En este momento...
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A la entrada del Alcázar del Castillo de Chapultepec, nos dan la bienvenida tres carrozas singulares: la austera y discreta de color negro, que usó Benito Juárez durante los traslados de su gobierno itinerante; la lujosa y llamativa carroza imperial en donde Maximiliano y Carlota entraron a la ciudad de México; y por último, una de ornato medio que utilizaron tanto Habsburgo como Juárez, cambiándole el escudo.
Es curioso que dichos vestigios, de dos personajes caracterizados por ser antagonistas, hayan terminado conviviendo juntos en el mismo espacio, pero así mismo es su historia: No es posible hablar de Juárez sin mencionar a Maximiliano, ni de éste sin nombrar al primero, en el contexto de una historia mexicana que entrelazó sus destinos de 1864 a 1867. A este período se le denomina "Segundo Imperio Mexicano", más durante el mismo, la República nunca dejó de existir, preservada en la figura de Juárez y su comitiva.
Siendo ambos de ideas liberales, es posible pensar que en otras circunstancias, podrían incluso haber sido amigos, pero perteneciendo a bandos distintos, la lucha era inevitable. Gracias a la defensa de la República, Juárez pasó a formar parte del panteón de héroes nacionales, y Maximiliano, del de los villanos, reconociéndosele, no obstante, un "idealismo romántico" y algunas "buenas intenciones". De esta forma, su historia contrastante ha plagado de mitos sus figuras, escondiendo a los verdaderos hombres de carne y hueso, con sus defectos y virtudes.
El primer acto heroico de Benito Juárez, de acuerdo al Doctor Vicente Quirarte, no fue en la vida política, sino en su destino personal, al tomar la decisión de cruzar por la noche el camino que lo separaba de su natal Guelatao a la ciudad de Oaxaca, siendo un niño de apenas doce años. Ahí encontraría nuevas oportunidades al poder estudiar, al tiempo que trabajaba en la casa de la familia Maza. Es decir que, un primer acto heroico necesario, es salvarse a sí mismo, y Juárez lo hizo, ignorando que con ello también se preparaba para jugar un papel muy importante en el destino del país.
Más adelante, en 1832, mientras Benito estudiaba la carrera de Jurisprudencia en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, llegaría al mundo el segundo hijo de la dinastía de los Habsburgo en Viena: Fernando Maximiliano, quien se educó en su niñez y adolescencia junto a su hermano Francisco José (futuro emperador de Austria y esposo de la mítica Sissi). Sus intereses no parecían ser políticos y obtuvo el cargo de almirante, realizando constantes viajes. No obstante, después de su boda con Carlota, su hermano lo colocó como rey de Lombardía, en el norte de la futura Italia (aún no unificada); más lo destituyó al enterarse de que gobernaba con leyes liberales. Max se quedó entonces, en su castillo de Miramar, dedicándose a sus aficiones por la botánica, la historia, el arte y la poesía. Sería en este contexto que le propondrían "la aventura mexicana".
Pero para llegar a esto, regresemos a México, con Benito Juárez en sus primeros pasos como estadista, casado ya con Margarita Maza (hija adoptiva de su ex patrón) y con el cargo interino de gobernador de Oaxaca. Decíamos ya en la anterior columna, que le negó el paso por dicho estado a Santa Anna, cuando éste escapaba de la invasión norteamericana en la ciudad de México. Más tarde, este personaje convertido en presidente lo exiliaría a la Habana. De ahí, Benito se fue a Nueva Orleans, en donde, para sostenerse, trabajó en una fábrica de puros, y conoció a otros exiliados políticos de ideas liberales, como Melchor Ocampo.
Las vicisitudes personales del héroe recomienzan en esta etapa, con el alejamiento forzado de su familia, durante el cual, murieron dos de sus hijos, dejando a su esposa muy desconsolada. Más tarde, a su regreso a México, -después del exilio de Santa Anna- cree que su suerte cambiará, pues el presidente Comonfort lo coloca a la cabeza de la Suprema Corte de Justicia, cargo que, después del golpe de estado moderado-conservador a ese gobierno, lo sitúa como presidente de la República. No obstante, el partido golpista coloca a Zuloaga, y comienza la famosa guerra "de los tres años", en la cual, además de disputarse la presidencia, se peleaba por derribar la llamada "ley Juárez" que declaraba la igualdad ante la ley, de civiles, militares y clero; y parte de la constitución de 1857, que desamortizaba los bienes de la iglesia.
En Guadalajara, Juárez intenta instaurar una capital provisional, pero los conservadores rodean el palacio de gobierno, encerrándolo junto con sus ministros y el poeta y político, Guillermo Prieto. A espaldas del gobernador, planean fusilar al presidente, y ante el paredón, Prieto se interpone exclamando "¡Los valientes no asesinan!", lo cual les hace bajar las armas. Al regreso del gobernador, se intercambia su libertad, a cambio de una pequeña tregua.
Poco después, los conservadores eligen a Miguel Miramón (antiguo niño héroe) como presidente y continúa la lucha. Juárez realiza entonces las llamadas "Leyes de Reforma" que hacen aún más radical la anterior legislación, pues en ellas, el Estado se separa de la Iglesia. Ante ello, parte del partido conservador, piensa en instaurar una monarquía, que devuelva los privilegios al clero y a ellos mismos. Tales ideas coinciden con los planes de Napoleón III, quien desea tener influencia en América, e invade la República Mexicana con el pretexto de cobrar una deuda. La famosa batalla de Puebla con Ignacio Zaragoza al frente, frena al ejército francés, pero después de un año de lucha, éste se abre paso hacia la ciudad y Benito Juárez sale de la misma para salvar su gobierno, haciéndolo itinerante de nuevo.
Es entonces cuando los conservadores ofrecen la corona a Maximiliano de Habsburgo, diciéndole que ése es el deseo de la gran mayoría de los mexicanos. Éste da muestras de democracia al pedir como condición un plebiscito popular que lo confirme, así que la comitiva regresa meses más tarde con varias listas (cuyos votos han sido arrancados con engaños o por la fuerza) y Maximiliano acepta el cargo, firmando con Napoleón III el tratado de Miramar, en el que se compromete a pagar los gastos de guerra, al tiempo que contará con parte del ejército francés durante cinco años, en México, mientras organiza uno propio.
De esta manera, las buenas intenciones o ideas que habría de tener Maximiliano posteriormente para el pueblo mexicano; quedarán para siempre ensombrecidas por un gobierno que se establece gracias a una intervención extranjera y por imposición de un solo partido. A lo anterior se suma más tarde el hecho de que, considerando como disidentes a los partidarios de la República, se realiza un decreto en el que se les condena a muerte, pues supuestamente Juárez ya había salido del país, y su gobierno "no existía".
Poco a poco, al conocer el país que aceptó gobernar, Maximiliano se dio cuenta de que Benito Juárez no era ningún revoltoso disidente, sino un hombre liberal e inteligente. En consecuencia no deroga la mayor parte de las leyes que los conservadores tanto odiaban, e incluso lo invita a formar parte de su gobierno, opción que por supuesto Juárez no acepta, pues lo considera un usurpador.
De esta manera, a medida que Maximiliano se va enamorando de México e interesándose realmente en su destino, como su "nueva patria", va alejando también el soporte de quienes lo habían traído, sin que por ello los liberales lo acepten debido a la falta de legitimidad de su gobierno y a que él mismo es extranjero. Además de enemistarse con el clero, pierde el apoyo del Papa y de Francia, pues no acepta gobernar bajo los intereses de Napoleón III.
Y hay que hacer un paréntesis para decir que, no obstante que los dos son liberales, en materia indígena, Juárez y Maximiliano son diferentes: mientras que el primero opina que se debe incluir a la población autóctona en el sistema capitalista, mediante el fraccionamiento de sus territorios y la educación, para que progresen por sí mismos (como él lo hizo); Maximiliano considera que "son lo mejor que tiene México" y sus tierras no deben ser parceladas ni expropiadas, pues ellos son sus legítimos dueños, además de que la educación de los mismos debe ser bilingüe: en español y en lengua autóctona. Para poner el ejemplo, él y Carlota, comienzan a estudiar náhuatl (la lengua original mayoritaria) y publican sus edictos en ambas lenguas.
También cabe hacer notar que no fue solamente Maximiliano quien gobernó México durante el segundo imperio, pues Carlota participaba activamente en asuntos del país y realizaba giras, ya fuera con su esposo, o sola, como la que realizó a Yucatán para enterarse de la situación de los indígenas mayas. El caso es que ambos eran muy jóvenes, idealistas e inteligentes, pero se hallaban en un momento inadecuado y en tierras que no les pertenecían. La suerte se volteó en su contra cuando Francia les retiró su apoyo (junto con su ejército), y las fuerzas republicanas avanzaron, con el respaldo financiero de Estados Unidos, quien ya había terminado su guerra civil en 1865.
Carlota partió a Europa en 1866 para pedir ayuda (que no le fue concedida), mientras Maximiliano se quedaba en México con el partido conservador y quienes se habían hecho sus amigos. Así, sus colaboradores, Miramón y Mejía formaron un pequeño ejército y con él resistieron hasta el sitio de Querétaro en el que el emperador se rindió entregando su espada al general republicano Mariano Escobedo, pidiendo que no se derramara más sangre por su causa. Miramón y Mejía también acompañaron su suerte, siendo apresados. Mientras tanto, el general Porfirio Díaz tomaba la ciudad de México.
En paragón a la ley imperial que condenaba a sus disidentes con la pena de muerte, había otra que condenaba de igual manera a los que lo fueran de la República, por lo que se debía de hacer cumplir la ley. Muchas personas y comitivas extranjeras, incluyendo al escritor Victor Hugo (quien no era partidario del Imperio) rogaron a Benito Juárez por la vida de Maximiliano, más éste les contestó "no mato al hombre, mato a la idea". Él quería dar una lección al mundo de que México no aceptaba ni necesitaba gobernantes extranjeros, en lo que muchos historiadores observan el triunfo de una segunda independencia.
Maximiliano, por su parte, ya se consideraba mexicano, y murió con honor junto a Miramón y Mejía ante el pelotón de fusilamiento, pronunciando estas últimas palabras: "Muero por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. ¡Ojalá que mi sangre sea la última derramada y selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!". No murió inmediatamente y se le tuvieron que dar dos tiros de gracia en el pecho.
Si la heroicidad es hacer lo correcto, Juárez hizo lo correcto, pues la 'causa justa' que mencionó Maximiliano, estaba de su lado. Más si la heroicidad depende también de las actitudes personales ante la vida, ambos tuvieron esos momentos de decisión, honor, y valentía. El archiduque es una figura controversial que, partiendo de algo incorrecto, terminó por hacer lo correcto, ya que darse cuenta de que se ha cometido un error y reconocerlo, por el bien del país al que se ama, es también un gran mérito. Del otro lado, por supuesto, es gracias a la perseverancia y firmeza de Juárez, que nunca se perdió la República para los mexicanos.
Pasando los años, en los albores de un nuevo siglo y con Porfirio Díaz en el gobierno, se vivía una aparente paz, pero los problemas y las desigualdades resurgieron, haciendo necesario un cambio que analizaremos en nuestra siguiente columna. ¡Hasta la próxima!
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El emperador y el presidente, de "incógnito"...
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La Barra de Géneros y la Sección de Turismo se actualizan con información de alumnos de la Lenciatura de Comunicación de la Universidad La Salle; Universidad Iberoamericana y de la Licenciatura en Comunicación y del Diplomado de Periodismo Escrito Especializado en Promoción Turística. Campus FES. Acatlán, UNAM.
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