En este momento...
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En 1842, la pierna que Antonio López de Santa Anna perdiera en una batalla contra la primera intervención francesa, fue re inhumada con honores en un cementerio, como un símbolo de valor y heroísmo patriótico. Años después, la misma sería desenterrada por la población cercana, y, literalmente, arrojada a los perros...
El Doctor Vicente Quirarte opina que, de haber muerto el personaje en la batalla mencionada; habría sido recordado para siempre como un héroe; pero la posibilidad de la vida, da lugar a que las acciones de una persona, sigan siendo, o bien motivo de fama, o de descrédito. Tal fue el caso de Santa Anna, quien fue primero admirado, y después, odiado. Es por ello, que resulta, en sí mismo, una dicotomía héroe-antihéroe.
Siendo un cadete, se hizo presente en la guerra de Independencia, combatiendo de parte del ejército realista. Después formó parte del equipo de Iturbide, y más adelante, del de los republicanos que derrocaron a éste. Así mismo, participó en la destitución de Gómez Pedraza, a favor de Vicente Guerrero, y después de que Anastasio Bustamante desplazara al anterior, apoyó el regreso del destituido Pedraza. Como republicano, adoptó primero el centralismo, y luego, el federalismo...
Tal inconsistencia política reflejaba que podía adaptarse a lo que más conviniera a sus intereses, pero no ha sido por eso por lo que lo ha juzgado la historia, sino por haber perdido más de la mitad del territorio nacional, y esta es la controversia actual: ¿lo dejó perder deliberadamente, haciendo negocio por ello?, ¿fueron las circunstancias y tuvo mérito en obtener, al menos, un pago por lo que de cualquier forma se hubiera perdido?; o, en medio de ambas posibilidades, ¿sintió amenazada su vida y tuvo que ceder?
La última posibilidad comienza desde que, durante el conflicto armado de Texas, fue capturado y obligado a firmar que la frontera entre dicho estado y Tamaulipas, ya no era el río Nueces, sino el río Bravo. Posteriormente, habiendo sido un general exitoso en muchas ocasiones (incluyendo los combates contra la reconquista española y la primera intervención francesa), cometió varios errores en las batallas contra el ejército estadounidense, lo que despertó la sospecha de la primera idea (que había hecho un pacto).
A favor de la segunda hipótesis, por su parte, se ha considerado que el viaje hasta la Angostura agotó a los soldados, los cuales, además, no tenían parque suficiente, por lo que la derrota, era inminente.
La verdad acerca de las intenciones, no la sabremos, lo que sí fue evidente, como en todas las decisiones humanas, fue el resultado, por el cual Santa Anna fue expulsado del panteón de héroes nacionales. Más adelante, el antiguo republicano, como último intento de formar parte del gobierno, ofreció sus servicios al imperio de Maximiliano. Éste no lo aceptó, pero el ex presidente, de cualquier forma, regresó a México a pasar sus últimos años.
Lo que aprendemos de esta historia es que alguien que está al frente del país, carga sobre sus hombros la responsabilidad y el deber de defender los intereses del mismo, obteniendo buenas consecuencias para el pueblo. Ante una invasión extranjera, ¿qué harían los políticos de hoy? ¿Irían a pelear al frente de batalla como Santa Anna? ¿O considerarían vender parte de la misma cómo el héroe-villano también lo hizo?
No sabemos si imitarían la acción valerosa o el error (ni si, "para salvar el pellejo" o sus privilegios, cederían), el caso es que partes del país se han seguido vendiendo "en pequeñas parcelas" a través de empresas transnacionales, derechos de explotación de minas, playas privadas y materia energética; trayendo como consecuencias inflación, desempleo y daños a la ecología.
Santa Anna se convierte, finalmente, en antihéroe y fue por ello que exhumaron su pierna de un tranquilo descanso. Más cuando no había más desquite y continuaba el enojo popular, se fabricaron piñatas con su figura; tradición que sigue hasta hoy, para golpear simbólicamente a quien no hace un buen papel sirviendo a su patria.
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Revanchas políticas...
En 1847, huyendo de la ocupación militar estadounidense en la ciudad de México, Santa Anna quiso refugiarse en Oaxaca, estado gobernado en ese entonces por Benito Juárez, pero éste, no se lo permitió. Más adelante, Santa Anna, presidente, le cobraría el incidente a Juárez, exiliándolo a La Habana (de donde éste se pasaría a Nueva Orleans).
El futuro benemérito de las Américas regresó a México después del exilio del llamado "seductor de la patria", y se hizo presidente, para más adelante encontrarse con otra invasión extranjera, que provocó un gobierno republicano itinerante... pero este es el tema de nuestra siguiente columna. Hasta la próxima.
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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM.
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