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Once años al servicio de la verdad

Martes, 22 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4193
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

La Casita de las Ciencias

El doctor Estrada en su oficina de La Casita de las Ciencias.El doctor Estrada en su oficina de La Casita de las Ciencias.El edificio conocido como la Casita de las Ciencias, junto al museo Universum, aloja la oficina del Doctor Luis Estrada; sus paredes blancas se hacen acompañar de estantes colmados de  libros científicos, tesis y enciclopedias varias que resaltan sus letras de oro con la luz del Sol matutino que entra por la ventana. Esta última enmarca una imagen que hace juego con el ambiente descrito: el domo del observatorio astronómico del complejo. La ciencia está por doquier.

A los 16 años el doctor Luis Estrada desarmaba radios para descubrir el misterio de su funcionamiento. Ahora, ensambla las piezas del saber científico para divulgarlo a todo el mundo. Es difícil no asombrarse al conocer que un físico e investigador egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM y especialista en física nuclear por el Instituto Tecnológico de Massachussetts no le gustaba la escuela cuando era niño e incluso se  esforzaba por salir prontamente de ella.

Más que una habilidad o una profesión el doctor Estrada insiste en que la ciencia es el conocimiento del universo y del mundo en que vivimos. Para él, además de la comprensión de su entorno, una extensión de su interés fue, en definitiva, la transmisión de sus conocimientos a través de la formación de las personas. La vida en México era muy diferente en la década de 1960 por esto, cuando regresó de Boston, se dio cuenta de que en nuestro país se necesitaba orientar los esfuerzos en la educación; regresó a su alma máter para comenzar su labor docente.

Para el investigador, la divulgación de la ciencia es más que una obligación, una necesidad. Este ejercicio comenzó en 1967 con la revista Física y que luego cambió su nombre a Naturaleza dando espacio a todas las disciplinas científicas del momento. El trabajo del doctor fue reconocido por la UNESCO otorgándole en 1974 el Premio Kalinga a la divulgación científica, galardón que compartió con el científico brasileño José Reis. Actualmente comunica la labor científica apoyado con las nuevas tecnologías a través del sitio en internet Cienciorama. El sitio es el resultado del trabajo de varias personas entusiastas y cuyo propósito es el de "dar a conocer a un público no especializado el conocimiento científico actual". La página proporciona mucha información actualizada además de ofrecer la posibilidad de presenciar seminarios gratuitos en línea con expertos de primer nivel.

A pesar de muchos esfuerzos,  el problema que la ciencia enfrenta en su difusión no es tanto la falta de dinero y recursos sino la incomprensión. En opinión del profesor la misma Universidad no lo ha entendido y ha elegido el camino fácil ya que muchos de sus miembros creen que el hecho de tener un museo (Universum) lo resuelve todo. Añade que lo importante es abordar el problema de distintas maneras no enfocándose a un solo medio comunicativo ya que se tienen que publicar escritos para que se puedan leer, que todo lo hablado se escuche, lugares donde se pueda dialogar, herramientas para que la información esté lista para cuando se requiera, etc. Y eso hay que coordinarlo y organizarlo con un proyecto bien claro y definido. En México los profesionales no están completamente preparados. Es una pena, añade el profesor, que los ingenieros no sepan ciencia o tengan una idea vaga de la misma.

Otros tiempos, otra ciencia

La vida académica era otra cuando las grandes facultades se encontraban situadas en el corazón del Centro Histórico. La ciencia incluso también era otra porque aún no poseía un sentido de practicidad como lo tenía la ingeniería o la medicina, aquel al que le interesaba la ciencia era como si ahora a alguien le interesara la Filosofía... como buscando un conocimiento de mucho más profundidad. Esa era la visión de la ciencia en México, un ejemplo claro fue cuando un joven Luis Estrada le comentó a su padre que estudiaría ciencia y este le preguntó preocupado: "Y ¿de qué vas a vivir?". En la Facultad de Ciencias los matemáticos y los físicos se encontraban juntos y para los primeros la actitud era la misma: tampoco les preocupaban cosas como lo que ahora es la matemática aplicada sino que les interesaban mucho los problemas de análisis, la fundamentación del cálculo, cosas que tenían que ver con la teoría de los números, la geometría básica, etc. La Física era algo muy parecido. "Algunas gentes mucho más jóvenes que entraron posteriormente a la Facultad terminaron nombrando a esa época como la romántica o de la sabiduría" rememora el doctor. La Escuela de Ingeniería se encontraba en el Palacio de Minería y esta  su vez albergaba a la joven Facultad de Ciencias por lo que los futuros científicos e ingenieros eran muy cercanos incluso cuando de diversión se trataba.

Trátalos como perros

En toda cultura existen iniciaciones y la comunidad estudiantil tenía la suya. Los "desfiles de perros" al principio no existían en la Facultad de Ciencias pero en Arquitectura e Ingeniería eran toda una tradición. A todos los estudiantes de primer ingreso se le llamaba perro, en ese entonces los cursos duraban un año y en los primeros meses cada quién buscaba hacerse de un perro. Al perro se le trataba a veces de una forma bárbara pero siempre con gracia obligándolo a participar en un desfile. Se cerraba la calle de Cinco de Mayo y desfilaban haciendo reverencias completamente rapados o con un corte algo ridículo además de ir disfrazados. "Sacaban cubetas con agua y los mojaban. Era un relajo tremendo" cuenta el profesor. Para que los perros no faltaran el día del desfile la fecha de este sólo era conocida por algunos. Los estudiantes de Medicina eran más moderados con sus perros, solamente los disfrazaban o les hacían usar sombreros de carrete y así salían a desfilar. "Conozco a muchos ingenieros que aún conservan su diploma de perro con mucho cariño" añade el doctor.

En el Centro, la vida estudiantil era muy particular y cuando los estudiantes se escapaban iban al cine como al Cinelandia en San Juan de Letrán hoy Eje Central Lázaro Cárdenas, o al que estaba en  República de Cuba donde las proyecciones eróticas eran el agasajo; había cafés, cantinas, billares e inclusive por las noches prostitutas, "¡era la vida de la ciudad!" cuenta el doctor y recuerda como en ocasiones algunos alumnos de ingeniería se ponían en la calle de Tacuba a "malorear" a la gente en un plan bastante medido: "una vez llegaron unas personas que seguramente venían de algún pueblito con la actitud clásica de todos nuestros indígenas y ahí en el Palacio de Minería estaban los aerolitos exhibidos a la entrada del edificio. Esas personas se animaron a pasar a verlos y llegó una 'bola' de estudiantes y les dijeron que por favor terminarán rápido de verlos porque ya los iban a guardar y los otros se lo creyeron" (risas).

Otras cosas que se realizaban, porque los contrastes eran grandes, eran los bailes de Ingeniería que implicaban a la alta sociedad y que eran preparados con antelación. Se contrataban orquestas de las más prestigiadas y las familias importantes se reunían en torno al evento. "Existía la fama de que las personas que querían que en su familia hubiera un ingeniero, llevaban entonces a sus hijas a estos bailes para darse a conocer" (más risas). Se hablaba de contrastes porque los alumnos que tenían pocos recursos y no tenían para pagar un boleto, se encargaban de acondicionar el sitio donde el baile tendría lugar ganándose con esto el pase para participar del evento. Empero la fastuosidad del momento, las travesuras hacían su aparición "había unos cochecitos chiquitos llamados Topolinos que eran italianos y uno de estos lo metieron al patio: lo cargaban un poco y luego lo empujaban, lo cargaban y empujaban así hasta meterlo al patio, por cierto el coche era de un profesor. El problema después fue el sacarlo".

El 68

Pero el tiempo cobro su cuota y todo esto desapareció cuando el alumnado fue mudado a Ciudad Universitaria, la tradición canina no fue más. La actitud de las autoridades universitarias era la de establecer una educación más tradicionalista muy forzada y que no expresaba el verdadero carácter estudiantil. Era como si se hubiera construido una especie de monasterio o convento y hubieran encerrado a los estudiantes, por lo menos es lo que el doctor Estrada siente.

El sentimiento de hermandad de los estudiantes se fue diluyendo poco a poco dando paso a uno de fastidio. El crecimiento poblacional comenzó a generar diversos problemas que como era de esperarse afectaron a la Universidad. Los estudiantes acudían a clases que en realidad no les interesaban, alguno que quería estudiar medicina y ya no encontraba un lugar entonces se pasaba a Biología "Yo me acuerdo, cuenta el doctor, de haber tenido compañeros que no les interesaba la ciencia pero querían entrar a ingeniería, entonces estaban en la facultad uno o dos años y después se 'brincaban' [...], era bastante fácil el cambio de carrera además, había materias que eran comunes y se podían revalidar".

Por otra parte, la juventud comenzó a darse cuenta de que no existía un futuro seguro y culpaba a las autoridades por no crear más oportunidades: "En el 68 se sintió mucho eso. La gente estaba muy molesta porque no veía ninguna posibilidad [...] había injusticia pero también había esa parte de resentimiento..."- aparece en el rostro del doctor una pesadumbre y el tono de su voz se torna más grave. Dirige su vista hacia la ventana y su mirada se pierde como  tratando de distinguir algo en el paisaje-. Una época de dificultades y fastidio. Se sentía una especie de catarsis pero las cosas empeoraron cuando vino la respuesta de la autoridad que lejos de tratar de entender a sus jóvenes los reprimió. "Era imposible el ambiente dentro de la universidad porque la única solución que había era callarse y esconderse [...] La mayor parte de los periódicos trataba de pintarlos como revoltosos y echarles la culpa y también a uno le molestaba porque era injusto, no era verdad. Tampoco quiero decir que [los estudiantes] eran blancas palomitas. Usted sabe, los medios siempre han estado al servicio de 'arriba' y tienen que trabajar de esa manera. Internamente hubo movimiento en cuanto a información, se hacían gacetas, boletines y hasta películas."

Aunque la conversación ha sido amena y bastante prolongada otras actividades requieren la presencia del doctor Estrada, por lo que los recuerdos tienen que posponerse para otra ocasión.

 

 

 

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