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Once años al servicio de la verdad

Lunes, 21 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4192
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

Semidesierto de aspecto casi lunar... “El pinacate”

Con las primeras luces del cálido amanecer nos disponemos a conocer un lugar mágico, una región que se caracteriza por su inusitada belleza escénica, gran diversidad biológica y volcánica del estado de Sonora, lugar protegido como un área natural y que tiene por categoría Reserva de la Biosfera..."El Pinacate".

Son las ocho de la mañana y nuestro anfitrión está por llegar, el teléfono suena, llegó la hora; inmediatamente bajamos por el elevador y nos dirigirnos al lobby del hotel "Las Palomas", en Puerto Peñasco.

Ahí estaba el comandante Sergio García, nuestro anfitrión y amigo, que con vestimenta cómoda no parecía el respetable policía federal encargado de la seguridad en las carreteras de Sonoyta. Con gorra, jeans y tenis se encontraba listo para mostrarnos a mi esposo y a mi lo majestuoso del lugar, eso que nos había presumido la noche anterior.

Abordamos su camioneta y viajamos de sur a norte para dirigirnos a ese majestuoso encuentro con la naturaleza, entre pláticas que abordaban los problemas de inseguridad en el país y antes de llegar a la entrada de la reserva pudimos observar algunas dunas; conforme avanzamos y al volver la vista atrás hacia el naciente sol, sus rayos matutinos a contraluz hicieron que la arena adquiriera un brillante color blanquecino, que nos hizo admirar el inicio de lo prometido.

Pasamos por un camino de terracería que nos condujo hasta una planicie rodeada por oscuros flujos de lava; desde ahí caminamos por un sendero arenoso que nos acercó a nuestro objetivo.

Por fin llegamos y nuestro amigo Sergio comentó que la zona es muy extensa y a fin de evitar algún tipo de contingente, era necesario registrarnos con los guardaparques, quienes por seguridad llevaban un control de entradas y salidas de los visitantes, nos proporcionaron un cartoncillo en el que se especificaba la flora y la fauna del lugar y nos explicaron que era con el objetivo de que señaláramos de acuerdo a los dibujos de especies y a los mapas del territorio, lo que se nos presentara durante el camino.

Cerca del registro y antes de iniciar el recorrido entramos a una sala donde se exhibían vestigios de nuestros antepasados, huesos de animales prehistóricos que nos remontaron a nuestros orígenes, ahí mismo nos invitaron a entrar a una sala de proyecciones para ver un documental sobre lo fabuloso de la reserva.

Fue interesante saber que hace algunas décadas los astronautas practicaron sus viajes lunares en ese lugar, pues el tipo de suelo es muy semejante al de la luna, también nos sorprendió enterarnos que ahí se encuentra el único pez llamado pulpito, que tolera la más alta temperatura y menos cantidad de oxígeno en el mundo; no en balde este recinto fue protegido desde 1993 para conservarlo como una reserva de la biosfera que amalgama el capricho de la naturaleza.

Al salir de las salas, se encontraba una de las atracciones más notable de la reserva, que entre conos y pequeños cráteres volcánicos destacaban por su impactante belleza y su aspecto casi lunar, eran tres volcanes que se veían a lo lejos y que adornaban el entorno del valle.

Queríamos alcanzarlos, conocerlos, así que subimos a la camioneta y continuamos nuestro recorrido por un camino pedregoso rodeado de árboles (cardones, palo verde y palo fierro); entre flujos de lava que cubrían grandes superficies, oscuras rocas que adquirían formas caprichosas; en la distancia sobresalían conos truncados de volcanes extintos, cuya tonalidad rojiza se reflejaba en la parte inferior de las nubes cercanas.

Después de recorrer esta escenografía ejemplar de la naturaleza llegamos a la región del desierto sonorense conocida como "El Pinacate", la cima de este volcán nos hace disfrutar el paisaje, donde las formas son infinitas, donde las líneas difusas se extienden y entrelazan en las montañas creando hermosas fantasías de color dorado; allí precisamente nos encontrábamos, en el lugar prometido.

Por un momento el silencio nos embargó, el lugar era un laboratorio de geología a cielo abierto y no podíamos creer tanta belleza, por supuesto las fotografías no podían faltar, era trascendental llevar como testigo algunas pruebas de lo vivido.

De acuerdo al cartoncillo guía, durante el trayecto puede uno encontrar correcaminos, águilas, halcones, serpientes, liebres, coyotes y venados, e incluso, algunas veces, cerca de las sierras es posible ver a la tortuga de desierto, al camaleón, al borrego cimarrón, al berrendo y al lagarto o monstruo de gila, estos tres últimos en peligro de extinción.

Pero nosotros luego de disfrutar por varias horas el paseo sólo vimos algunas águilas y correcaminos, aunque la flora sí nos permitió observar una inmensa variedad de especies de cactus, cactáceas, sahuaros y choyas que se encuentran protegidas por el mismo motivo.

Nos preparamos para el regreso y nos dirigimos a las veredas señaladas, pero en nuestro trayecto el cielo comenzó a nublarse, jamás pensamos que se trataba de una señal, sin embargo sucedió.


En pleno desierto la precipitación pluvial comenzó a caer sin más preámbulo, gotas grandes que traspasaban su sonido en el toldo de la camioneta, que no cedían visibilidad en el parabrisas, gotas de lluvia que engalanaron el fin de nuestro viaje.

Continuamos con precaución en el sendero que yacía un tanto lodoso y llegamos al lugar de registro, de inmediato los guardaparques se nos acercaron para preguntarnos sobre nuestra seguridad, ya que debido a las condiciones y a lo extenso del territorio era peligroso estar en lo profundo de la reserva; a su vez que comentaron la rareza del fenómeno por lo que nos sentimos afortunados de vivir esa aventura.

Cuando pensamos haber visto todo y en el momento en que la lluvia había cesado, los encargados del lugar nos mostraron un cachorro de lince que había llegado hacía apenas unos cuantos días a la recepción en busca de comida; yo que soy fan de toda especie felina intenté tocarlo, pero me quedó claro que el ser un animal salvaje no les permite ser amigables, por lo que me conformé con verlo de cerca y escuchar algunos gruñidos.

En verdad se cubrió el objetivo, lo que nos había presumido nuestro amigo no se comparaba con la experiencia que vivimos en ese maravilloso lugar; así finalizó nuestra travesía, nos despedimos de los encargados y mientras nos alejábamos del lugar observamos el perfil de la sierra que efectivamente se asemejaba a la de un insecto... Un Pinacate.


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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM. 

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