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Once años al servicio de la verdad

Domingo, 20 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4190
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

Vicisitudes de Héroes: Hidalgo e Iturbide (2)

Cuenta el Dr. Vicente Quirarte que uno de sus amigos historiadores acostumbra conmemorar cada septiembre con dos personajes singulares: el dieciséis coloca en su casa la ilustración de Miguel Hidalgo y Costilla, y el veintisiete, la de Agustín de Iturbide; en memoria del inicio de la lucha de independencia y la consumación de la misma, respectivamente.

Nuestro reciente Bicentenario ha celebrado el inicio y no la culminación, pero en este espacio y tiempo, recordaremos ambas, mediante las acciones de dos personajes, con defectos y virtudes, que fueron parte aguas en nuestra historia patria.

Hidalgo: el líder popular

Al principio, la conspiración del movimiento insurgente independentista, no era dirigida por Hidalgo, sino por Ignacio Allende, pero hacía falta alguien a quien las personas siguieran, es decir, "un convocador de masas", ya que los insurgentes no tenían muchos soldados dispuestos, y debían hallarlos en el pueblo: el cura Hidalgo era esa persona.

Después de casi trescientos años, el arraigo del catolicismo transmitido de generación en generación desde las primeras evangelizaciones, era muy importante, y por ello, nada mejor que un sacerdote, que además puso a la Virgen de Guadalupe -identificada con la Tonantzin de los mexicanos- como generala del movimiento.

Pero no sólo por ello Hidalgo persuadió a los futuros "insurgentes", pues él ya poseía la simpatía de indígenas y mestizos: les enseñaba oficios (producción de loza, seda, vino de tuna y miel de abeja), hablaba algunas lenguas autóctonas y les prestaba dinero cuando lo necesitaban.

En la película "Hidalgo", el personaje interpretado por Damián Bichir dice en un diálogo "¿Por qué terminé en esto si yo lo que quería era ser cómico?". Bueno, no era exactamente así. Don Miguel Hidalgo y Costilla tenía, quizá, más vocación literaria, y en ese tiempo, quien quisiera tener un buen acceso a las bibliotecas, tenía que tomar los hábitos al más puro estilo de Sor Juana. De esta manera el sacerdote se complació en leer escritos liberales y obras polémicas como "Tartufo", de Molière (la cual tradujo al español y representó con un grupo de amigos).

De educación jesuita (antes de que expulsaran a la orden de la Nueva España), leyó del padre Francisco Suárez que la soberanía divina debía residir en el pueblo (no en los reyes), y que debía ser éste quien la transfiera al gobernante. Es por ello que consideraba lícito derrocar a un gobierno mal habido. Se atrevió también a decir que "no había cielo, infierno o purgatorio", para que no se manipulara a la población hacia el sometimiento con tales motivos.

Tuvo amoríos e hijos, y fue esto último lo que influyó en que no tomara la Ciudad de México después de la Batalla de las Cruces, como aconsejaba Allende, pues lo habían amenazado con su prole, y a fin de cuentas, era padre biológico, no sólo de iglesia.

Históricamente, se le critican los métodos de combate en la independencia, pues en realidad no había ninguno: la turba entraba y vencía por número, haciendo desfiguros y saqueando la ciudad, estilo que no aprobaba Allende, quien pensaba que los voluntarios debían tener entrenamiento militar y no provocar tantos destrozos.

Finalmente Hidalgo fue apresado por el ejército realista en marzo de 1811, demostrando gran entereza, al tiempo que humildad y negando ser hereje. Lo fusilaron dándole tres tiempos de descargas, pues a los soldados, "les temblaban las manos" en su presencia. Las personas del pueblo lloraban ante su cadáver, que fue puesto frente al Hospital de Chihuahua. El siguiente acto sería cortarle la cabeza para conservarla en sal y colgarla dentro de una jaula en la Alhóndiga de Granaditas.

Así fue como el "padre de la Patria", a pesar de su cruel muerte y con apenas siete meses de lucha independentista, se convirtió en el protagonista principal de la historia de México (y en su héroe más popular de acuerdo a la más reciente encuesta Mitofsky) pues su labor despertaría las conciencias y el deseo de ser libres. No obstante, la guerra siguió y a más de una década estaría su final...

Iturbide: el negociador del "ganar-ganar"

Hidalgo, Allende, los corregidores, los hermanos Juan e Ignacio Aldama, López Rayón, Mariano Jiménez, y más, prendieron la gesta de un movimiento que demostraba la inconformidad de una Nueva España que ya no quería depender más de la metrópoli. La guerra continuó con Morelos, quien fue más allá en "Sentimientos de la Nación", con el objetivo de una independencia definitiva y autogestora. Muerto él en 1815, Vicente Guerrero seguiría a la cabeza de las tropas insurgentes... Y en todo ese tiempo, ¿en dónde estaba Agustín de Iturbide? ¡En el ejército realista!

Sí, el buen diplomático y militar criollo, a pesar de haber sido invitado desde el inicio por Hidalgo para unirse a su lucha, permaneció en el "equipo contrario", dando varios dolores de cabeza a los independentistas durante las batallas. No obstante, así los conoció, y tras once años de desgastantes luchas, afirmó que la independencia sería muy fácil de obtener si se pactara entre ambos bandos. No obstante, el antagonismo de las ideas de uno y otro lo impedían.

Un movimiento tan popular como el de Hidalgo, o tan radical como el de Morelos, parecían ya no tener cabida; así que Iturbide consideró "un camino de en medio", y fue así como, pactando con Vicente Guerrero en el famoso "Abrazo de Acatempan", redactó "las tres garantías" (por las que su posterior ejército se llamó "trigarante"):

1º La Independencia política conforme a España (cumpliendo esta condición, la corona podía ser ofrecida a un infante de la familia real o incluso a Fernando VII).

2º La religión Católica como única.

3º La igualdad de derechos entre todos los habitantes de La Nueva España.

La primer garantía conciliaba ánimos liberales y conservadores, la segunda, al clero, y la tercera, a los habitantes de la nueva nación. No obstante, los absolutistas peninsulares no estuvieron de acuerdo, pues perdían el control político, y lucharon contra Iturbide, pero finalmente éste hizo firmar a Juan O'Donojú, jefe superior de la Nueva España -ya no se le llamaba virrey debido a la constitución de Cádiz- la independencia mediante el tratado de Córdoba.

De esta forma, la guerra finalizó y el ejército trigarante entró a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, fecha de consumación de la Independencia; más faltan los capítulos finales de la vida de nuestro personaje:

Después de una Junta provisional de gobierno (de la que incluso O'Donoju formó parte), Iturbide se proclama emperador en 1822, y comienza una nueva pugna en la nación, entre los partidarios de la monarquía y los republicanos (entre estos últimos estuvo Antonio López de Santa Anna, protagonista de nuestra siguiente columna). Iturbide resulta exiliado y durante el período del mismo, se le condena a muerte. Sin saberlo, regresa a México, por lo que es apresado, acusado de traidor a la patria, y fusilado en 1824.

No obstante la acusación, hay autores que opinan que sin él y sus pactos, jamás se hubiese consumado el movimiento de independencia (o hubiese tardado mucho más tiempo). Cambió de un partido a otro -como es común en la actualidad-, y también se aprovechó del poder recién conquistado, pero por la intermediaria consecuencia de sus acciones, dejamos al final, de ser colonia.

Son muchos los actores de esta etapa a quienes debemos patria y libertad, más Hidalgo e Iturbide resultan representantes emblemáticos del alfa y el omega del movimiento (tal como dicen José Basilio de Unanue y Lucas Ríos Domínguez acerca de los lugares de Dolores y Córdoba). El Bicentenario que conmemora los motivos, ha de servirnos para recordar y actualizar nuestra historia, más allá de las fiestas; y reflexionar que tal va la independencia, tan duramente conquistada con sangre, dolor y pactos.

Hasta la próxima...

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Nuestro "Grito de Independencia"...

  • Al principio, el cura Hidalgo llamó al pueblo de la siguiente manera: "¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Abajo el mal gobierno!, ¡viva Fernando VII!" (pues en aquel entonces Francia había impuesto a José Bonaparte en España). ¿Qué cómo pasó de esta última frase al "¡Viva México!". La Doctora Guadalupe Jiménez explica que la contraseña del ejército trigarante fue: "¿Quién vive?", "¡Viva México!".
  • El inicio del movimiento de Independencia se celebró desde 1812 (aún en plena lucha) con una descarga de artillería. Un año más tarde, en "Sentimientos de la Nación", Morelos solemnizaría la fecha, la cual continuó conmemorándose la madrugada de cada 16 de septiembre, hasta que Porfirio Díaz, por decreto presidencial la adelantó a la noche del 15.
  • La dinámica de la ceremonia, con el presidente al balcón diciendo las arengas casi originales, fue idea de Maximiliano de Habsburgo, quien lo celebró en Dolores, al tiempo que Carlota lo daba en la Ciudad de México.

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Próximas columnas:

- Santa Anna, ¿héroe o antihéroe?

- Benito y Maximiliano

- Tricotomía revolucionaria: Porfirio, Zapata y Villa

- Sesenta y ocho, los héroes sin nombre

- Los Héroes del futuro

 

 

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