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Once años al servicio de la verdad

Domingo, 20 de mayo de 2012 | Año XI | Número: 4190
Directora General: Rocío Castellanos Rodríguez

Vicisitudes de héroes: Los héroes del futuro... (8)

A doscientos años del inicio del movimiento de independencia en México, Rosalba Carrillo Fuentes, del Colegio de Estudios Latinoamericanos, se pregunta: ¿Quiénes serán nuestros héroes dentro de otros doscientos años? ¿El subcomandante Marcos? ¿Vicente Fox? ¿Felipe Calderón? ¿El "Peje"? ¿El "Chapo guzmán"?

Para averiguarlo realicé un sondeo acerca de personajes del pasado y contemporáneos de la historia, en el cual, además de preguntar acerca de cuáles eran sus héroes favoritos, había cinco categorías de valoración y la posibilidad de agregar adjetivos calificativos a cada uno.

La sorpresa fue que las personas consultadas no encuentran héroes más allá de los tiempos de Lázaro Cárdenas; y los personajes que menciona Rosalba Carrillo en su aventurado cuestionamiento fueron calificados en su mayoría de manera negativa, siendo la parte del gobierno y sus mandatarios después de 1988 la que se llevó la peor parte (con insultos incluidos).

¿Hará falta un nuevo paladín en la historia? Ignacio Ramírez, "el Nigromante", afirmaba que "siempre que el mundo se trastorna, se encarna una deidad en un mortal". Tal pensamiento evoca la idea del "mesías anhelado", a la que se ceñían los antiguos judíos cada vez que su pueblo sufría abusos. ¿Será que educados en la veneración de hazañas del pasado, esperamos siempre un salvador? Es decir, alguien con valentía que nos organice, alguien a quién seguir.

Vicente Quirarte, en su curso Vergüenza de los Héroes, Realidad y Mitología del Panteón Nacional (inspiración de esta serie de columnas) responde de la siguiente manera a la pregunta de por qué necesita un país tener héroes: "una nación sin estos personajes de excepción no avanza, se queda estática".

Ellos son, pues, los impulsores, más esto no quiere decir que sean sobrehumanos, incluso, como agrega Quirarte, algunos lo llegan a ser "por accidente", al estar en el momento o lugar adecuado. Lo curioso es que el discurso de su heroicidad, se construye a menudo en su futuro y rara vez en su presente, en el cual, por lo general son perseguidos y condenados por el régimen en turno... ¿vamos entendiendo ahora por qué en el presente no hay héroes? Si queremos buscarlos, quizá debamos hallarlos más cerca de aquellos que ahora son tildados de rebeldes o peligrosos, e incluso, odiados por la gente decente, como lo fueron en su momento Hidalgo, Morelos, Villa o Zapata, aunque tuviesen apoyo popular.

Al parecer, a la par del dicho "nadie es profeta en su tierra", debiera existir otro: nadie lo es en sus tiempos. Es sólo al pasar de los años que, como en las grandes epopeyas griegas, el personaje se vuelve legendario, diluyéndose sus defectos y ponderándose sus virtudes, honores y victorias. Se le diviniza. Además de que en muchas ocasiones, el héroe también es mártir.

Convertirse en "héroe" resulta por tanto muy difícil, siendo más cómodo esperar al salvador. No creemos que ningún mortal pueda serlo, y mucho menos alguien de nuestros tiempos a quien la gente decente persigue. Cuando tal personaje mitificado, en cambio, se acerca a nosotros -en su humanidad- nos parece más posible realizar esas hazañas (las cuales se consuman con el apoyo de muchos). Por eso es importante estudiar la historia y descubrir que dichas figuras, ahora de bronce, fueron hombres y mujeres de carne y hueso como nosotros.

El doctor Quirarte menciona: "Los dioses son los primeros y permanentes héroes, después los profetas, y finalmente, quienes están más cerca de nuestras pasiones y debilidades humanas". Opina que en una cultura laica, los héroes sustituyeron de algún modo a los santos (y dioses) en una cultura religiosa; algo que debiera hacerse sin fanatismo.

Pero la historia de héroes también es contradictoria: se ha aprovechado para respaldar determinadas ideologías, nacionalismos, y, casi siempre, "la visión de los vencedores", que son los que educan a las nuevas generaciones. Pocas veces se tiene la delicada idea homérica de reconocer las virtudes del enemigo. Por lo tanto, la historia no resulta tan neutral y es en cambio muy susceptible de ser manipulada o tergiversada.

El régimen nacido de la Revolución Mexicana así lo hizo; y actualmente, el de derecha, que está de nuevo en el poder, también lo hace; aprovechando el hecho de que a menudo, desdivinizar al héroe, sin tener presente su contexto, suele devenir en odiar al héroe. Y como la historia ha sido contada como una lucha de blancos y negros, sin considerar los grises, esto provoca también, que las personas se adhieran al otro lado por antonomasia.

De esta manera, se ha utilizado la llamada versión revisionista de la historia para provocar una mudanza ideológica, sin considerar la equidad en el estudio de ambos bandos. Es decir: exactamente lo mismo que se hacía antes, pero ahora, al revés.

Ahora resulta, por ejemplo, que el verdadero libertador de México fue Agustín de Iturbide mientras que Hidalgo y Morelos eran divisores y sanguinarios; que Estados Unidos no arrebató ningún territorio a México; que los niños héroes nunca existieron; que Juárez era traidor a la patria (y los conservadores unos santos); que Porfirio Díaz era bueno (y Zapata y Villa, unos delincuentes); que la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas fue un error... En fin, si analizamos estos nuevos postulados a fondo, descubriremos el tipo de ideas desean implantarnos.

Lo anterior tiene parte de verdad y parte de mentira, pero la exageración y segmentación son la regla; además de que por lo general, no son historiadores quienes difunden dichas consideraciones en best sellers y revistas comerciales (medios más accesibles que los libros empolvados y documentos históricos que se encuentran en bibliotecas, archivos y hemerotecas).

Si antes nos mentían al decirnos que los personajes del antiguo panteón oficial de héroes eran perfectos, ahora lo hacen también, sacando "los trapitos" de unos y escondiendo los de otros, al más puro estilo de "notas de la farándula".

La población entonces se desestabiliza en sus ideas: si aún no está claro quiénes son los héroes del pasado, y más todavía, si estos a menudo se están convirtiendo en villanos, ¿cuáles serán los del presente y los del futuro?

A un antiguo engaño le suman uno nuevo, y la única solución es, como mexicanos responsables, revisar por nosotros mismos, tanto el pasado, como el presente; comprendiendo en su tiempo y contexto a dichos personajes. A menudo, la colectividad encierra en ellos una gran serie de valores y por tal motivo es difícil su desmitificación. Sin embargo, ésta resulta necesaria, no para odiarlos, sino para verlos con mayor realismo, e incluso, con cierta empatía humana (si nosotros nos podemos equivocar, ¿por qué no se lo permitimos al héroe?, dice Vicente Quirarte).

En la lectura contemporánea, me atrevo a decir que historiadores como José Antonio Crespo, José Manuel Villalpando, Patricia Galeana y Alejandro Rosas, son profesionales en la revisión histórica. Por su parte, Armando Fuentes Aguirre (alias "Catón") realiza buena investigación y tiene interesante prosa, pero suele ser parcial. Con José Luis Trueba es mejor irse a los libros originales en los que él se ha basado para escribir su historia (un detalle: encontré faltas de ortografía en su libro "La Derrota de Dios"), a Francisco Martín Moreno lo noto un tanto conformista, y a Juan Miguel Zunzunegui original, más aventurado en algunos de sus juicios.

No obstante, la historia nunca resultará igual para todos, pues como dice la historiadora Gabriela Yolanda Torres: "desde el mismo sujeto que lo esté analizando, ya tiene una formación, un interés, una mentalidad que hace que sea todo relativo", lo que sí no se vale, es la manipulación deliberada. Otra historiadora, Ivonne Boyer, por su parte, opina que no es justo hacer una historia de "héroes y villanos". Por ello, ante la duda, es recomendable leer ambas partes, para analizar los hechos desde diferentes ópticas.

Estudiar nuestro pasado sirve para valorar los aciertos y no repetir los errores; más sobre todo, para comprender mejor quienes somos como país, así como nuestro presente. Por el momento no está claro quiénes serán los héroes del futuro, pero mientras más sean, mejor. El pueblo mexicano se ha organizado muchas veces para cambiar el rumbo de la historia.

Hay que considerar que nuestra nación no sólo se ha construido con las armas, sino también, como bien dice Vicente Quirarte, con el arte y las letras. Y retomando a la par las palabras de José Narro Robles, rector de la UNAM, podemos agregar a la ciencia, la cultura y la educación. Con ello, tenemos muchas posibilidades para ser héroes, despertando del letargo o del engaño, y dando lo mejor de nosotros mismos a la sociedad, la patria y el mundo, no importa si es un pequeño granito de arena.

Nos despedimos de esta serie "Vicisitudes de Héroes", en la que intentamos mostrar el rostro humano de algunos de los protagonistas más representativos de nuestra historia, recordándoles que queda pendiente una segunda despedida, relativa a la Columna Bicentenario, que por su mismo nombre, expira necesariamente al final de este año. En ella analizaremos qué significa ser mexicanos. Hasta la próxima.

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Resultados del sondeo de personajes (del pasado)

Valoración:

(Los nombres de los personajes están escritos, en cada categoría, en el orden de mayor a menor puntuación valorativa)

Muy buenos:

Emiliano Zapata, Cuauhtémoc, José María Morelos y Pavón, Lázaro Cárdenas.

Buenos:

Ignacio Allende, Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Zaragoza, Los Niños Héroes, Francisco Villa, Josefa Ortiz de Domínguez, Moctezuma Xocoyotzin, Vicente Guerrero, Benito Juárez, Francisco I. Madero.

Regulares:

La Malinche, Venustiano Carranza, Maximiliano de Habsburgo, Agustín de Iturbide, Porfirio Díaz.

Malos:

Hernán Cortés, Victoriano Huerta, Antonio López de Santa Anna.

Muy malos:

Gustavo Díaz Ordaz.

Héroes más populares (independientemente de su valoración): Benito Juárez y Emiliano Zapata.

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