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Once años al servicio de la verdad

Lunes, 06 de febrero de 2012 | Año XI | Número: 4086
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

Cholula

Magnífica vista de Cholula.Magnífica vista de Cholula.Lo primero que se ve llegando a Cholula, Puebla,es la Iglesia amarilla, que fue construida en lo alto de una pirámide prehispánica (la cual, con el tiempo, tomó la apariencia de cerro). La iluminan desde que va oscureciendo, y en este caso, parece que "nos da la bienvenida" al arribar la región alrededor de las ocho de la noche.

En las comarcas cercanas, Cholula tiene fama de fiestera y turística, y al llegar en día sábado, ¡iremos a comprobarlo! Después de pagar el hospedaje en el Hostal Zócalo, ubicado en el centro y dejar el pequeño equipaje para un fin de semana, caminamos hacia "Los Arcos" edificio al costado de la explanada central, donde se ubican diversos establecimientos para cenar y platicar.

En el camino, se van escuchando cohetes, comprobándose así, parte de las características de las fiestas que le dan fama. No obstante, aunque efectivamente Cholula tiene vida  nocturna, ésta no es tan escandalosa, ni dura tanto como en la ciudad. Después de las nueve de la noche, las periferias apagan sus luces y sólo queda iluminado el centro, donde en esta ocasión se puede escuchar un joven y entonado cantante, en un Bar ubicado en la esquina de Los Arcos.

Cerca de aquí compramos un rebozo en el único puesto que vende estos enseres siendo de noche, pues una ligera lluvia provoca un descenso en la temperatura que había al llegar. También llevamos camisas de manta, a fin de que nos protejan del sol en la zona arqueológica que visitaremos mañana.

Camino a la Iglesia

Nos levantamos temprano para subir el sendero que, -con semejanza al del cerro del Tepeyac en la Villa-, lleva al santuario de la Vírgen de los Remedios (justo la iglesia amarilla que vimos ayer). Sin haber desayunado aún, empezamos a conocer el lugar de esta manera, y, en el camino, nos van ofreciendo fruta, chocolate, pinole, tamales y chapulines verdes-dorados. Mi acompañante toma uno y dice que está delicioso, yo no, pues no estoy acostumbrada, pero sí compro una bolsita de pinole, y pruebo los trozos de chocolate amargo que nos ofrecen.

Dos tamales de frijoles nos salvan de no haber desayunado, y los comemos llegando a la cima, acompañados de pinole frío que preparamos con agua embotellada.  Supongo que es algo subjetivo, ¡pero jamás en mi vida había probado algo tan delicioso como este pinole! Arriba ya se está oficiando la misa, y observamos, con discreción (para no distraer a los fieles), el interior de la capilla y el templo principal. En ambos altares se encuentra colocada la imagen de la Virgen de los Remedios, con un sol coronando su cabeza y una media luna bajo sus pies.

Salimos al atrio y descubrimos que a la lejanía se aprecian los Volcanes Ixtlacíhuatl y Popocatépetl, envueltos en neblina, pues aunque hay sol,  aún persiste la bruma matinal. Después de admirar el paisaje y las muchas iglesias que se ven desde esta altura, comenzamos el descenso, percatándonos de que no es un cerro donde se posan nuestros pies, sino la pirámide más grande del mundo (por volumen), de origen tolteca-teotihuacano. Con el tiempo, crecieron árboles y pasto sobre ella, pero en algunas partes, se aprecia aún parte de su estructura.

No ha podido ser desenterrada, porque, en tal caso, se derrumbaría el templo que acabamos de visitar, construcción importante, no sólo por su arquitectura colonial, sino por el significado que tiene para los fieles católicos del lugar... No obstante, hay otra forma de conocer a la Cholula prehispánica...

La zona arqueológica

Los domingos hay entrada libre a los vestigios de la gran ciudad prehispánica que fue Cholula, ¡y de nuevo estamos en el día correcto! Tan sólo hay que registrarse a la entrada, y se puede recorrer la zona aledaña a la gran pirámide (cerro).

Aquí observamos diversas construcciones piramidales, y un patio central, de forma octagonal, donde, al aplaudir, el eco devuelve el sonido con voces de aves, como graznidos de patos (¡no puedes dejar de intentarlo!). Así mismo, son de admirar las estelas con glifos de influencia maya, que testifican la comunicación y relación que tenían entre sí las culturas de Mesoamérica.

Aunque la gran pirámide no se aprecia en el exterior debido al verdor y vegetación  que viven en ella, en su base se han excavado unos túneles que conducen a las paredes, cámaras, zonas de oración y escaleras (espacios reservados a sacerdotes y personajes importantes en los períodos clásico y postclásico), ¡y tú puedes caminar dentro de ellos!

Saliendo de  la zona, vamos a dar al mercado de artesanías, donde compramos medallones hechos de obsidiana y jade. El vendedor nos explica que se siente orgulloso de vivir ahí, y que son muchas más las construcciones toltecas, pero, en muchas ocasiones, no se reportan al INAH: "pues varias se han encontrado dentro de casas, y si avisaran de ello, posiblemente se las quitarían (las casas)". Es por eso que mejor "las vuelven a enterrar".

Hay una leyenda en la que dicen que Hernán Cortés, al subir a la Gran Pirámide, observó muchos templos indígenas o teocallis (pues este era un gran centro ceremonial), y dijo que en cada una de ellas, haría una iglesia. Efectivamente, así fue, pues Cholula es la población en donde más Iglesias hay (construidas con los restos de los teocallis), y aunque no llegan a tantas como para tener una por cada día del año (otra leyenda), sí para escoger en dónde quieres oír misa cada domingo sin tener que caminar demasiado.

Llega la hora de comer, y a este punto, no te puedes ir sin probar las  cemitas, pan parecido al de bolillo, aunque un poquito más duro y cubierto de ajonjolí. Aquí las rellenan de carne o queso oaxaca, además de cebolla, aguacate y chile chipotle. También son tradicionales los tacos árabes, de carne o de queso, calentados al carbón.

Nos despedimos del lugar, comprando una cobija elaborada a mano, con grecas de colores; y admirando los utensilios de talavera, de calidad y fama internacional (no en vano de aquí se proveía de cerámica el Imperio Mexica), además de los muchos vestidos típicos mexicanos, collares y morrales que ofrecen los lugareños a muy buen precio.

Sólo queda decir que, ¡ha sido constatado!: a tan sólo siete kilómetros de la ciudad de Puebla, Cholula posee interés gastronómico, arqueológico, prehispánico y colonial, una atractiva opción para un fin de semana mochila al hombro.


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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística.
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