuando Carlos V murió, por su parte, me heredó a su sobrino, hijo de Fernando.
Ciertamente estaba yo en un reino extraño y nadie entendía mi significado, incluso a veces me confundían con un faldón moro o africano. Pasé mucho tiempo desapercibido y por eso, años después, hasta surgieron rumores de que "me habían robado unos piratas franceses en el trayecto de América a España, había sido adquirido por un ladrón italiano, y éste a su vez me había vendido a los austriacos". Pero no, yo estaba ahí por herencia familiar y así fui pasando de archiduque en archiduque como un objeto curioso. No obstante, yo extrañaba mis tierras...
Y lo que son las coincidencias, en 1864, precisamente un archiduque austriaco fue invitado -más bien, engañado- por una facción conservadora de México, a gobernar mis tierras originarias. Él se acordó de mí y quiso traerme, al igual que a otros objetos hermanos míos para colocarnos en un museo mexicano; pero no era dicho personaje el heredero oficial de ellos, sino su hermano Francisco José, quien no le dio permiso de ello.
Maximiliano viajó pues, a mi antiguo reino azteca, sin mí; y cuando su esposa Carlota fue a Europa en 1866, él todavía le encargó que convenciera a su hermano de que me trajera. Pero ella, víctima de la locura, nunca regresaría, y él sería fusilado en el Cerro de las Campanas, quedándose su carruaje dorado, y otras cosas de su propiedad en mi México, como parte de su historia.
El emperador Francisco José, dolido, ya no quiso ver ningún objeto que le recordara a mi querido país y nos encerró en una bodega, de donde fui sacado de nuevo hasta 1878. No obstante, para entonces, por lo poco adecuado del lugar de mi encierro, muchas de mis plumas ya se habían deteriorado o caído, así como mis discos de oro.
Reconocieron entonces que era un objeto hermoso, y, según dijeron ellos, de gran valor artístico, así que me mandaron a restaurar, poniéndome en donde me faltaban, plumas de aves europeas que se parecían a las originales, a excepción de las del quetzal, las cuales se importaban para los sombreros de las señoras y por tanto, sí tenían disponibles para volver a vestirme de verde. Varias de mis tejuelas de oro, por su parte, fueron sustituidas por otras de bronce dorado.
La antropóloga estadounidense, Zelia Nuttall me estudió, y constató mi origen americano (es decir, del continente (el cual no sólo es Estados Unidos) reconociéndome, efectivamente, como el quetzalapanecáyotl que Moctezuma regaló a Cortés. Y allí me quedé, en el Museo Etnográfico de Viena, junto con otros objetos rituales aztecas.
Luego llegó la Segunda Guerra Mundial, a la cual sobreviví encerrado en una vitrina, mientras que Alemania se anexionaba el país donde yo estaba. Y desde ahí fui testigo de una muestra de solidaridad de México, que fue el único país que no reconoció dicha anexión.
Terminó por fin la guerra y, habiendo mejorado las relaciones entre México y Austria, en 1958, el jefe mayor de la Secretaría de Hacienda mexicana mandó a hacer una réplica mía, con plumas de aves originarias y piezas de oro fino. Ésta se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Antropología, hermosa y reluciente, dando testimonio de mi figura.
Tengo que confesar que por un momento le tuve envidia, más no por su belleza, ¡sino por estar cerca de ustedes! Me invade la nostalgia al pensar que quienes admiran mi hechura artística en Viena no sentirán jamás la misma pasión que los descendientes de mi pueblo tendrían al mirarme y reconocerse en mi vejez legendaria, que fue testiga de los tiempos de Moctezuma...
El presidente austriaco Thomas Klestil (quien descansa en paz desde el 2004) comprendió también que extrañaba mi tierra, y en 1996 propuso devolverme a México, a manera de presente, y en agradecimiento histórico por el episodio solidario de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, otras fuerzas políticas, el parlamento y las instituciones culturales vienesas se negaron, aludiendo a que también soy herencia cultural de Austria y he estado con ellos por muchas generaciones.
Por su parte, en 1998, Heinz Fisher, jefe del parlamente austriaco dio como alternativa "prestarme" por noventa y nueve años. Mis compatriotas se indignaron y no aceptaron el trato, diciendo que deberían regresarme, no prestarme (pues soy de origen mexicano, no austriaco). De esta manera no quedaron en nada, pero México continúa deseando verme...
El danzante Xokonoschtletl Gómora, por ejemplo, ha luchado mucho por ello, tanto en Viena como en México. Explica mi significado espiritual y que soy una corona muy especial, que forma parte de la identidad nacional mexicana y perteneció al gran imperio azteca, con más valor histórico para México que para Austria.
El país en donde estoy, por su parte, reclama la restauración y el cuidado con el que me ha conservado, además de mi historia cultural en su país y su herencia.
Pero así como dicen que la sangre llama, el lugar de origen también lo hace, aunque tenga mucho agradecimiento por los cuidados y atenciones que he recibido en esta parte del mundo... ¿Será que se me cumplirá visitar las tierras donde nací después de casi quinientos años?
Por lo pronto, han regresado las gestiones oficiales para que me permitan ir a visitarlos, lo cual no es sencillo. Esta vez, si es que prosperan, no será un préstamo ni un regalo... mucho menos el regreso definitivo que tanto anhelo. Más bien, se tratará de un intercambio cultural temporal y podré ir a verlos a cambio de aquella carroza con chapa de oro que perteneció a Maximiliano, exhibida y resguardada actualmente en el Castillo de Chapultepec (qué curioso, después de todo, su deseo de traerme a México, se hará realidad negociando con un objeto suyo).
Si es que lo logro, cruzaré el océano por segunda vez, como cuando era joven, pero esta vez, con extremos cuidados en el traslado, y un poco cansado... frágil, pero orgulloso, y con inmensa alegría por reencontrarme con ustedes... ¿Cómo los encontraré? ¿Qué me contarán? ¿Qué sentirán al verme? Un padre nunca olvida... Volveré a acogerlos entre mis desgastadas plumas, os recordaré la grandeza de sus antepasados, y les inspiraré fuerza para seguir adelante. Quizá, porque aunque sea sólo un objeto simbólico, soy también espejo de su pasado, presente y futuro.
La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM.
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