Lunes, 28 de julio de 2014 | Año XIII | Número: 4990 | CEO: Francisco J. Siller | Directora General: Rocío Castellanos
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La ciudad de México de los cuarenta

Había cines para el pueblo y para gentes de postín.Había cines para el pueblo y para gentes de postín.Hombre de actividad, con el que la conversación puede volverse interminable, Jesús Barrientos, quien trabajó 27 años ininterrumpidos en el cine Chapultepec, recuerda aquellos años del México de los cuarenta, ese México prácticamente desaparecido que ha cambiado su fisonomía y hasta el estilo de vida de su sociedad.

Habla de sus vivencias, recrea la historia desconocida por unos y olvidada por otros, del cine Chapultepec, importante centro de diversión de la época, en el que pasó el mayor tiempo de su vida, primero como mozo, luego como ayudante, mensajero, guardia y finalmente como jefe de puertas hasta 1987, año en el que fue removido con su mismo cargo al cine Arcadia.

Escucha las preguntas y se emociona cuando habla de los inicios del cine Chapultepec, que ya no existe, de sus dueños, de las personalidades que conoció y de las películas que se exhibían. Sobre los propietarios del Chapultepec asegura que sólo trató con uno de ellos, el señor Teodoro Gildret, un hombre amable, y al señor general Abelardo L. Rodríguez, a quien conoció pero nunca trató.

El Chapultepec -señala- era una empresa bastante fuerte, formaba parte de la compañía Teatros Nacionales, igual que el Lido, el Lindavista, y 120 cines más.

Parece que hoy se vive sin gusto

Comenta que el señor Teodoro Gildret tenía una residencia permanente en el último piso del edificio del cine, un penthouse bonito y lujoso para es época, lo adecuado por ser un hombre de empresa, y al que llegaba cuando venía de Estados Unidos, donde vivía.

Precisa que el penthouse lo conoció superficialmente, cuando le ayudaba al señor Gildret a subir algunas cosas cuando llegaba. Era un penthouse bonito, creo que de 500 metros cuadrados, tenía un jardín con arbustos y macetones. Antes -subraya- en cualquier orden había gusto, hoy todo se degenera: las costumbres, la moral, el mismo gusto, todo está tan mal, que se dice que la sociedad actual vive sin gusto.

El gerente general era el señor Gonzalo Martínez, español radicado en México. Si había otros dueños, no sé, ni los conocí, los de importancia fueron ellos.

Escucha atentamente las preguntas y revive esos días en los que las personalidades de la sociedad mexicana asistían al cine. A las personalidades que yo conocí, que no faltaban a un solo estreno -afirma-, fueron el general Miguel Henriquez Guzmán, que vivía a dos o tres cuadras del cine y al ministro de Gobernación, don Gustavo Carvajal; al general Alfonso Corona del Rosal. También a María Félix, a Arturo de Córdoba, que asistían al cine Chapultepec cuando pasaban alguna película de ellos.

Don Jesús platica que cintas como "El hombre sin rostro", "El reboso de Soledad", "Mary Popins" o "Sorba el griego" fueron de éxito y duraban en exhibición cuatro meses.

Había tres funciones

Narra que aquel tiempo había varias funciones, la de moda, la de tarde y la de noche. Con clasificación "A", la gente acudía con sus niños a la primera función, a la de moda, los niños no iban y en la noche, sólo adultos.

Jesús Barrientes, a quien en 1960 el sindicato de la empresa le dio la calidad de trabajador de planta, señala que indudablemente el cine Chapultepec pasaba muy buenas películas y cuando tenían clasificación "C", asistían los adolescentes que bajaban de Polanco, Las Lomas, Satélite, todos ellos gente muy agradable, muy correcta, muy elegante.

Era la época en la que había esa separación que marcaba no entrar a un restaurante que pedía bien vestido, cuando uno no vestía así. En el cine sí había cierta separación -señala-, porque existían los cines de estreno, como el Chapultepec, a los que acudía la gente más elegante, pero también había cines de doble película, a los que asistía la clase media, y había funciones populares para la gente de barriada, que no asistía a los cines de estreno, ni se ofendía por ello; "era una separación natural".

Luego afirma que de esa cosa bonita de ser, el cine se fue degenerando. El cine nacional fue muy bueno hasta el término del licenciado Echeverría, pero después vino el cine innovador, con palabras "gruesas".

Entre las películas que se exhibían en la buena época del cine, recuerda "Vecinos y amantes", "El hundimiento del Titanic", sin faltar en las que actuó Tyron Power, pero ahora -subraya- vivimos en pleno siglo XXI y el cine fuerte, de acción es el que predomina, como las películas de Steven Seagal y de Silvestre Stalone.

La mejor función era la última

Don Jesús afirma que después de asistir al cine había una rutina, pues quienes iban a la segunda y a la última función del Chapultepec, después degustaban en el restaurante Chapultepec, que era de postín, propiedad del señor Gildret y atendido por unos hermanos judío-mexicanos. Este restaurante se ubicaba al lado del cine, en el terreno donde actualmente se construye la Torre Reforma.

En la actualidad -agrega-, la última función es la más mala de todas, la gente no quiere andar sola en la calle después de las 9 o 10 de la noche; en aquellos tiempos no, la ciudad estaba tranquila, se podía caminar por Reforma, por San Juan de Letrán, por todos lados, además había buen cine, quienes lo hacían eran hombres de empresa que se interesaban por todo lo que ocurriera en su negocio.

Hablar con Jesús Barrientos significa abrir el libro con las historias que las futuras generaciones no podrán conocer más que a través del recuerdo de personas como él, por ejemplo, la del cine Chapultepec, que a las 20 horas del 29 de mayo de 1994 cerró sus puertas y que posteriormente fue demolido para dar paso a la obra que actualmente se edifica.

El decorado interior del cine

Asegura que uno de los atractivos del cine Chapultepec eran sus signos zodiacales que estaban en el lobby; el signo zodiaco dorado que se encontraba subiendo las escaleras; el círculo central que estaba en la parte de arriba y la fuente de una mujer y un hombre que le detenía las piernas, de la que brotaba agua se reflejaba en una enorme pared de espejos que se encontraban en el lobby de la planta baja.

Era la época en la que se hacían cines bonitos en México, la época de las mejores construcciones, decoración y arquitectura de los cines en México, expresa.

Luego aclara que para el pueblo había cines bonitos, baratos, como el Acapulco, el Popotla, el Tacubaya; cines bien hechos, cines fuertes, muy buenos como negocio. Desgraciadamente así son los tiempos, van cambiando, tiene que ser, todo cambia: buenas costumbres, buenos tiempos, por tiempos violentos, añora.

La entrada al cine costaba 4 pesos.

El señor Barrientos no puede dejar de referirse al costo del boleto de entrada al cine y recuerda que el precio era 4 pesos, aunque algún tiempo se pagaron 6 pesos, pero cuando entró el famoso "hombre de hierro", el regente Ernesto P. Uruchurtu, lo bajó nuevamente a 4. Entonces hubo cierta protección, actualmente no la hay, subraya.

Y se refiere a los precios de hoy. En México todo es más barato, el cine es más barato, los taxis, el camión urbano, son regalados, pero cuando se comparan éstos con los salarios, los salarios también son los más baratos ¿cómo va a poder divertirse la gente?

Señala que el público tenía antes cines de primera, todos los de estreno; de segunda, los que tenían doble programación, pero habían cines en las colonias populares que pasaban tres películas y en los que se pagaba uno o dos pesos, entonces las familias iban con sus niños, felices, corriendo al cine.

Jesús Barrientos conoció a los proyeccionistas y empleados más antiguos del cine Chapultepec, entre ellos a Eulalio Domínguez, a Juan Díaz Herrera, proyeccionistas, y al jefe de empleados, Alfonso Aguilar, todos ya fallecidos.

 

 

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